Tres maneras en que la economía conductual ayuda a entender el mundo
El Esade Workshop in Behavioral and Experimental Economics 2026 trata cómo la evidencia conductual puede ayudarnos a comprender mejor la persuasión social, la transición sostenible y las desigualdades de género.
La economía conductual se ha consolidado como uno de los campos más fértiles para entender cómo toman decisiones las personas en contextos reales. Ya no se trata solo de estudiar sesgos o irracionalidades en abstracto, sino de analizar cómo influyen las normas sociales, las emociones, la identidad, el lenguaje o las expectativas en decisiones que afectan a los mercados, a las organizaciones y a la vida cotidiana.
La edición 2026 del III Esade Workshop in Behavioral and Experimental Economics (EWBEE) reunió en Barcelona a investigadores internacionales de gran relevancia en el área para debatir sobre tres grandes ejes que reflejan bien hacia dónde avanza hoy la disciplina: cómo se construye la influencia y se interpreta la evidencia, cómo activar conductas más sostenibles, y cómo los sesgos y las normas sociales siguen moldeando las trayectorias de mujeres y hombres.
Evidencia e influencia: por qué los hechos no siempre bastan
La primera jornada arrancó con la ponencia plenaria de “Evidence and Influence”, a cargo de Marta Serra-Garcia (Rady School of Management, UC San Diego). El propio título apunta a una tensión central en nuestro tiempo: disponer de evidencia no garantiza, por sí solo, cambiar creencias o comportamientos.
Ese hilo continuó, en una sesión que reunió trabajos sobre la fuerza persuasiva de los números frente a las palabras, el coste de los respaldos entre pares, la transmisión social del prejuicio y la relación entre toxicidad en redes sociales y salud mental. Entre los ponentes, Mattie Toma (University of Warwick), Manuel Muñoz (NYU Abu Dhabi) y David Schindler (U. Tilburg). También, Fabrizio Germano (Universitat Pompeu Fabra) explicó el papel del aprendizaje social y algorítmico en la economía digital.
En conjunto, estas ponencias sugieren una idea poderosa: las decisiones no dependen únicamente del contenido de la información, sino también de quién la transmite, cómo se enmarca y en qué entorno social circula.
Visto en perspectiva, este bloque mostró que la influencia no opera solo a través de incentivos materiales. También lo hace mediante reputación, validación social, identidad grupal y exposición repetida a determinados mensajes. Para empresas, reguladores y organizaciones públicas, esta línea de investigación resulta especialmente valiosa porque ayuda a diseñar intervenciones más realistas: no basta con “dar información”, hay que entender cómo la procesan las personas y qué fricciones sociales o emocionales median su efecto.
La jornada cerró además con una segunda ponencia plenaria a cargo de Joël van der Weele (University of Amsterdam) sobre racionalizaciones y polarización política, ampliando todavía más el debate sobre evidencia e influencia, y desde un enfoque más teórico. En un entorno de creciente fragmentación informativa, comprender por qué las personas reinterpretan hechos incómodos o los acomodan a sus identidades políticas es una cuestión clave tanto para la economía política como para la democracia.
Sostenibilidad: cómo mover comportamientos en contextos de externalidades
Un segundo gran eje del workshop fue la sostenibilidad. Se presentaron trabajos sobre cooperación con externalidades de stock, a cargo del Marco Casari de la Universidad de Bolonia, inversión socialmente responsable, por parte de Peiran Jiao de la Universidad de Maastricht, emociones y apoyo a políticas climáticas por parte de Enrico Longo de la Universidad de Hamburg, y encuadres de co-beneficios en acción climática presentado por Ganga Shreedhar de la London School of Economics).
Este bloque refleja muy bien una de las aportaciones más valiosas de la economía conductual a la transición ecológica: mostrar que el problema no es solo de preferencias o de precios, sino también de atención, normas sociales, emociones y percepción de eficacia. En otras palabras, incluso cuando las personas están a favor de objetivos sostenibles, pueden no actuar en consecuencia si perciben que su contribución individual apenas importa, si reciben señales contradictorias o si los beneficios colectivos parecen demasiado abstractos o lejanos.
