Por qué el capital riesgo sigue sin financiar a las mujeres — y cómo cambiar esa situación
El capital riesgo dice premiar el mérito, pero la financiación para fundadoras sigue siendo escasa. Una nueva investigación revela cómo el sesgo oculto condiciona las decisiones y qué pueden hacer las firmas para cambiarlo.
El capital riesgo (VC, por sus siglas en inglés) se presenta como un entorno meritocrático. Sin embargo, a pesar de la mayor conciencia sobre diversidad, equidad e inclusión (DEI), el sector sigue estando dominado por hombres en Europa. Solo alrededor del 2 por ciento de la financiación en fases tempranas la obtienen equipos fundadores compuestos exclusivamente por mujeres. Y entre 2011 y 2021, solo una de cada 10 personas fundadoras financiadas en Europa era una mujer. Estas cifras, obstinadamente bajas, contrastan de forma llamativa con el crecimiento y la ambición del ecosistema emprendedor en su conjunto.
El capital que llega a los equipos mixtos va en aumento, pero queda mucho camino por recorrer para alcanzar una verdadera igualdad en la financiación europea de VC.
Un estudio reciente de Chiara Andreoli y Leonora Buckland, del Esade Center for Social Impact, junto con Ody Neisingh, de Equinox Equality Experts, investigó por qué las mujeres reciben tan poca financiación en comparación con sus pares masculinos. El estudio analizó seis firmas europeas de VC y reveló en qué medida el sesgo de género sigue influyendo en las decisiones de inversión, aunque de formas sutiles e inconscientes. Esto restringe el flujo de capital hacia proyectos con alto potencial de valor.
El punto ciego del capital riesgo
Los inversores de capital riesgo suelen asumir que son objetivos cuando evalúan la calidad de un equipo y su capacidad de ejecución. Buckland afirma: “Descubrimos que los propios profesionales de la inversión a menudo tienen dificultades para identificar en qué momento el sesgo entra en el proceso.”
Los sesgos tienden a acumularse a lo largo del ciclo de inversión. El sesgo oculto puede condicionar de forma inconsciente las decisiones sobre qué fundadoras se buscan, cómo se interpretan los pitches y cómo se analizan los riesgos y las oportunidades.
El sesgo en los negocios no es nuevo. Sus distintas formas están ampliamente documentadas. El sesgo de afinidad puede aparecer en redes muy cohesionadas y habitualmente dominadas por hombres, lo que puede llevar a los inversores a favorecer inconscientemente a fundadores que se parecen a ellos mismos. Los estereotipos que definen al ‘emprendedor típico’ también persisten. La caracterización compartida de un fundador de éxito suele ser alguien muy competitivo, dispuesto a asumir riesgos —rasgos interpretados tradicionalmente como masculinos. Quien busca financiación sin mostrar esas características puede pasar desapercibido.
Otros sesgos ocultos que pueden perjudicar a las mujeres incluyen la idea de que la maternidad puede afectar al compromiso a largo plazo de una mujer con un proyecto. Existe también el sesgo de confirmación, que lleva a los inversores a sentirse más cómodos con señales y patrones que refuerzan sus decisiones pasadas, en lugar de estar abiertos a oportunidades que las cuestionen. Así, el sesgo es difícil de ver y también de evitar.
No es solo el sesgo, es el sistema
Una aportación clave de la investigación es ir más allá del comportamiento individual y examinar el sistema más amplio en el que opera el capital riesgo. El sesgo no es solo una cuestión de actitudes personales; está incrustado en estructuras, normas y expectativas que se extienden mucho más allá de cualquier firma concreta. La investigación también ayuda a arrojar luz sobre el sistema en el que funciona el capital riesgo.
Como explican los autores, las firmas de capital riesgo están influidas por múltiples factores. Las concepciones arraigadas en la sociedad sobre los roles de género, los estereotipos y las desigualdades determinan quién tiene acceso al emprendimiento desde el principio. Por ejemplo, solo una de cada tres personas graduadas en STEM en Europa es mujer, lo que limita el grupo de fundadoras en los sectores que atraen mayor inversión.
