Minimalismo y empoderamiento: nuevos escenarios en la economía digital

Por Liliana Arroyo

Es evidente que la pandemia ha reforzado el papel las herramientas digitales. El consumo de internet se ha duplicado y el volumen de almacenamiento en la nube o el ecommerce [1] ha progresado en unos meses lo que pronosticaban los mejores escenarios a tres o cuatro años vista.

Las medidas de distanciamiento social y confinamientos han validado el trabajo en remoto y han sostenido el tejido empresarial digitalizable. Según McKinsey, sectores esenciales como educación o salud han pasado del 2% de teletrabajo al 36% [2].

La necesidad ha situado a las plataformas como línea de vida, aunque el debate social en torno a las big tech muestra que el 60% dudamos que nuestros datos estén seguros en manos de empresas tecnológicas y tampoco confiamos que sea posible regularlas (según el Barómetro de Confianza de Edelman). El debate de las apps de rastreo de contactos durante la primavera ha sido quizá el de mayor alcance alrededor de estas cuestiones. Y a nivel legislativo algo está cambiando: en octubre, tanto Europa como Estados Unidos anunciaron que tienen a los grandes monopolios tecnológicos en el punto de mira.

Las medidas de distanciamiento social y confinamientos han validado el trabajo en remoto y han sostenido el tejido empresarial digitalizable

Así pues, tenemos por un lado una gran dependencia de las herramientas digitales y, por el otro, la falta de convicción sobre la idoneidad de la oferta disponible tanto en términos económicos como en cuanto a gestión de datos y privacidad. La población es cada vez más consciente de esta tensión, y si bien una parte importante optará por la conveniencia, es cierto también que se abren nuevos escenarios para apostar por una economía digital transparente, confiable y que pone a los usuarios en el centro.

La buena noticia es que ya existen alternativas en términos de software, servicios de almacenamiento en la nube, buscadores y navegadores de internet, mensajería, movilidad o pasarelas de pago. Lo que tienen en común es que han superado la visión orientada a la monetización de datos personales a espaldas de los usuarios. Proponen, por ejemplo, el acceso a la información como servicio, que normalmente incorporan la privacidad desde el diseño y el minimalismo de datos.

Personal data stores
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Esta práctica de recoger solo los datos indispensables responde, por un lado, al respeto por los usuarios, pero también por una cuestión de contener gastos. Recoger y almacenar grandes cantidades de datos ya es muy costoso, sin contar después la necesidad de talento para pulirlos y analizarlos. Los detalles de estos ejemplos se recogen en el informe Business models for trust and transparency [3].

Otra tendencia apunta al cambio de visión de los usuarios como agentes pasivos y meros sujetos, abriendo un abanico de posibilidades desde el prisma del empoderamiento a partir de los propios datos. Se han desarrollado varias formas de ecosistemas de datos personales, a modo de bancos de información a partir de los que la persona puede decidir a quién vende su información, por cuánto tiempo y a qué precio.

Se abren nuevos escenarios para apostar por una economía digital transparente, confiable y que pone a los usuarios en el centro

En My data, my rules hemos ido más allá, buscando opciones de cesión activa de datos que se orientan a un beneficio colectivo. Hemos encontrado cooperativas de datos en el ámbito de la salud, con el propósito de apostar por la medicina personalizada.

Esta oportunidad de una medicina más precisa solo es posible con bases de datos enormes y con información muy completa de cada persona (desde el ADN a sus hábitos de consumo). Conseguir la confianza de los pacientes es fundamental y crítica, pues los historiales médicos contienen datos altamente sensibles.

Desde el enfoque cooperativo, en cambio, los datos se mutualizan, convirtiéndose en un recurso colectivo. La cooperativa ofrece un entorno protegido donde la donación de los datos es una práctica regular, ofreciendo condiciones de seguridad para pacientes, y muestras y datos de calidad para los investigadores. Los incentivos de los pacientes incluyen la mejora de la privacidad pero también les aventaja en el acceso a nuevos tratamientos.

Lo que revelan ambos informes, y los más de 20 casos analizados que se recogen en ellos, es que generar modelos de negocio transparentes y confiables es viable económicamente. Y si además se cambia la visión de los datos como recurso explotable por la perspectiva de los datos como palanca de innovación, se desbloquean infinitas oportunidades económicas y sociales, incluso a nivel de política pública.

Referencias

[1] IAB Spain - Estudio anual de ecommerce 2020

[2] McKinsey & Company - The Covid-19 recovery will be digital: A plan for the first 90 days

[3] Realizado por el Instituto de Innovación Social y financiado por la Digital Future Society

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