Más allá de la política: Qué hay detrás de la identificación feminista en España

Apoyar la igualdad de género no siempre implica identificarse como feminista. Una nueva investigación realizada en España sugiere que la emoción y la percepción de injusticia pesan más que la ideología política.

Equipo Do Better

Mucha gente apoya la igualdad de derechos para las mujeres, pero no se define a sí misma como feminista. Resulta algo contradictorio, y es especialmente llamativo en España, donde el debate público sobre cuestiones de género es activo y polarizado. Entonces, si la gente comparte el fondo, ¿por qué rechaza la etiqueta?

En un estudio reciente, Margarita Martí Ripoll, profesora titular del Departamento de Dirección de Personas y Organización de Esade Business School, exploró esta pregunta junto a los profesores Josep Gallifa y Ana Belén Fernández-Torres, de la Universitat Ramon Llull.

A través de una encuesta telefónica nacional a más de 4.000 adultos en España, el estudio buscaba ir más allá de las suposiciones superficiales y descubrir qué lleva realmente a las personas a identificarse como feministas. Los resultados revelan que la ideología política tiene menos peso del esperado. El factor más determinante es la conexión emocional de cada persona con cuestiones más amplias de justicia social, junto con la percepción de que la desigualdad de género es real y sistémica.

No es solo una cuestión política

El estudio cuestionó la idea de que el feminismo es ante todo una identidad política asociada a la izquierda.

Según Martí y sus coautores, la identificación feminista no está impulsada principalmente por la ideología política, sino por otros factores sociales y psicológicos.

Esto es especialmente evidente en el caso de los hombres: su ideología política no tiene un efecto significativo sobre si se identifican o no como feministas. Es una prueba contundente de que el feminismo no puede reducirse sin más a una división ideológica. Como señalan los autores, la identificación feminista "se ancla principalmente en la resonancia afectiva y en la percepción de injusticia", no en el posicionamiento político.

Hay aquí un cambio de enfoque importante. Para entender de verdad el feminismo, no podemos ceñirnos a las categorías políticas tradicionales. El feminismo no es un simple reflejo del eje izquierda-derecha; nace de una mezcla más compleja de experiencias personales, percepciones y respuestas emocionales.

El peso de la emoción

El estudio puso de manifiesto el papel relevante que juega la emoción a la hora de que las personas se identifiquen o no como feministas. Entre quienes participaron en la encuesta, quienes sentían simpatía por movimientos sociales progresistas —ecologismo, derechos humanos, LGTBI+, pacifismo— tenían más probabilidades de identificarse como feministas.

"La simpatía hacia los movimientos sociales mostró una fuerte asociación con la identificación feminista", señalan los investigadores. Esa afinidad emocional actúa como puerta de entrada, influyendo en cómo cada persona se vincula con las ideas más amplias de justicia e igualdad.

Esto muestra cómo la identidad feminista se construye sobre una base de empatía y valores compartidos. Quien conecta emocionalmente con causas que defienden la equidad y la inclusión tiende a ver el feminismo como parte del mismo horizonte moral.

El caso de España es un buen ejemplo. En los últimos años, movilizaciones como las marchas del 8 de Marzo han llenado las calles de millones de personas. España ha sido escenario de algunas de las mayores manifestaciones feministas de Europa, lo que refleja una cultura cívica activa en torno a la justicia social. Pero no es solo ideología: quienes participan sienten una identificación emocional y una energía colectiva muy concretas.

Ver la desigualdad importa

El feminismo no se alimenta únicamente de emoción, sino también de percepción. Las personas que reconocen que la desigualdad de género es real —ya sea en los salarios, en las oportunidades laborales o en la exposición a la violencia— tienen más probabilidades de definirse como feministas.

Aunque pueda parecer obvio, la investigación apunta a un matiz importante. Reconocer la desigualdad no equivale automáticamente a identificarse como feminista. Hay personas que admiten las disparidades de género pero, al mismo tiempo, se distancian de la etiqueta. ¿Por qué? Posiblemente por el estigma que asocian al término, o por las distintas interpretaciones de lo que el feminismo representa.

En cualquier caso, "las percepciones sobre la discriminación de género sí desempeñan un papel importante para que la identificación feminista tenga sentido social y esté políticamente justificada", afirma Martí.

Una brecha de género en cómo se entiende el feminismo

Hombres y mujeres parecen recorrer caminos distintos hacia la identificación feminista.

Las mujeres entienden el feminismo a través de un marco integrado de alineación emocional, reconocimiento de la desigualdad e ideología política, y cada una de estas dimensiones refuerza a las demás.

En los hombres, los factores son diferentes. Como señala el estudio, "en el caso de los hombres, la identificación feminista estaba asociada principalmente a la alineación emocional y a la percepción de injusticia, sin que la orientación ideológica mostrara una asociación significativa".

Esto sugiere que el feminismo, para los hombres, tiene menos que ver con las creencias políticas formales y más con factores interpersonales o relacionales. También apunta a que el feminismo sigue siendo percibido, culturalmente, como una cuestión centrada en las mujeres, lo que limita su integración en las identidades ideológicas masculinas más amplias.

Por qué esto importa en una sociedad polarizada

Las conclusiones del estudio son especialmente relevantes en España, donde la polarización va en aumento. Los debates sobre políticas de igualdad de género y legislación contra la violencia de género son terreno disputado.

Aunque se han dado avances en materia de igualdad, persisten brechas. Los datos confirman que la brecha salarial de género sigue existiendo, aunque sea menos pronunciada que en otros países europeos. El debate público sobre la violencia de género y la infrarrepresentación en puestos de liderazgo tampoco está cerrado.

En ese contexto, enmarcar el feminismo en términos puramente ideológicos puede limitar su alcance. Si alguien no se encuadra dentro de una categoría política, es probable que también rechace las identidades asociadas a ella. Por el contrario, los enfoques que hacen hincapié en valores compartidos —como la equidad, la dignidad y los derechos humanos— pueden llegar a más personas.

El trabajo de Martí y sus colegas demuestra que la conexión emocional y la percepción de injusticia parecen cruzar fronteras ideológicas, y ofrecen una vía de implicación más inclusiva. La ideología no es irrelevante, pero es solo una pieza de un rompecabezas más complejo.

Repensar cómo se construye la identidad feminista

La investigación de Martí, Gallifa y Fernández-Torres invita a cambiar de perspectiva: la identidad feminista no surge únicamente de la alineación política, sino de una combinación de empatía, experiencia e interpretación.

En ese sentido, acercar el feminismo a más personas puede tener menos que ver con su posición política, y más con cómo se relacionan en su vida cotidiana con la solidaridad emocional y con la percepción de injusticia.

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