Dumping climático: La amenaza oculta para la transición verde europea
Mientras la Unión Europea traza ambiciosos objetivos climáticos, se enfrenta a un nuevo desafío: las importaciones de productos con alta huella de carbono producidos en países con regulaciones menos estrictas. ¿Es el CBAM la solución?
En un día caluroso, coges una lata de refresco etiquetada como “producida de forma sostenible”. Pero aunque la bebida en sí misma sea de bajas emisiones de carbono, ¿qué pasa con la lata? Si el aluminio se ha fabricado en una planta de carbón en un país con estándares medioambientales bajos, esa lata de refresco podría ocultar una gran huella de carbono.
Este escenario es, en esencia, el dumping climático. La producción intensiva en carbono se externaliza a países con regulaciones más laxas. Los productos acabados se venden en regiones con objetivos climáticos más estrictos, como la UE.
Las empresas de la UE a menudo externalizan las partes más intensivas en carbono de sus procesos de producción
¿Cómo puede ser verdaderamente ecológico un producto si sus componentes no lo son? ¿Y cómo pueden los gobiernos evaluar con precisión la huella de carbono real de un producto?
El dumping climático en detalle
La UE tiene normas más estrictas sobre emisiones de carbono que otros países. Por eso, muchas empresas de la UE externalizan las partes más intensivas en carbono de sus procesos productivos, como la fundición de aluminio o la producción de cemento, a países con regulaciones más laxas. Luego, la empresa puede declarar que fabrica productos “bajos en carbono”, pero en realidad solo contabiliza las emisiones de sus operaciones dentro de la UE. Los procesos más contaminantes podrían haberse realizado en China, India u otros países.
Esta práctica distorsiona la competencia, socava los esfuerzos de la UE por reducir las emisiones de carbono y oculta el verdadero impacto medioambiental de las cadenas de valor globales (CVG).
Es un problema muy extendido: más de la mitad de las emisiones industriales globales entre 1988 y 2015 se atribuyen a solo 25 empresas. Y dado que las CVG son tan complejas, es difícil determinar quién es responsable de esas emisiones, y mucho menos regularlas.
Por qué es un problema
El plan Fit for 55 de la UE tiene como objetivo reducir las emisiones en un 55 % para 2030. Pero si los productos consumidos en Europa se fabrican en otros lugares con altas emisiones, se pierden los beneficios climáticos y las empresas europeas quedan en desventaja por intentar hacer lo correcto. Las emisiones no desaparecen; simplemente se “vierten” a los países en desarrollo.
La profesora de Esade Valentina De Marchi sostiene que para alcanzar los objetivos climáticos globales es necesario tener en cuenta las emisiones de toda la cadena de suministro. “La mayoría de las empresas multinacionales ya no realizan por sí solas todas las actividades de producción, sino que gestionan complejas redes de proveedores que se extienden por las fronteras”, apunta, haciendo un llamamiento a la responsabilidad compartida en todas las etapas de producción a lo largo de la cadena de valor global.
Europa toma medidas: CBAM
La UE lleva tiempo aplicando su Sistema de Comercio de Emisiones (ETS), que permite a las empresas “pagar por contaminar” comprando derechos de emisión. Pero el ETS solo se aplica dentro de la UE. Para combatir el dumping de carbono, la UE está lanzando una nueva herramienta: el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM).
Con el CBAM en vigor, la idea de poner precio al carbono se extiende a las importaciones. “El CBAM no es una barrera comercial”, dijo Vicente Hurtado, jefe de la unidad de CBAM y Fiscalidad Verde de la Comisión Europea, en un reciente seminario de Esade-Fundación Repsol. “Es una medida para fomentar la descarbonización de la producción de estos bienes”.
A partir de 2026, los importadores pagarán un precio por el carbono mediante certificados CBAM
Se prevé que el CBAM tenga un mayor impacto en las importaciones de alto contenido en carbono, como el acero, el aluminio, el cemento, los fertilizantes, el hidrógeno y la electricidad. Desde 2023, ya es obligatorio declarar el contenido de carbono de estos productos. Sin embargo, a partir de 2026, los importadores pagarán un precio por el carbono a través de certificados CBAM, cuyo coste se estima en unos 100 euros por tonelada de CO₂, en línea con los precios del ETS.
