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Nuestra segunda oportunidad: reflexiones acerca del Covid-19

Carles Navarro

1. La pandemia es global: afecta a todos los países, no conoce fronteras. La globalización, en forma de fácil acceso a viajes intercontinentales, se ha ocupado de extenderla. En dos meses, de un mercado de Wuhan a todos y cada uno de los países del mundo. En este sentido, es verdaderamente excepcional: nunca antes, ni durante las guerras mundiales, un mismo reto ha afectado simultáneamente a todos los rincones del planeta.

El único desafío comparable en impacto es la emergencia climática, aunque ésta, al ser de expresión mucho más lenta y menos tangible, despierta menos unanimidad respecto a su certeza y a la necesidad de hacerle frente. La crisis climática no llena de enfermos las unidades de cuidados intensivos.

La pandemia afecta a todos los estratos sociales, sin distinción de nivel cultural, renta, o lugar de residencia

2. Dentro de cada país, de cada región, de cada comunidad, la pandemia afecta –si bien no de la misma manera– a todos los estratos sociales, sin distinción de nivel cultural, renta, o lugar de residencia. Los grupos sociales más desfavorecidos sufren sus consecuencias de forma desproporcionadamente intensa, por su falta de acceso rápido a la sanidad, a la información, al teletrabajo, o simplemente a un empleo estable.

Pertenecer al privilegiado 1% que domina la economía y la política mundial no es en absoluto garantía de inmunidad frente al virus. Personalidades relevantes en todos los ámbitos de la vida pública están sufriendo la enfermedad o han sido víctimas de ella.

Los grupos sociales más desfavorecidos sufren sus consecuencias de forma desproporcionadamente intensa

3. Debido a la falta de precedentes a escala global, los gobiernos de todo el mundo están teniendo graves problemas para articular una respuesta efectiva a tiempo, lo que ha derivado en errores de juicio y planes de actuación imperfectos. Hecho, éste, que ha dado pie a que partidos de la oposición en muchos países formulen críticas feroces, con el fin de sacar rendimiento político al natural desgaste del partido gobernante.

La continua exhibición de discrepancias está provocando la pérdida de confianza de la población en las clases dirigentes, estén o no en tareas de gobierno, y abre la puerta de par en par a los populismos, que encuentran en la crisis un terreno abonado para conseguir adeptos.

Este fenómeno se da también a escala europea: la falta de solidaridad entre países con economías saneadas y países con alto endeudamiento se percibe por parte de estos últimos como una traición de los primeros al espíritu que guió la fundación de la Unión Europea.

European flag
La crisis ha plasmado la falta de solidaridad entre países con economías saneadas y países con alto endeudamiento (Foto: Twenty20)

La criticable gestión de la crisis económica de 2008 no ha servido para generar aprendizajes útiles en la situación actual. Muchos países que se sienten en ventaja frente a otros fomentan sentimientos de protección hacia sus intereses nacionales en lugar de promover la cooperación internacional entre naciones que serviría para sumar recursos y esfuerzos.

En la práctica les resultará imposible alcanzar un grado de aislamiento del resto que les permita esquivar la pandemia a largo plazo, después de superarla ellos mismos, en un primer momento. En esta carrera, al igual que con la emergencia climática, hay que atravesar la meta todos juntos. Si alguno queda rezagado, o es abandonado a su suerte, pierden todos.

En lugar de promover la cooperación internacional, muchos países fomentan sentimientos de protección hacia sus intereses nacionales

4. Las consecuencias económicas de la pandemia serán devastadoras para muchas empresas, especialmente las pequeñas y medianas de sectores directamente afectados, como el turismo, la hostelería, la automoción, el transporte, y el comercio, que no podrán superar la hibernación de la economía durante el confinamiento ordenado por las autoridades. Estas empresas constituyen en muchos casos el tejido básico de muchas economías regionales y locales. Su desaparición no podrá ser compensada por las grandes empresas, cuyo fin último no ha sido durante las últimas décadas el de generar empleo, sino el de obtener beneficios para sus accionistas.

Enfrentadas al dilema de cómo afrontar el día después, es de esperar que las empresas con propósito –que no son mayoría, lamentablemente– sepan reaccionar y evolucionar hacia una forma diferente de enfocar su actividad. El valor para el accionista, un axioma empresarial desde hace 30 años, debe remplazarse por el valor para la sociedad, entendida de forma amplia.

Proveedores, clientes, empleados, accionistas, comunidades, centros educativos y de investigación, ONGs, sociedad civil, y, sobre todo, el planeta: todos deberían formar parte de la hoja de ruta de las empresas con conciencia.

El valor para el accionista, un axioma empresarial desde hace 30 años, debe remplazarse por el valor para la sociedad

El balance al final de cada año debería incluir los impactos sobre cada uno de estos públicos, y la valoración del éxito conseguido por la empresa debería basarse en qué cambios positivos ha producido en cada uno de ellos. En este contexto más complejo, pero más simple a la vez, el beneficio empresarial y el crecimiento por el crecimiento deben pasar a ocupar una posición secundaria.

5. Deberá ser posible en el futuro presentarse a una junta general de accionistas con un informe en el que unos resultados económicos estables o incluso decrecientes frente al año anterior sean valorados positivamente si se han conseguido con un menor impacto sobre el medio ambiente, con un menor consumo de recursos, incrementando la circularidad de las operaciones, y demostrando que la actividad de la empresa ha beneficiado en mayor medida a amplias capas de la sociedad.

¿Utopía? Antes de la pandemia, posiblemente sí. Ahora la pandemia nos ofrece la posibilidad de hacer un reset al sistema, de evaluar los efectos de este macro experimento forzoso que ha llevado a la economía mundial a la paralización, y de sacar valiosas consecuencias para el futuro inmediato de la humanidad. Un meme que circula estos días por la red afirma: "No podemos volver a la normalidad – porque la normalidad era el problema". Encontremos entre todos, pues, la nueva normalidad, aprovechemos esta oportunidad única. Es la segunda que tenemos en el siglo XXI. Quizás no habrá una tercera, antes de que sea demasiado tarde.

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