Cómo la digitalización podría ayudar a los bancos de alimentos a combatir el hambre

Los bancos de alimentos ayudan a redistribuir los excedentes alimentarios entre quienes los necesitan, pero los modelos tradicionales afrontan crecientes presiones operativas y de financiación. ¿Podría la tecnología digital ayudarles?

Equipo Do Better

En 2022 se desperdiciaron 1050 millones de toneladas de alimentos en todo el mundo, un excedente valorado en más de 1 billón de dólares estadounidenses. A pesar de ello, unos 783 millones de personas sufren desnutrición, mientras que 150 millones de niños menores de cinco años padecen retraso en el crecimiento por la falta crónica de nutrientes esenciales. La cruda realidad es que se descartan alimentos a gran escala mientras millones de personas pasan hambre.

Los bancos de alimentos son un mecanismo para intentar redistribuir alimentos que de otro modo se desperdiciarían. Aunque no pueden resolver la pobreza global, sí pueden generar un impacto a menor escala. Pero el modelo de funcionamiento tradicional presenta algunos retos. Los investigadores de Esade David Murillo, Mireia Yter y Liliana Arroyo llevaron a cabo recientemente un estudio para analizar si la digitalización podría ayudar a los bancos de alimentos a funcionar con mayor eficacia.

Por qué los bancos de alimentos necesitan evolucionar

Para entender los obstáculos a los que se enfrentan los bancos de alimentos, podemos observar la situación en España. La Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL) coordina 54 bancos de alimentos y 78 000 voluntarios que atienden a alrededor de 1,2 millones de beneficiarios a través de 6500 organizaciones intermediarias.

La financiación pública es solo uno de los retos. En 2024 se eliminó el Fondo de Ayuda Europea para los Más Necesitados (FEAD), que había ayudado a los bancos de alimentos a distribuir alimentos de emergencia. España lo sustituyó por un programa de vales de alimentos de 100 millones de euros—financiado a través del Fondo Social Europeo Plus (FSE+)—que adoptó la forma de una tarjeta para que las familias con bajos ingresos compraran alimentos en supermercados participantes.

Sin embargo, los investigadores detectan carencias importantes. La eliminación del FEAD dejó el presupuesto ordinario de los bancos de alimentos españoles con un déficit del 25 %. En el momento del análisis, una disputa entre las administraciones regionales y central sobre gobernanza, implementación y financiación implicaba que los vales aún no se habían distribuido. Las estimaciones apuntaban a que solo uno de cada 10 beneficiarios de FESBAL los recibiría, mientras que entre el 50 % y el 80 % de las localidades más pequeñas atendidas por los bancos de alimentos no contaban con un comercio participante.

Al mismo tiempo, la ley española de desperdicio alimentario de 2025 otorga mayor peso a la donación de excedentes alimentarios, la mejora de la trazabilidad y una mayor colaboración. En definitiva, esto supone más presión sobre los bancos de alimentos para operar con mayor eficiencia, a la vez que deja un vacío de financiación considerable.

Aunque España posteriormente informó de que el programa había llegado a más de 70 000 hogares en 2024, seguían existiendo carencias importantes en el sistema de apoyo alimentario. Los bancos de alimentos, por tanto, continúan enfrentándose a retos, lo que lleva a los investigadores a preguntarse si la tecnología digital podría ayudarles a operar con mayor eficacia.

De los almacenes a los smartphones: qué puede cambiar la digitalización

Los investigadores analizaron 12 iniciativas digitales situadas en la intersección entre el desperdicio de alimentos, el hambre y la tecnología. El análisis resultante sugiere que la digitalización podría abordar tres retos prácticos.

En primer lugar, podría hacer más eficiente el movimiento de alimentos de un punto a otro. Misión Entrega, desarrollada por el banco de alimentos de Buenos Aires, es un ejemplo. Utilizan la geolocalización para conectar donaciones pequeñas y urgentes con organizaciones y voluntarios cercanos. Las donaciones se ofrecen a organizaciones situadas en un radio de cinco kilómetros, y después se avisa a los voluntarios para que las recojan y las entreguen. La aplicación solo gestiona el 0,5 % de los alimentos que mueve la organización, pero el responsable de Misión Entrega afirmó que “la aplicación nos permitió aumentar la cantidad de proteína distribuida, mejorando el equilibrio nutricional general”.

