Salvar el planeta requiere considerar las emisiones de las cadenas de valor

Es urgente que las empresas tengan en cuenta las emisiones de los proveedores en sus cadenas de suministro. Aunque supone un reto, tienen un gran potencial de convertirse en parte de la solución a la emergencia climática.

Valentina De Marchi

La COP es el momento del año en que las discusiones públicas y políticas sobre las estrategias de adaptación y mitigación del cambio climático alcanzan su punto álgido. Recientemente, se han publicado nuevos datos que evidencian todavía más la necesidad urgente de cambiar. La palabra clave que destaca en los múltiples informes publicados es récord 

Las emisiones mundiales de GEI han registrado un nuevo récord, al llegar a las 57,4 gigatoneladas de CO2 equivalente (GtCO2e), tras incrementarse un 1,2% entre 2021 y 2022. El año 2023 será el más cálido en 125.000 años, y los 10 años más cálidos en el curso de la historia se han registrado a partir de 2010. En octubre de 2023, se registraron las temperaturas más altas de la historia en la superficie marina de los océanos extrapolares, y un récord de meses seguidos en que los niveles de las capas de hielo marino se situaban sistemáticamente por debajo de la media. El año 2023 también ostenta el récord de velocidad y volumen de retirada de los glaciares –en la zona alpina, por ejemplo, se ha registrado un déficit de nieve récord del 45%. En 2023, los incendios forestales han batido récords por su extensión, persistencia e intensidad, y se ha producido el mayor incendio de la historia, así como los mayores desastres ocasionados por inundaciones, con el triste récord del episodio meteorológico más mortífero sucedido este año.  

Se espera que en 2023 la temperatura ascienda 1,4 ºC respecto a los niveles preindustriales

Y, pese a que 2023 es un año de récords, esta distinción no le durará mucho tiempo: la gravedad y la persistencia de las inclemencias climáticas presumiblemente irán en aumento en los próximos años. Se espera que en 2023 la temperatura ascienda 1,4 ºC respecto a los niveles preindustriales, acercándose rápidamente a los 1,5 ºC de referencia establecidos en el Acuerdo de París. En 2022, las temperaturas ya subieron 1,2 ºC. 

Las empresas contribuyen a la crisis climática

La causa de esta situación es, claramente y sin tapujos, la actividad humana. Las actividades de producción y consumo contribuyen significativamente a las emisiones globales, pues representan una parte sustancial de las emisiones totales. Las empresas juegan un papel central entre los agentes causantes de los impactos climáticos y son responsables de gran parte de las emisiones humanas, especialmente en el sector de las energías fósiles y de las grandes multinacionales. Para destacar una cifra entre muchas, se estima que más de la mitad de las emisiones industriales en todo el mundo entre 1988 y 2015 son atribuibles exclusivamente a 25 empresas. Ello es así sobre todo si tomamos en consideración toda la serie de emisiones de que pueden considerarse responsables dichas empresas.  

De hecho, además de las emisiones directas (alcance 1), las empresas deben rendir cuentas también de las emisiones derivadas de la generación de electricidad, vapor, calefacción y refrigeración que adquieren para hacer funcionar sus actividades (alcance 2) y, sobre todo, de las emisiones de los proveedores que generan los insumos y los componentes necesarios para que dichas empresas puedan desarrollar sus actividades (alcance 3).  

Más de la mitad de las emisiones entre 1988 y 2015 son atribuibles exclusivamente a 25 empresas

En general, la rendición de cuentas cambia radicalmente cuando se toman en consideración también las emisiones de los proveedores de la cadena de valor. Por término medio, las emisiones de la cadena de suministro (o emisiones de alcance 3 aguas arriba) son 11,4 veces más elevadas que las emisiones operacionales, especialmente en los sectores de la electrónica, del automóvil, de los alimentos y de la moda. Esto supone un reto importante porque, en la actualidad, la mayoría de las multinacionales ya no desarrollan por su cuenta todas las múltiples actividades que intervienen en la producción de bienes, sino que gestionan complejas redes de proveedores que se extienden más allá de sus fronteras, cada una de las cuales es responsable de algunas actividades de valor añadido —también denominadas cadenas de valor globales—.  

Las empresas se ven afectadas por la crisis climática

No obstante, las empresas también se ven afectadas por los impactos del clima, lo cual las dota de argumentos pragmáticos, más que éticos, para abordar los desafíos climáticos. Según un estudio reciente, más del 60% de las empresas europeas indican que se sienten vulnerables ante los riesgos físicos causados por episodios meteorológicos extremos. Este porcentaje aumenta hasta el 77% si analizamos solo las empresas españolas. Sectores como el agrícola se ven duramente afectados: se estima que en 2050 se habrán reducido hasta un 85% las áreas adecuadas para la viticultura en la Europa mediterránea, lo cual va a dificultar las producciones masivas de Prosecco, Valpolicella, Burdeos o Rioja, por mencionar algunas denominaciones.  

Las empresas se ven expuestas a riesgos climáticos directamente y a través de sus cadenas de valor

Cabe señalar que las empresas se ven expuestas a esos riesgos no solo directamente, sino también a través de las cadenas de valor, puesto que los impactos de los episodios extremos se los transmiten también los socios de sus cadenas de suministro. Es el caso de las oleadas de calor que golpearon Canadá en verano de 2021, que redujeron a la mitad la producción de trigo duro, lo cual provocó unos problemas sin precedentes a los fabricantes de pasta italianos en términos de escasez de suministro, altos precios y la necesidad de reorganizar sus cadenas de suministro.  

Ser parte de la solución 

Sin embargo, aún es más interesante el hecho de que las empresas pueden ser parte de la solución, pues tienen la posibilidad de innovar y transformar sus actividades para revertir sus actuaciones. Cada vez se reportan más casos de empresas que avanzan hacia la neutralidad o la negatividad del carbono. Pero ¿cómo podemos garantizar que las buenas prácticas climáticas emergentes se convertirán en prácticas habituales generalizadas para lograr el cambio necesario (al ritmo necesario)?  

La solución puede encontrarse cerca del foco del problema. Si las cadenas de suministro son el punto de entrada de los impactos para las empresas, también es en este punto donde se puede encontrar mayor potencial de mejora y convertirse en un motor impulsor de círculos virtuosos. Las empresas disponen de varias herramientas para comprender, juntos con los socios de sus cadenas de suministro, cómo pueden reducir efectivamente sus emisiones. Aplicar estrategias para generar mejores prácticas que se apliquen en cascada a lo largo de la cadena de suministro no es nada fácil y requiere incluir a organizaciones independientes, a menudo localizadas en otros países cuyas legislaciones en materia medioambiental son más laxas y la presión para rendir cuentas por los impactos medioambientales son menores.  

En efecto, puede darse una forma de desacoplamiento más sutil que el desacoplamiento entre las políticas y las prácticas —no predicar con el ejemplo— y que es preciso abordar: el desacoplamiento entre los medios y los fines. Es decir, hacer algo que no lleve a alcanzar los resultados fijados. Realmente, es difícil entender y predecir lo que puede ocurrir a los proveedores lejanos, y aún más instigar y apoyar los cambios necesarios allí. Pero, si esperamos producir un cambio, no es posible ignorar la importancia de rendir cuentas de las emisiones de la cadena de suministro —algo que en un futuro no muy lejano las empresas europeas deberán hacer por ley—. 

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