El sector del capital riesgo sigue estando dominado por inversores masculinos, y su cultura premia habitualmente la toma de decisiones audaz y ambiciosa. Esto deja fuera a los perfiles más cautos y aversos al riesgo, aunque presenten propuestas sólidas y basadas en evidencia.
Si nos centramos en el nivel de cada firma, los procesos internos pueden mitigar o amplificar los efectos del sector. Y es importante tener en cuenta que las firmas de VC no solo son moldeadas por el sistema, sino que también contribuyen a moldearlo. “Las firmas de VC son actores dinámicos dentro de este sistema más amplio”, afirma Andreoli. “A quienes decidan financiar dará forma a la sociedad del mañana.”
Para tranquilidad de todos, Andreoli señala que las firmas de VC analizadas “muestran un compromiso genuino con el progreso”. Y los beneficios van más allá de la inclusión.
Por qué los inversores deberían preocuparse
Abordar el sesgo de género no es solo una cuestión de justicia; tiene consecuencias en el rendimiento. “Los inversores de VC reconocen que la falta de representación en la toma de decisiones puede reforzar las desigualdades estructurales”, afirma Buckland.
Crece también el reconocimiento de que los equipos diversos pueden mejorar el rendimiento financiero, ayudar a identificar nuevas oportunidades de mercado y, así, construir negocios más resilientes. Los inversores entrevistados también señalaron la fuerte presencia de fundadoras en sectores con impacto social y medioambiental, áreas que son cada vez más importantes para la creación de valor a largo plazo.
Cinco palancas para cambiar el sistema
Los VC tienen que ser conscientes, ante todo, de que el sesgo de género existe. Esta es la primera ‘palanca’ del marco para mitigarlo. Implica formación y reflexión continua en toda la organización. “Detectar el sesgo de género no es un ejercicio de sí o no”, afirma Buckland.
La segunda palanca es el compromiso del liderazgo. Se dice comúnmente que el cambio empieza desde arriba. Los líderes desempeñan un papel fundamental a la hora de establecer prioridades y crear una cultura en la que la inclusión importa.
La tercera palanca se centra en la diversidad de género y la cultura inclusiva. Las firmas con equipos más diversos tienden a estar más abiertas a diferentes perspectivas y son más propensas a financiar a un abanico más amplio de fundadores. Contratar mujeres de forma intencionada puede contribuir a resolver la escasa presencia femenina en los puestos de VC.
La cuarta palanca implica transformar el propio proceso de inversión. Esto significa estandarizar los criterios de evaluación y buscar activamente a emprendedores infrarrepresentados. Pequeños cambios en el proceso pueden reducir los juicios subjetivos.
La quinta palanca se extiende al ecosistema más amplio. Participar en redes, apoyar a fundadoras y colaborar con otros actores puede ayudar a generar impulso para el cambio en todo el sector.
Un progreso lento, pero con impulso real
No cabe duda de que existen dificultades, pero como señaló una de las personas entrevistadas, “en cuanto a la diversidad de género en el VC… el cambio está ocurriendo, aunque despacio”. Los factores estructurales, las normas arraigadas y la resistencia al cambio siguen limitando el ritmo de la transformación.
La creciente conciencia de que la diversidad puede traducirse en ventaja competitiva está llevando a algunas firmas a ver su compromiso con la inclusión como una forma de diferenciarse, atraer mejor talento y acceder a nuevas oportunidades. Este cambio de mentalidad podría resultar decisivo para el progreso futuro.
Sabemos que el sesgo existe, pero ¿está el sector dispuesto a hacerle frente? Como muestra la investigación, las herramientas para hacerlo ya están disponibles. Lo que queda por ver es la voluntad de utilizarlas y de replantear los sistemas que han definido durante mucho tiempo el capital riesgo.
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