En segundo lugar, las herramientas digitales pueden ayudar a gestionar mejor los excedentes de alimentos. En Estados Unidos, la aplicación MealConnect identifica dónde hay excedentes de alimentos y los conecta con organizaciones sin fines de lucro cercanas, además de coordinar la recogida por parte de voluntarios. Las fechas de caducidad se registran digitalmente, y el análisis de datos ayuda a reducir el desperdicio. La aplicación no solo busca rescatar más kilos de alimentos, sino también mejorar la calidad y la variedad de los productos redistribuidos.

En tercer lugar, la tecnología puede tener un alcance más amplio que la simple mejora de las operaciones de un almacén concreto. Puede conectar a empresas, organizaciones benéficas, voluntarios y particulares para crear una red. La aplicación OLIO nació cuando su cofundador estaba empaquetando alimentos que iban a ser trasladados y se dio cuenta de que las personas de su entorno podrían quererlos. La aplicación conecta a vecinos para que puedan compartir excedentes a nivel local. HopHopFood conecta de forma similar a vecinos, comercios, organizaciones benéficas y voluntarios. Los investigadores afirman que la digitalización es una herramienta útil para cambiar la forma en que coordinan los distintos actores; puede hacer mucho más que simplemente acelerar los procesos existentes.

La digitalización también podría hacer visible el impacto

La otra ventaja de los sistemas digitales es que favorecen la transparencia y aportan pruebas de los logros de los bancos de alimentos. Los registros digitales pueden mostrar la cantidad de alimentos rescatados, su destino, quién se benefició y cuál fue el impacto social y medioambiental.

La transparencia informativa aporta un beneficio tangible porque puede generar confianza entre donantes, socios, responsables políticos y el público en general. La digitalización no es solo una herramienta para mejorar la eficiencia, sino también un medio para reforzar la legitimidad de los bancos de alimentos.

Si se observa la escala del sector de la redistribución de alimentos, los posibles beneficios de usar tecnología resultan evidentes. Solo en Europa, los miembros de la European Food Banks Federation redistribuyeron aproximadamente 834 000 toneladas de alimentos a 12,2 millones de personas en 2024. Los sistemas digitales podrían desempeñar aquí un papel, ayudando a las redes a coordinar flujos complejos de alimentos, información y personas.

Pero la tecnología no es una panacea

Aunque el análisis de los investigadores muestra el potencial de la tecnología para mejorar el funcionamiento de los bancos de alimentos, eso no significa que sea la solución a todos los retos a los que se enfrentan los bancos de alimentos. Los casos estudiados muestran caminos prometedores, sin llegar a demostrar una relación causal directa. Los sistemas digitales pueden resultar costosos, y las organizaciones cuentan con recursos e infraestructuras distintos.

La digitalización también puede generar disyuntivas. Una plataforma puede mejorar la coordinación, pero su uso puede requerir competencias o una inversión que una organización pequeña no tiene. Y aunque la tecnología puede apoyar a los bancos de alimentos, no puede erradicar las causas subyacentes de la inseguridad alimentaria o el desperdicio.

Los bancos de alimentos del futuro

España no es la única que afronta los retos del desperdicio de alimentos y de los sectores de la población que necesitan apoyo alimentario. Con una regulación cada vez más exigente para el sistema alimentario, la tecnología digital podría ser una solución para conectar mejor la oferta y la demanda. El modelo tradicional de banco de alimentos quizá deba evolucionar y conectarse más con sus grupos de interés.

Pero sería un error suponer que el simple hecho de digitalizar los bancos de alimentos mejorará automáticamente la redistribución de alimentos. El reto consiste en determinar cuándo y dónde aprovechar la tecnología para reforzar la capacidad existente de atender a las personas, reducir el desperdicio y demostrar el impacto.

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