Las empresas también desempeñan un papel en la paz mundial
El Día Internacional de la Paz se celebra el 21 de septiembre desde 1981. La ONU estableció esta jornada para fortalecer los ideales de la paz y está designado como un día de no violencia y alto el fuego.
En 2023, el Día Internacional de la Paz coincide con la cumbre de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que se celebra en el ecuador del plazo fijado por la ONU para alcanzar sus 17 Objetivos con los que se pretende atajar las causas de la pobreza, los conflictos violentos, las violaciones de los derechos humanos, el cambio climático y la degradación del medio ambiente. En 2015 los líderes mundiales adoptaron los ODS, que se quieren alcanzar antes de 2030.
Después de más de 40 años de celebrar eventos anuales para promover la paz, y ahora que estamos a siete años de la fecha límite para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ¿en qué medida está el mundo más cerca de alcanzar la paz y la armonía?
“La paz es más necesaria que nunca”, ha declarado el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres. “La guerra y los conflictos están provocando devastación, pobreza y hambre, y desplazando a decenas de millones de personas de sus hogares”.
“El caos climático afecta a todo el planeta. Incendios mortales, intensas inundaciones y temperaturas sofocantes. Pobreza, desigualdades e injusticias. Desconfianza, división y prejuicios. E incluso los países en los que reina la paz se ven sacudidos por enormes desigualdades y polarización política”.
Las dos caras de la misma moneda
Es un panorama desalentador. Y la polarización política de la que habla Guterres está muy extendida, tal vez ahora más que nunca, gracias a la omnipresencia de Internet y al anonimato que permite difundir desinformación a los actores de mala fe. En el panorama del mundo digital del siglo XXI, prosiguen con furia las guerras ideológicas que se libran en Internet en contra de las vacunas, los derechos de los transexuales, los derechos reproductivos y el derecho a la vida de los refugiados, un derecho humano básico.
“En algunos temas, vamos hacia atrás”, observó Dennis Francis, presidente de la 78ª sesión de la Asamblea General de la ONU, en un acto celebrado para conmemorar el 42º aniversario del Día Internacional de la Paz.
“Sabemos que el desarrollo sostenible y la paz sostenible son dos caras de la misma moneda”. Una no es posible sin la otra. Por lo tanto, no es de extrañar que muchos países en situaciones de vulnerabilidad, o en escenarios posteriores a conflictos, sean los que van más retrasados para alcanzar los ODS.
“Sabemos que cuando persiste la pobreza, cuando se niega la educación, cuando las mujeres y las niñas se enfrentan a abusos, violencia y discriminación o cuando el cambio climático arrasa países enteros en un suspiro, hay más posibilidades de que haya conflictos e inestabilidad”.
“En cambio, cuando se hacen inversiones en desarrollo sostenible, actuaciones contra el cambio climático, igualdad de género y empoderamiento femenino, y políticas para la juventud basadas en evidencias, se nos ofrecen las herramientas más poderosas que tenemos para prevenir los conflictos, adelantarnos a ellos y construir la paz”.
La colaboración público-privada
Para Cristina Gallach, que ocupó el cargo de alta comisionada del Gobierno para la Agenda 2030, hay otra prioridad en cuanto a la inversión: la colaboración público-privada.
En su intervención en “ODS16 - Paz, Justicia e Instituciones sólidas: el rol de la empresa”, un evento conjunto realizado por la Fundación Tellus Herbert Smith Freehills y EsadeGeo el pasado junio en Madrid, Gallach hizo hincapié en la necesidad de que exista una colaboración eficaz para alcanzar el 16º ODS: Paz, justicia e instituciones sólidas.
El Objetivo de Desarrollo Sostenible 16, afirmó, “representa un avance muy importante a nivel mundial, ya que establece un vínculo directo entre paz y justicia y desarrollo”.
“Si conseguimos superar la pandemia, ha sido gracias a la colaboración público-privada para desarrollar la vacuna”, dijo. “Si la economía no se vino abajo, fue porque hubo un extraordinario apoyo público a las empresas”.
“Más allá de ser proveedores de servicios o productos, las empresas deben constituirse como actores públicos. Y el sector público ha de prestar mucha más atención a cómo estructurar diálogos sobre temas importantes para el tejido económico y empresarial”.
El bien común
Francisco Longo, profesor del Centro de Gobernanza Pública de Esade (Esade Gov), se muestra de acuerdo. En su intervención en el mismo acto, observó que el ODS 16 “supera a los gobiernos, pues incluye a muchos más actores de los que dependen la calidad de la toma de decisiones que afectan a una sociedad”.
Pero advirtió que es necesario superar los intereses contrapuestos de las instituciones públicas y privadas por el bien común a escala mundial.
“Es un debate poco desarrollado y poco trabajado en España, pues no se resuelve únicamente a través del discurso de la Responsabilidad Social Corporativa”, afirmó.
“Sino que debemos abordar cómo articular lo público y lo privado en una democracia avanzada. De lo contrario, nuestra gobernanza se resentirá porque no seremos capaces de multiplicar el impacto de las inversiones públicas en nuestra sociedad”.
Las partes interesadas en el desarrollo sostenible
Según el Instituto de las Naciones Unidas para la Formación Profesional y la Investigación (UNITAR), el desarrollo económico es una base importante para la paz y el sector privado puede contribuir a la paz promoviendo activamente su consolidación.
“El mundo de la empresa, mediante el compromiso consciente y la promoción activa del diálogo, desempeña un papel importante tanto en el desarrollo económico como en los trabajos de estabilización en contextos vulnerables”, declara UNITAR.
“Las empresas deberían estar consideradas (y también considerarse a sí mismas) como partes interesadas en el desarrollo sostenible, aunque su condición de entes comerciales puede hacer que les resulte difícil participar en una labor de desarrollo de largo alcance como tal”.
“Adoptar prácticas y valores empresariales sostenibles y responsables no es simplemente algo complementario para que una empresa tenga éxito a largo plazo, sino un requisito previo”.
“La actividad principal de la empresa y la forma en que se lleva a cabo es su contribución más importante, no solo por ser una fuente de financiación, innovación, creación de empleo y crecimiento, sino por cómo afecta en temas de estabilidad y gobernanza, como la lucha contra la corrupción, la paz y la seguridad, y el Estado de Derecho”.
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