Elena Bou, de la academia a la empresa para impulsar la transición energética

La profesora de Esade, recientemente galardonada con el primer Nobel a la sostenibilidad, conversa con Do Better sobre la red de innovación europea que está haciendo despegar la energía verde.

Equipo Do Better

Elena Bou es profesora del Departamento de Dirección de Operaciones e Innovación de Esade y cofundadora de EIT InnoEnergy y recientemente ha sido premiada con el primer premio Nobel a la sostenibilidad. Otorgado por la Fundación Nobel Sustainability Trust y la Technical University of Munich, el galardón reconoce su labor en investigación y desarrollo de energía sostenible, y más concretamente, la contribución que la empresa EIT InnoEnergy ha tenido en la promoción de la energía verde entre las startups europeas. 

Desde que se incorporó a Esade en 1998, el viaje profesional de Bou no ha trascurrido en línea recta. Su carrera de investigación comenzó con la gestión del conocimiento cuando el cuerpo académico de innovación aún estaba por construir. Como cofundadora del grupo de investigación GRACO, actual Instituto de Innovación y Gestión del Conocimiento (IIK), fue una de las pioneras en impulsar la investigación sobre innovación.  

Un esfuerzo interdisciplinar 

A mediados de los 2000, la UE se encontraba frente a la llamada ‘paradoja europea’: era una región puntera en la creación de conocimiento, pero sin que ello tuviera una traducción práctica a la altura de la estadounidense. “A diferencia de EEUU, en Europa los focos de conocimiento están muy diseminados. Era necesario unificarlos en un clúster de innovación con un sistema de gobernanza eficiente y eficaz”, detalla Bou.  

Con aquel propósito, en 2007 codirigió un proyecto de investigación sobre energía sostenible y clima con el que la Comisión Europea pretendía sentar las bases para la futura transición energética. Para ello, era indispensable la colaboración entre ingenieros y científicos sociales, pues los primeros podían aportar el conocimiento técnico sobre nuevas soluciones sostenibles, pero desconocían los ámbitos de gestión e innovación.  

A diferencia de EEUU, en Europa los focos de conocimiento están muy diseminados

“Fue un viaje muy bonito y un reto, no solo por el resultado final, sino porque nuestras lógicas científicas eran totalmente distintas”, explica Bou, quien a menudo se esforzaba por traducir los entresijos del management en fórmulas matemáticas para asegurarse de que aquel grupo interdisciplinar de profesionales hablara el mismo lenguaje. 

El proyecto se centró en la investigación de redes de innovación, un campo a medio camino entre la estructura cerrada de la empresa y la naturaleza abierta del mercado al que, por aquel entonces, la teoría organizativa todavía no prestaba demasiada atención. Tras analizar 63 redes de innovación en energía, desarrollaron un modelo de gobernanza para impulsar la transición energética bajo el abrigo del recién formado Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT)

Los resultados de su modelo revelaban la necesidad de gestionar el ecosistema de innovación con el modo de gobernanza propio de una empresa. En EEUU, la gobernanza de estos ecosistemas era mucho más orgánica, ya que contaban con clústeres desorganizados pero localizados en un mismo espacio físico. En cambio, el reto en el caso de Europa era aplicar una gestión centralizada en un clúster europeo formado por nodos deslocalizados. El desenlace fue la creación de EIT InnoEnergy, una iniciativa única en su especie. “Al principio encontramos mucho escepticismo porque no existía nada así: un ecosistema de innovación gestionado por una empresa. Pero estábamos dispuestos a explorar, a arriesgar”, confiesa Bou. 

De la academia a la práctica 

Apostando por la innovación constante, EIT InnoEnergy empezó su recorrido explorando nuevas formas de management. Una de sus grandes apuestas fue un modelo de equity —en vez de cobrar por su servicio a las startups, la compañía participa con un porcentaje de las futuras gananciasen su apoyo a los fundadores de startups en fase inicial que asumen un gran riesgo. “El modelo de equity les indica que estamos con ellas en el riesgo que asumen”, afirma.  