Las ponencias sobre inversión socialmente responsable, emociones y apoyo a políticas climáticas o climate empowerment apuntan todas en esa dirección: para avanzar en sostenibilidad no basta con ofrecer incentivos económicos correctos. También hay que entender cómo los individuos interpretan sus responsabilidades, cómo reaccionan a distintos marcos narrativos y hasta qué punto creen que otros —incluidos actores poderosos— harán su parte.
Esto tiene implicaciones muy concretas. En política pública, por ejemplo, ayuda a explicar por qué algunas medidas climáticas generan respaldo y otras resistencia. En empresa, permite repensar cómo comunicar estrategias ESG, movilizar a inversores y empleados, o diseñar decisiones colectivas en presencia de externalidades. La sostenibilidad, desde la óptica conductual, aparece así no solo como un problema tecnológico o regulatorio, sino también como un problema de coordinación humana.
Economía de género: identidad, normas y ambición profesional
La segunda jornada del EWBEE 2026 estuvo claramente orientada al tercer gran tema: la economía de género. El día comenzó con la conferencia “Managing Identity” de Katie Coffman (Harvard Business School), y siguió con una sesión dedicada a diferencias de género en autopromoción (Roel van Veldhuizen, Lund University), normas de género, familia y carrera profesional (Natalia Montinari, Universidad de Bolonia), atribución del mérito y la culpa (Lina Lozano, Burgundy School of Business), y creencias motivadas vinculadas a la desigualdad (Yiming Liu., WZB Berlin).
La combinación de estos trabajos resulta especialmente sugerente porque no trata el género solo como una variable descriptiva, sino como una dimensión profundamente conectada con la identidad, las expectativas sociales y la autopercepción. Preguntas como quién se autopromociona, quién pide consejo profesional, quién se atribuye el éxito o el fracaso, o cómo las normas familiares condicionan decisiones laborales son esenciales para entender por qué persisten desigualdades incluso cuando existen reglas formales de igualdad.
Desde esta perspectiva, la economía de género no se limita a documentar brechas salariales o de representación. También estudia los mecanismos conductuales que las sostienen: diferencias en confianza, exposición a normas sociales, sanciones implícitas, ambigüedad sobre el propio rendimiento o patrones de reconocimiento desigual. Eso hace que este campo sea especialmente relevante para organizaciones que quieran mejorar sus prácticas de selección, promoción y liderazgo.
Además, la elección de este eje temático subraya algo importante sobre el rumbo actual de la economía conductual: cada vez se interesa más por fenómenos estructurales y no solo por decisiones individuales aisladas. El género es un buen ejemplo de ello, porque permite ver cómo los sesgos y las normas operan dentro de instituciones —empresas, hogares, mercados laborales— y cómo esos mecanismos terminan agregándose en desigualdades persistentes.
Cómo entender mejor decisiones complejas
En conjunto, el EWBEE 2026 mostró una economía conductual madura, aplicada y ambiciosa. Una disciplina que ya no se limita a señalar que las personas no siempre son perfectamente racionales, sino que intenta entender cuándo, por qué y con qué consecuencias se apartan de ese ideal. Y, sobre todo, cómo ese conocimiento puede utilizarse para diseñar mejores organizaciones, mejores políticas y mejores entornos de decisión.
Si la edición de 2025 ayudó a mostrar cómo la economía conductual ilumina decisiones en el trabajo, los mercados y la democracia, la de 2026 añadió tres lentes especialmente relevantes para el momento actual: la influencia de la evidencia en una esfera pública saturada, la activación de conductas sostenibles en un contexto de urgencia climática, y el papel de la identidad y las normas en la desigualdad de género.
Profesor titular, Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad en Esade
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Profesora titular, Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad en Esade
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Profesora asociada, Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad
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