La guerra de las subvenciones: ¿Quién gana en la batalla de las renovables?

La lucha contra el cambio climático requiere profundas transformaciones en los sectores de la energía y la industria. Hay quien teme que estas políticas sean demasiado proteccionistas y perjudiquen a la competitividad.

Equipo Do Better

Estados Unidos se ha comprometido a destinar cerca de 390 000 millones de dólares EE. UU. a programas sobre el clima, la mayoría en forma de subvenciones a disposición tanto de consumidores individuales como de empresas

Es un cambio de postura radical del país responsable de emitir 44000 millones de toneladas de C02 (el segundo después de China, con 9900 millones de toneladas). Cuando Donald Trump retiró a EE. UU del Acuerdo de París contra el cambio climático en 2017, fue elogiado por muchos otros políticos. Era una decisión coherente con la reticencia de EE. UU. a comprometerse con las tecnologías verdes o la transición a una economía neutra en emisiones de carbono. 

Apropiarse del mercado verde 

Pero fue una decisión cortoplacista. Mientras Estados Unidos se volcaba de lleno en los combustibles fósiles, China se ponía a la cabeza de la industria de las energías renovables. El país asiático ha invertido 100 000 millones de dólares EE. UU. durante los últimos diez años, lo que ha hecho que su cuota de mercado haya aumentado del 16% en 2005 al 28% en 2021.  

En la actualidad, la administración respetuosa con el medio ambiente de Biden está esforzándose por ponerse al día. Tras la pandemia del covid y la invasión rusa de Ucrania, ha quedado en evidencia la importancia de diversificar las cadenas de suministro para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y sus volátiles precios. 

Las subvenciones ecológicas previstas en la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) de 2022 de EE. UU. son un intento de hacer precisamente eso. Y, aunque los consumidores individuales recibirán incentivos para ser ecológicos, los grandes beneficiados son los fabricantes.  

Legislación histórica 

Grandes empresas como Audi, Mercedes-Benz Group, Volkswagen y BMW han anunciado sus planes de trasladar la producción a EE. UU. para aprovechar las subvenciones de la IRA. Tesla ha retirado una solicitud de ayudas estatales alemanas por valor de más de 1000 millones de euros para poder trasladar su planta de baterías de la UE a EE. UU. Y la UE ha perdido frente a California en la lucha por el negocio de Ecocem, ya que el productor irlandés de cemento bajo en carbono ha duplicado su inversión en dicho estado norteamericano. 

La IRA es la legislación climática más importante que ha habido jamás en los Estados Unidos”, comenta en un podcast Do Better de Esade Samantha Gross, directora de la Energy Security and Climate Initiative de la Brookings Institution en Estados Unidos.  

“Es bastante diferente de lo que está haciendo la Unión Europea, por razones básicamente políticas. En los Estados Unidos, no es posible hacer una política climática al estilo europeo, centrada en la regulación y en el sistema de comercio de emisiones de la UE. No tenemos los votos suficientes para aprobar una medida de este tipo en los Estados Unidos; el único instrumento disponible para nosotros son las subvenciones.” 

La frustración de los mercados 

Pero a pesar de los beneficios que aporta la ecología a escala mundial, no todo el mundo está contento.  

Tanto la UE como Asia sienten frustración por esta ley”, afirma Gross. Estas quejas son básicamente de dos tipos. En primer lugar, sobre el nivel de las subvenciones y por miedo a que sus industrias se vayan a los Estados Unidos, en vez de a Europa o Asia, porque aquí ofrecemos unas subvenciones tan altas que atraerán a estas industrias.  

“En segundo lugar, algunas disposiciones de la IRA son muy proteccionistas, puesto que se centran exclusivamente en la adquisición de productos estadounidenses. Las subvenciones solo se ofrecen a los productos fabricados o refinados en los Estados Unidos o en países con los cuales tenemos acuerdos de libre comercio, entre los que no se encuentra la UE.” 

Y según Pedro Aznar, profesor titular del Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad de Esade, “La capacidad de algunos países para ofrecer incentivos más elevados que otros creará unas condiciones muy desiguales en los mercados energéticos.” 

Hay que encontrar el equilibrio 

“La concesión de subsidios, con países que tienen diferentes capacidades para aumentar el gasto público, implica que pueden darse situaciones donde las subvenciones por parte de países más generosos a su tejido productivo afecten de forma artificial a la competencia de las empresas que participan del mercado único de la UE”, explica. 

“Debemos encontrar un equilibrio entre la importancia de la diversidad de suministros en industrias estratégicas como la energética, los esfuerzos de solidaridad entre los países y las necesidades individuales de cada estado miembro.” 

Para procurar encontrar este equilibrio, la UE ha presentado una serie de medidas propias, entre las cuales destaca el Plan Industrial del Pacto Verde (GDIP), un elemento central del Pacto Verde Europeo. 

La respuesta de la UE 

“Es comprensible que los responsables políticos de la UE se pusieran nerviosos tras el anuncio de la ley IRA el pasado agosto”, comentan Joan Villoslada Camps y Angel Saz-Carranza, investigador docente y director (respectivamente) del Center for Global Economy and Geopolitics de Esade (EsadeGeo). 

“Aunque el GDIP fue una respuesta directa a la IRA, ambos planes industriales tienen subvenciones similares para la compra de vehículos eléctricos y la fabricación de tecnologías limpias, siendo las subvenciones a las energías renovables de la UE significativamente mayores que las estadounidenses.” 

Y señalan que “la UE tampoco puede alegar que es inocente en cuanto a sus prácticas comerciales, ya que impone un arancel del 10% a todos los coches importados (incluidos los vehículos eléctricos) y esto ofrece una ventaja injusta a los fabricantes europeos.” 

Pero, ¿quién ganará la batalla de los mercados de las energías renovables? Según Villoslada Camps y Saz-Carranza, todos la ganaremos. 

“En un contexto más amplio, tanto la IRA como el GDIP son avances positivos en la lucha contra el cambio climático”, afirman. “Aunque es inevitable que algunas empresas se trasladen a EE. UU. tras la ley IRA, la UE sigue siendo un mercado muy desarrollado y bien financiado para las energías limpias.” 

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