Por qué las empresas divididas apuestan por presidentes recién llegados
Cuando los consejos de administración están fragmentados por facciones internas, la elección de su liderazgo pasa a ser una cuestión de compromiso. Un nuevo estudio explica por qué las empresas optan por presidentes con poca antigüedad en el consejo.
Después de que Elon Musk se viera obligado a dejar la presidencia del consejo de Tesla en 2018, numerosos expertos en gobierno corporativo defendieron que la compañía necesitaba una figura completamente nueva al frente del órgano.
Para algunos observadores, solo alguien sin vínculos con Musk ni con sus rivales dentro del consejo podría estabilizar la situación. Pedían una persona “sin equipaje”, capaz de liderar desde una posición de neutralidad. Sin embargo, la influencia de Musk siguió siendo decisiva. En lugar de elegir a un perfil externo, el consejo acabó nombrando a un consejero ya existente y leal al fundador. El episodio mostró hasta qué punto incluso los consejos más visibles tienen dificultades para designar a su presidente cuando existen facciones enfrentadas.
Comprender cómo se toman este tipo de decisiones es el objetivo de un estudio reciente de Robert Langan (Esade), Ryan Krause (Universidad de Iowa) y Markus Menz (Universidad de Ginebra/IMD), publicado en el Journal of Management. Los autores analizaron 2.199 nombramientos de presidentes del consejo en empresas del índice S&P 1500 entre 2001 y 2017.
Su propósito era identificar qué fuerzas determinan quién acaba ocupando la presidencia del consejo y por qué, especialmente en aquellos casos en los que la persona elegida es una recién llegada al órgano.
Los resultados muestran que los factores que influyen en estas decisiones no siempre son evidentes y que, además de la experiencia, intervienen elementos como la política interna, la competencia entre facciones y la influencia del CEO.
¿Por qué elegir a un presidente que apenas conoce la empresa?
El papel del presidente del consejo es clave para el buen gobierno corporativo. Es quien orienta la estrategia, fija prioridades, representa a la empresa ante accionistas y otros grupos de interés y gestiona la interacción entre los consejeros. Lo habitual es asumir que esta figura debe contar con un profundo conocimiento de la empresa y un amplio dominio del funcionamiento interno del consejo. En las compañías del S&P 500, los presidentes independientes suelen acumular una media de 7,3 años como miembros del consejo antes de ser promovidos.
El nombramiento de un presidente recién llegado suele ser el resultado de divisiones profundas dentro del consejo
Sin embargo, el 13 % de estos presidentes independientes son recién llegados que han formado parte del consejo durante menos de un año. Un dato sorprendente. “Un presidente recién llegado puede saber muy poco sobre cómo funciona el consejo y cuáles son los puntos fuertes y débiles de sus miembros”, explica Langan. La falta de familiaridad con las dinámicas internas de la empresa suele considerarse una desventaja importante.
¿Por qué, entonces, un consejo optaría por alguien con un conocimiento tan limitado de la compañía y de su sistema de gobierno? Los hallazgos de Langan indican que, lejos de ser un descuido o un fallo de diligencia, estos nombramientos suelen ser el resultado de divisiones profundas dentro del propio consejo.
Un consejo dividido no puede elegir desde dentro
Como cualquier grupo, los consejos de administración pueden fragmentarse en subgrupos en función de características demográficas como el género, la edad, la nacionalidad o la trayectoria profesional. Cuando se forman alianzas internas y cada subgrupo defiende creencias distintas, las tensiones aumentan.
La falta de lealtades hacia los grupos existentes hacen de estas personas una solución de compromiso viable
Si ningún subgrupo tiene suficiente poder para imponerse al resto, elegir a un presidente entre los propios consejeros se vuelve políticamente complicado. Sea quien sea el candidato interno, siempre existirá la percepción de que favorecerá a un grupo frente a otro.
En este contexto, un presidente recién llegado resulta una opción más atractiva. Tal como explica el estudio, estas personas suelen ser elegidas porque tienen “menos lealtades hacia los subgrupos existentes”, lo que las convierte en una solución de compromiso viable. Cuanto más profundas son las divisiones entre subgrupos, más rígido es el bloqueo y mayor la probabilidad de que se nombre a alguien externo como presidente.
Es como una familia en la que los hermanos discuten sobre quién debe heredar el negocio familiar: incapaces de ponerse de acuerdo, deciden entregarlo a un primo para evitar el conflicto.
El peso del CEO
Cuando el CEO concentra un poder significativo, puede inclinar al consejo hacia su candidato preferido. Esto es lo que ocurrió tras la salida de Musk como presidente del consejo. Como señala Langan, “un CEO poderoso puede ejercer su influencia sobre el consejo y decantar la balanza a favor de su opción”.
Por el contrario, cuando el CEO tiene menos peso —por un mal desempeño, una trayectoria corta o una credibilidad menguante—, las facciones del consejo tienden a quedar bloqueadas, lo que aumenta la probabilidad de que se opte por un presidente recién llegado.
Por qué importa el rendimiento de la empresa
Otro hallazgo relevante es que los presidentes recién llegados son más frecuentes en periodos de buen desempeño empresarial. ¿La razón? Los buenos resultados aumentan el atractivo y el prestigio del cargo. Liderar una empresa exitosa resulta tentador, y los subgrupos compiten con más intensidad por situar a alguien afín a sus intereses. A medida que la competencia se intensifica, el consenso se vuelve más difícil y el consejo acaba optando por una figura que no represente una amenaza clara para ninguna de las partes.
“Un desempeño positivo de la empresa puede ofrecer un terreno fértil para los subgrupos… aumentando la relevancia de sus diferencias”, apunta el estudio.
En cambio, cuando la empresa atraviesa dificultades, los subgrupos suelen evitar asumir responsabilidades por posibles fracasos. Nadie quiere ser señalado como responsable de haber llevado a la compañía por el camino equivocado, lo que reduce los incentivos para disputarse el liderazgo. Como consecuencia, las condiciones que suelen propiciar el nombramiento de presidentes recién llegados son menos frecuentes en épocas de crisis.
Analizar el gobierno corporativo
La designación de un presidente recién llegado no es sinónimo de un fallo en el gobierno corporativo. Pero sí indica la existencia de tensiones internas que hacen del compromiso la opción más cómoda. Estas figuras pueden calmar conflictos, preservar relaciones y permitir que el consejo siga funcionando sin agravar las divisiones internas. “El nombramiento de un presidente recién llegado puede ser una solución de compromiso para un consejo dividido incapaz de alcanzar un consenso”, concluyen los investigadores.
Las empresas deberían plantearse preguntas relevantes. A medida que los consejos se vuelven más diversos —y, por tanto, más heterogéneos en experiencia y perspectivas—, es probable que las coaliciones internas sean cada vez más comunes. La complejidad de las dinámicas políticas, lejos de reducirse, puede aumentar. ¿Se convertirá el liderazgo de compromiso en una característica habitual del gobierno corporativo en los próximos años? ¿O la influencia de CEOs poderosos acabará moldeando, o incluso imponiéndose, en las decisiones de sucesión?
Las respuestas a estas preguntas marcarán en gran medida el futuro del liderazgo empresarial. Los recién llegados pueden ser una solución de compromiso como candidatos, pero también ayudan a las empresas a entender cómo se entrelazan poder, política y desempeño en los niveles más altos de toma de decisiones.
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