¿Qué se puede esperar de la OTAN tras la cumbre de Vilna?
En la cumbre de julio de 2023 de la OTAN se abordaron algunos temas cruciales en cuanto a la seguridad mundial. Pero, ¿qué ha cambiado desde la cumbre de 2022? ¿Supone el futuro de la defensa replantearse los sistemas políticos predominantes en Occidente?
La cumbre de la OTAN celebrada en Madrid en 2022 se clausuró con un compromiso con la defensa mundial ante “la situación de seguridad más grave en décadas”. Un año después, cuando Lituania asume por primera vez el papel de anfitrión, no parece haber cambiado mucho en el orden mundial.
Es cierto que ha habido algunas noticias positivas. Finlandia se adhirió oficialmente a la OTAN en abril de este año y su ubicación geográfica es un activo estratégico clave en la alianza contra la agresión rusa. Y ahora la solicitud de adhesión de Suecia ha sido finalmente desbloqueada después de un prolongado bloqueo por parte de Turquía.
Se levanta el veto
Las esperanzas de que se levantara el veto a Suecia se habían desvanecido al ser reelegido este año el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan que, según el investigador sénior de EsadeGeo, Juan Moscoso del Prado, sigue acumulando poder y, con ello, provocando un “deterioro de la democracia, las instituciones y las libertades”.
Moscoso del Prado continúa diciendo: “Turquía es un actor geopolítico clave por su situación geográfica y sus intervenciones”. Mientras que, por lo que se refiere a la OTAN, afirma: “Turquía no ha dejado de cumplir sus obligaciones, pero no participa con mucha determinación en el terreno político”.
Sin embargo, Erdoğan acabó garantizando el acceso de Suecia en la víspera de la cumbre. Oficialmente, tras este inesperado movimiento se encuentran las promesas de Suecia para reforzar las medidas contra los movimientos kurdos que Turquía etiqueta como terroristas. La agencia estatal turca también publicó que los Estados Unidos apoyarán la provisión de cazas F-16 a Ankara, y la UE ha acordado ciertas concesiones respecto a los viajes sin visado y las aduanas.
Apoyo sí, pero no un trato especial
“La agresión rusa ha hecho que los ejecutivos europeos despertasen de un largo periodo de ensimismamiento y ensoñación pacifista”, observa José M. De Areilza Carvajal, profesor del Departamento de Dirección General y Estrategia de Esade.
“Pero todavía está casi todo por hacer y la UE sigue sin tener capacidad en el ámbito de la seguridad y la defensa al margen de la OTAN.”
Lo que ha hecho la OTAN, dice, es implementar “el mayor refuerzo de la defensa colectiva de la Alianza Atlántica en una generación.” Pero hay un país que ahora mismo no está en sus filas, y es el que más defensa necesita: Ucrania
La retórica es de apoyo a Ucrania, pero no hay garantías de una vía de acceso rápida
Junto a Turquía, como era de esperar, las perspectivas de Ucrania para entrar a formar parte de la OTAN han sido otro de los protagonistas de la cumbre.
El país asediado presentó su solicitud formal para entrar en la OTAN en septiembre de 2022. Y, aunque los aliados de la OTAN están de acuerdo en que se concederá la adhesión a Ucrania, no es algo que vaya a suceder pronto: “La retórica ahora mismo es de apoyo a Ucrania, pero no se han dado garantías explícitas de una vía rápida”, afirma Ángel Saz-Carranza, director de EsadeGeo.
¿Necesitamos un nuevo orden mundial?
Pero según Alejandro Santana Mariscal, colaborador académico del Departamento de Sociedad, Política y Sostenibilidad de Esade, centrarse en la defensa no es una solución a largo plazo. En lugar de ello, dice, deberíamos orientar los esfuerzos a coordinar la estabilidad.
“¿Qué tipo de orden internacional queremos, si tenemos en cuenta los conflictos o guerras que estamos presenciando y las rivalidades políticas de algunos países por el liderazgo económico y político mundial?”, se pregunta.
“La coordinación entre los miembros de la OTAN, no sin diferencias en la forma de proceder entre sus miembros, muestra que hay una voluntad política de evitar conflictos como el de Rusia y Ucrania para mantener un orden mundial estable.
“De hecho, organismos internacionales, como es el caso de la Organización Mundial de la Salud, son una evidencia de la importancia que tiene establecer mecanismos de coordinación entre los países para resolver problemas globales y mantener una relativa estabilidad en el mundo.”
La perspectiva de una guerra fría no ideológica
La OTAN creció al calor de la Guerra Fría protagonizada por dos actores hegemónicos, Estados Unidos y la Unión Soviética. A diferencia de aquel mundo bipolar en el que todo giraba alrededor de dos superpotencias, hoy enfrentamos un mundo multipolar donde los centros de poder están más dispersos.
“A pesar de esa diferencia, existe un gran debate sobre la posible reedición de la Guerra Fría, ya que las tensiones existentes entre China, Rusia y Estados Unidos por la hegemonía mundial lo sugieren”, afirma Santana.
“Aun así, considero que las confrontaciones entre esos actores se deben más a una necesidad de tener mayor influencia y poder en el tablero internacional que una verdadera confrontación ideológica. La Guerra Fría se caracterizó por una clara confrontación de ideas de un modelo de vida contra el otro: capitalismo contra socialismo o comunismo”.
“En cambio, la rivalidad de las grandes potencias actualmente se centra en demostrar cuál es el mejor modelo de gobierno para dar continuidad al sistema capitalista: democracia o autoritarismo”.
Sea como fuere, cuando se trata de las relaciones económicas y de seguridad entre Estados, la frontera en los regímenes democráticos y los autoritarios tiende a difuminarse fácilmente.
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