Registrarse

La desigualdad sigue siendo preocupante

Enrique Rueda-Sabater

En los últimos años, la desigualdad de ingresos se ha convertido en una fuente importante de preocupación, que afecta directamente a la percepción del bienestar entre amplios segmentos de la población mundial e, indirectamente, a la estabilidad social y política. Sin embargo, parece que los datos que se utilizan generalmente para medir la desigualdad de ingresos (como el coeficiente de Gini, que resume la distribución de ingresos entre los distintos segmentos de población) subestiman la dinámica factual y perceptual de la desigualdad y, más si cabe, la desigualdad de riqueza, que se va perpetuando. Al salir de una pandemia que ha incrementado las desigualdades educativas y ha favorecido los rendimientos del capital en detrimento de las contraprestaciones laboral, existen más motivos para preocuparse de las consecuencias de esta creciente desigualdad.

El panorama global de la desigualdad de ingresos puede tener lecturas distintas: se ha producido una reducción general —aunque en absoluto homogénea—de la brecha de ingresos per cápita entre los distintos países, pero la desigualdad dentro de ellos ha aumentado en algunos casos, mientras que ha disminuido en otros —aunque sigue siendo un factor de insatisfacción social casi en todo el mundo. Esta insatisfacción ya ha ocasionado sorpresas políticas y manifestaciones disruptivas en muchos lugares, y, viendo la facilidad con que la población puede movilizarse a través de las redes sociales, este incremento de las desigualdades (o incluso la mera precepción de que aumentan) puede tener importantes consecuencias en muchos mercados, actores económicos y normativas.

Ha habido convergencia (reducción de la brecha con respecto a los países de altos ingresos) en general, aunque con algunas excepciones significativas —entre ellas, dos de los BRICS. Los altos índices de crecimiento sostenido de China han sido objeto de muchos titulares y, al ser el país más poblado del mundo, el volumen de su PIB ha aumentado hasta convertirse en el mayor del mundo, medido en términos de PPP (y, lo que es más importante, el segundo mayor en precios de mercado).

inequality-concerns

Pero incluso en términos de PPP, la renta per cápita de China sigue estando bastante por debajo de la media de los tres países con las rentas más altas del mundo (Alemania, Japón y Estados Unidos = G3), que proporcionan un punto de referencia útil para la convergencia. Su desempeño en los últimos veinte años (de una doceava parte a un tercio de la media del G3) es destacable, pero aún le queda mucho camino por recorrer para alcanzar la paridad.

Otras economías de rápido crecimiento (entre los 48 países que hemos analizado, que son las mayores economías del mundo y los estados más poblados) corresponden en su mayoría a países originariamente de bajos ingresos, como la India y Vietnam (este último ha registrado un crecimiento notable: de apenas el 8% a más del 20%), y como grupo han reducido la distancia con la media del G3 a la mitad.

La medida utilizada más ampliamente para determinar la desigualdad interna de los países es el coeficiente de Gini

Los países que han registrado un sólido crecimiento son mayoritariamente países de ingresos de rentas medias, que han reducido significativamente la distancia con la media del G3, como Corea y Polonia, que prácticamente la han reducido a la mitad.

Entre las naciones que no han crecido lo suficiente para reducir la distancia con respecto a la media del G3 se incluyen grandes países como el Brasil y Sudáfrica, que han visto incluso aumentar la brecha, y Nigeria e Irán, que registran altibajos en los ingresos del petróleo sin una clara tendencia al alza.

La medida utilizada más ampliamente para determinar la desigualdad interna de los países es el coeficiente de Gini, que sintetiza la distribución de ingresos. La tendencia reciente parece positiva, en términos generales: la mediana global ha bajado ligeramente y, en la mayoría de los países —con la excepción de los Estados Unidos—, se han reducido las desigualdades al aplicar esta medición (aunque se siguen registrando altos niveles en algunos países, como Sudáfrica, y en América Latina).

inequality-concerns

Pero los datos sobre la evolución de las desigualdades de ingresos dentro de los países que se basan en los coeficientes de Gini (calculados a partir de encuestas a los hogares) son claramente erróneos. La reducción de las desigualdades en numerosos países aparentemente no cuadra con las percepciones, y otros datos apuntan que dichas desigualdades se han ido incrementando continuamente. Al parecer, la principal razón de estas disparidades es la poca cobertura de estas encuestas en cuanto a los datos de los hogares más ricos: por ejemplo, según datos de un estudio brasileño, entre 2001 y 2015 se redujo la desigualdad en el país, pero los datos del impuesto sobre la renta indican que la desigualdad se mantuvo muy alta durante dicho período.

El panorama global de la desigualdad de ingresos es muy complejo. El rápido crecimiento de la renta per cápita en China y en varios países originariamente de rentas bajas y medias ha supuesto que los ingresos de sus clases medias hayan crecido mucho más rápido que los de las clases medias de los países con rentas más altas —lo cual se ha traducido en una mejora estadística de los índices de desigualdad de ingresos a escala global, coherente con las conclusiones relativas a la convergencia. El World Inequality Report de 2018 documenta este hecho mostrando que el decil más alto de ingresos de los hogares de todo el mundo experimentó un incremento de la renta, en términos reales, del 70% a lo largo de 35 años, frente al 94% de los cinco deciles más bajos y solo el 43% de los cuatro deciles intermedios.