Más allá de la financiación, la compañía aporta una hoja de ruta con objetivos progresivos. “Las 200 personas que trabajan en EIT InnoEnergy ayudan a los emprendedores a convertir su empresa en un unicornio [startups valoradas en más de mil millones de dólares], conquistando nuevos mercados y permitiéndoles sobrevivir", explica la profesora.  

Siguiendo esta lógica y su conocimiento de las redes de innovación europeas, con focos diseminados por todo el continente, EIT InnoEnergy es capaz de conseguir que una startup energética despegue en tiempo récord. Rápidamente puede determinar el potencial de un emprendedor sueco que busca generar energía a partir de las olas, conectarlo con Portugal para realizar su prueba piloto, traer la tecnología requerida de una universidad polaca y encontrar trabajadores especializados a través de su servicio de acceso al talento. 

EIT InnoEnergy nació de un proyecto de investigación y está dando resultados en el mercado de la energía verde

Tras ayudar a 500 startups del sector de la energía verde, hoy su portafolio de inversión está compuesto por 185 compañías, con una tasa de supervivencia del 92% y 4 de ellas se han convertido en unicornios. Ante todo, Bou destaca la capacidad de estas empresas para reducir la huella de carbono europea. El porfolio de EIT InnoEnergy tiene potencial para contribuir a una reducción de 1,1 gigatoneladas anuales de emisiones de CO2 a partir del 2030 (las emisiones del conjunto de la UE fueron de 3,3 gigatoneladas en el año 2021). 

“Lo bonito es que fue algo que simplemente decidimos probar. Surgió en el campo de la investigación, se ha ejecutado excelentemente y está dando resultados”, afirma Bou. En la actualidad, siguen recurriendo a sus raíces en la academia para responder a las necesidades prácticas que encuentran en el día a día. Por ejemplo, la profesora explica que lanzaron un proyecto conjunto con Esade para detectar las competencias de emprendimiento necesarias para los fundadores de startups energéticas lo que ha facilitado la formación de equipos complementarios, un aspecto clave para el éxito de estas empresas en fases tempranas. 

Hacia un cambio global 

El año 2023 ha sido el más cálido de la serie histórica. En noviembre, se llegó a superar durante unos días la barrera de 2°C por encima de los niveles preindustriales. Esto no significa que ya hayamos fracasado en cumplir los objetivos del Acuerdo de París, pero sí es un recordatorio de lo cerca que nos encontramos. “Todo a nuestro alrededor nos dice que tenemos un problema y, aun así, este ha sido el año en que más CO2 hemos emitido a nivel mundial”, resalta Bou. 

"Sin embargo, somos optimistas, porque la innovación está muy presente. Desde 2010 se han multiplicado por 4 las compañías que trabajan sobre climate tech. Hay personas muy inteligentes y con muchas ganas asumiendo el papel de emprendedor para solventar el problema”, matiza. El gran reto, sin embargo, es escalar las soluciones tecnológicas.  

Las transiciones energéticas impulsan nuevos modelos económicos y nuevos valores

Tenemos un problema de implementación. La tecnología existe, pero al mercado no le salen los números”, señala Bou. Pese a ello, los países de la UE se encuentran en una posición privilegiada para acelerar el cambio. “La regulación actual en Europa permite que, si los países miembros quieren avanzar en la transición energética, dispongan de los objetivos, los instrumentos y la financiación. Todas las condiciones están a favor”, insiste. 

A ojos de Bou, cada transición energética a lo largo de la historia ha venido acompañada de un modelo económico distinto y unos valores que se transforman. “La energía es los pulmones de la sociedad”, incide. El cambio de mentalidad debe producirse “no solo en las instituciones académicas, sino en toda la comunidad de gestores”.  

En este sentido, operaciones y diseños de producto que hasta el momento se habían realizado pensando en la manufactura o el consumo deben dirigirse hacia la reciclabilidad y los principios de una economía limpia. “O empezamos a verlo todo de una manera distinta, con un nuevo modelo económico y unos valores diferentes, o nos cargamos nuestra supervivencia. Es difícil encontrar un mejor incentivo que ese”, sentencia la profesora. 

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