El impacto podría ser considerable. Según Deloitte, importar una tonelada de aluminio de altas emisiones podría costar a los comerciantes europeos más de 1.000 euros en tasas CBAM.
Impactos iniciales y efectos globales
El CBAM ya está influyendo en el comportamiento mundial. Turquía ha presentado legislación climática para poner en marcha su propio ETS y evitar penalizaciones a las exportaciones. China está ampliando su mercado de carbono para cubrir más sectores industriales.
Los comerciantes europeos están adaptando sus estrategias de aprovisionamiento y buscan proveedores más sostenibles para reducir sus obligaciones CBAM y reforzar sus cadenas de suministro.
Hurtado destacó que “el CBAM no se dirige a países, sino a empresas”, subrayando que incluso las compañías de países muy contaminantes pueden beneficiarse modernizando sus procesos productivos.
Otras regiones están adoptando estrategias diferentes. Muchas han introducido sus propios sistemas ETS, como Reino Unido, Canadá y Corea del Sur. Estados Unidos ha optado por otra vía: en lugar de fijar un precio al carbono, subvenciona la descarbonización mediante leyes como la Inflation Reduction Act, diseñada antes del nuevo mandato de Trump. Aunque esto ha impulsado la inversión en energías limpias en EEUU, los críticos sostienen que sin un precio al carbono difícilmente se incentivarán prácticas de bajas emisiones a lo largo de toda la cadena de suministro.
¿Es justo el CBAM?
El CBAM ha sido objeto de críticas, especialmente por parte de los países con menores ingresos. Mozambique, por ejemplo, podría ver caer su PIB en un 1,5 % debido a los aranceles sobre el aluminio. Los países más pobres argumentan que ahora se les castiga por unas emisiones que no han causado.
En la actualidad, el CBAM no contempla destinar ingresos a los países más pobres, a pesar de que los expertos reclaman utilizar estos fondos para apoyar las transiciones hacia bajas emisiones de carbono en las naciones en desarrollo y evitar impactos económicos que podrían equivaler a una recesión.
La supervisión y la verificación siguen siendo grandes retos
La Comisión Europea está trabajando en medidas de simplificación, incluidas exenciones para pequeños importadores (menos de 50 toneladas anuales). Pero, como aclaró Hurtado, “queremos tratar todos los productos de la misma manera, independientemente de si se fabrican en la UE o se importan”.
Aun así, la supervisión y la verificación siguen siendo grandes retos. Las fábricas de los países en desarrollo suelen carecer de la tecnología o los datos necesarios para medir o informar de sus emisiones con precisión. Según Deloitte, casi tres cuartas partes de las empresas alemanas tienen dificultades para recopilar los datos exigidos a sus proveedores. La UE trabaja en valores por defecto y verificadores externos, pero los críticos advierten que el sistema depende en gran medida de la transparencia empresarial en unas cadenas de suministro globales muy complejas.
El futuro del CBAM
El CBAM se aplicará de forma gradual. Las asignaciones gratuitas del ETS para las empresas de la UE se reducirán entre 2026 y 2034, mientras aumentarán las obligaciones del CBAM. Para 2034, todos los productos afectados estarán plenamente cubiertos.
En su presentación, Hurtado explicó que la Comisión está considerando ampliar el alcance del CBAM. En última instancia, las normas del CBAM podrían aplicarse a las empresas que fabrican coches, frigoríficos, productos químicos y otros productos cuya producción es intensiva en carbono.
La UE también está elaborando normas anti-elusión para evitar que las empresas esquiven las obligaciones de información del CBAM. Además, se están realizando investigaciones para abordar las exportaciones y reinvertir los ingresos en financiación climática.
Un problema global exige un precio global
El dumping climático es un problema global que requiere una respuesta internacional. La respuesta de Europa, el CBAM, no está exenta de fallos. Pero al menos debería servir para descarbonizar las cadenas de suministro industriales más alla de las fronteras nacionales.
Si los países se toman en serio alcanzar las emisiones netas cero, entonces cada tonelada de carbono debe contarse —y tasarse— de manera justa.
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