La experiencia de la mayoría de los hogares del mundo parece que se ha traducido en una percepción de mayor desigualdad

Sin embargo, la experiencia de la mayoría de los hogares del mundo parece que se ha traducido en una percepción de mayor desigualdad (especialmente por parte de la clase media en los países de rentas altas). En general, la mayor publicidad sobre las condiciones de vida del 1% de la población mundial (cuyos ingresos han aumentado un 133% en los últimos 35 años) parece que ha acentuado la brecha creciente de ingresos entre las clases medias y las clases altas, y ello ha contribuido a crear una mayor percepción de desigualdad.

Los Estados Unidos son uno de los pocos países (mayoritariamente, países de altos ingresos) en que los coeficientes de Gini indican un ligero aumento de la desigualdad, aunque los datos fiscales muestran que los ingresos de los hogares del decil más alto crecieron mucho más rápido que los de los hogares de los cinco deciles más bajos, lo cual indica un incremento más importante de la desigualdad —que coincide con la percepción más generalizada. En el caso de China —en que los coeficientes de Gini indican una reducción significativa de las desigualdades—, los ingresos de los hogares del decil más alto han triplicado el porcentaje de crecimiento de los hogares de los cinco deciles más bajos, lo cual se traduce en un aumento constante de la brecha de ingresos —y, por tanto, en un crecimiento de la desigualdad.

Market_capitalization
Contenido relacionado: Globalización, concentración y volatilidad en los mercados de valores

Los datos sobre desigualdad que indican las encuestas han circulado principalmente fuera del ámbito académico y el hecho de que el panorama que presentan no parezca alarmante puede explicar que se haya subestimado la importancia de los problemas y la fuerza de los sentimientos que han suscitado. Los registros fiscales ofrecen, en cambio, un panorama mucho más preocupante —y presagian una mayor ampliación de las diferencias de ingresos dentro de los países. Las consecuencias que ello puede tener en términos de insatisfacción generalizada no deben subestimarse –pues tienen el potencial de desencadenar el activismo social, lo cual, a su vez, puede comportar cambios normativos con amplios efectos, también para los negocios.

Para procurar no subestimar la desigualdad como causa de insatisfacción social, resulta cada vez más evidente que la información obtenida de fuentes objetivas retrospectivas debe complementarse con la información subjetiva prospectiva. La oportunidad es un indicador esencial de prospectiva, que combina la realidad con la percepción—sin el sentido de la oportunidad, es difícil movilizar el potencial emprendedor de una sociedad. Y, si bien la oportunidad no puede medirse directamente, la dinámica de la movilización social proporciona información al respecto y el índice reciente del Foro Económico Mundial sobre esta cuestión ofrece algunos datos interesantes al respecto.

La evaluación de la felicidad (relativa a un momento determinado y a lo largo del tiempo) está siendo objeto, acertadamente, de una mayor atención —en parte probablemente debido a la sorpresa que ha causado el malestar social derivado de confiar exclusivamente en datos económicos puramente objetivos para medir el bienestar. Una simple medida sinóptica propuesta por el Índice Mundial de la Felicidad (World Happiness Report) proporciona un punto de partida muy útil para analizar el bienestar subjetivo (que parece estar muy afectado por las percepciones de desigualdad).

inequality-concerns

La comparación de estas dos medidas sintéticas confirma la importancia de prestar mucha más atención a las cuestiones relacionadas con la oportunidad y con la igualdad que se expresan en la movilidad social. No es ninguna sorpresa que estas dos medidas estén muy relacionadas entre ellas (cuando se aplican a la lista de los 48 principales países), pero sí es sorprendente —y revelador— que la medida de la felicidad está muy poco relacionada con el coeficiente de Gini de la desigualdad.

La medición subjetiva de la felicidad basada en una encuesta-cuestionario estándar está influida, sin duda, por las diferencias culturales, pero la fuerte relación existente en general entre ambos indicadores confirma la importancia de hacer el seguimiento de las percepciones de bienestar y de asegurarse de que los factores que repercuten en la movilización social reciben la debida atención, en aras de la estabilidad, la prosperidad y el emprendimiento. Las relaciones entre las realidades económicas y las percepciones de desigualdad y oportunidad son complejas —y no siempre obvias—, con lo cual es difícil prever su evolución y sus consecuencias.

Si la desigualdad —la efectiva y la percibida— sigue creciendo, va a crecer el nivel de incertidumbre de la política y de la regulación, así como el riesgo de que se produzcan cambios súbitos. La evolución de la desigualdad y sus causas profundas pueden reconfigurar las reglas del mercado, por lo cual es sensato que las empresas de todo tipo traten este tema como un serio problema.

Todo el contenido está disponible bajo la licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.