Por qué las prácticas importan para los estudiantes con discapacidad intelectual
Las prácticas con apoyo ayudan a muchos estudiantes con discapacidad intelectual a acceder a un trabajo significativo. Una nueva investigación muestra que también pueden transformar la manera en que las empresas entienden la inclusión y el talento.
Las prácticas son una vía habitual para que los estudiantes adquieran experiencia en un entorno laboral real. Ese primer día puede generar tanto nervios como entusiasmo. Para los estudiantes con discapacidad intelectual y del desarrollo (DID), la experiencia de las prácticas es mucho más significativa que simplemente encontrar un empleo—ofrece la posibilidad de independencia, inclusión y reconocimiento en un mercado laboral que con frecuencia les ha excluido.
Un estudio de Conxita Folguera Bellmunt, investigadora del Instituto de Estudios Laborales de Esade, analiza cómo las prácticas con apoyo pueden ayudar a los estudiantes con DID a prepararse para la vida laboral en entornos empresariales ordinarios, en lugar de en entornos segregados. Folguera evaluó programas de formación profesional en Cataluña que combinan prácticas con apoyo estructurado de tutores, centros educativos, mentores en el lugar de trabajo y organizaciones de empleo con apoyo.
Según Folguera, cuando existe una red de apoyo completa, estas prácticas pueden no solo transformar la manera en que los estudiantes se ven a sí mismos, sino también cómo las empresas perciben la discapacidad y cómo se entiende la inclusión en el entorno laboral.
Un mercado laboral que aún excluye a muchas personas
La diversidad y la inclusión en el lugar de trabajo han mejorado algo, pero las personas con DID siguen estando significativamente infrarrepresentadas en el mercado laboral. Un informe del Foro Europeo de Discapacidad muestra que solo el 51,3 % de las personas con discapacidad en edad activa de la UE tienen un empleo remunerado, con las mujeres y los jóvenes en una situación aún más desventajosa.
El estudio de Folguera se centró en Cataluña, donde solo una de cada cinco personas con DID tiene empleo. Y más del 70 % de quienes trabajan lo hacen en centros segregados, no en empresas ordinarias.
Las prácticas con apoyo aspiran a cambiar esta realidad. En lugar de aislar a las personas con discapacidad en entornos protegidos, la idea es permitir que quienes tienen DID accedan a los mismos empleos que los demás. La clave está en que reciben apoyo de tutores, preparadores laborales y mentores en el lugar de trabajo que les ayudan a adaptarse a nuevos entornos y responsabilidades.
Ayudar a los estudiantes a integrarse en la vida laboral de forma más autónoma y segura puede desempeñar un papel importante a la hora de abordar algunas de las causas más profundas de la exclusión.
Unas prácticas que enseñan más que habilidades técnicas
El estudio reveló que el valor de las prácticas va mucho más allá de enseñar a los estudiantes a hacer un trabajo. Folguera observó talleres en los que los estudiantes analizaban sus experiencias laborales, sus dificultades y sus aprendizajes.
Lo que más importaba a los estudiantes con DID era la autonomía, como la posibilidad de desplazarse al trabajo en transporte público. También valoraban ganar confianza para hablar con los compañeros, hacer preguntas o desenvolverse en situaciones nuevas.
Folguera comprobó que este proceso de reflexión sobre sus experiencias ayudaba a los estudiantes a desarrollar autonomía, autoestima y asertividad. Con frecuencia, las personas con DID se ven sobreprotegidas por compañeros bien intencionados que no comprenden del todo sus capacidades; pero con apoyo, los estudiantes eran animados a tomar decisiones, resolver problemas y participar activamente en la vida laboral.
Como explicó un estudiante: “Hacemos los mismos trabajos que los demás.” Reconocerlo ayudó a los estudiantes a ganar confianza.
Al abrirse al mercado laboral, los becarios también llegaron a entender qué empleos no eran realmente adecuados para ellos. Esta conclusión no es negativa: refuerza la autoconciencia y la capacidad de decisión de los estudiantes.
Como afirma Folguera, “Las prácticas son una herramienta que incrementa su autodeterminación.” La experiencia de participar en un entorno laboral real puede convertirse, por tanto, en un paso fundamental no solo hacia el empleo, sino hacia una mayor independencia en la vida cotidiana.
La inclusión también transforma a las empresas
Un hallazgo positivo y sorprendente del estudio fue que la incorporación de estudiantes con DID transformó la cultura del lugar de trabajo.
En Cataluña, en los años noventa, varios pioneros introdujeron el empleo con apoyo para personas con síndrome de Down. En aquel momento, algunos empleadores consideraban a estos trabajadores como: “Muy simpáticos, muy amables, pero nada productivos.”
Pero estos prejuicios sobre la discapacidad intelectual pueden cambiar. Una vez que comenzaron las prácticas, las relaciones laborales se fueron forjando.
Un entrevistado describió cómo cambiaron las actitudes una vez que las empresas vivieron el empleo con apoyo en primera persona: “Cuando una persona con DID entra en el lugar de trabajo, se crea un clima nuevo, más acogedor.”
Los hallazgos de Folguera indican que las empresas que replantean su definición de capacidad y contribución obtienen enormes beneficios. La investigación apunta a una reducción del miedo, un apoyo mejor equilibrado y relaciones laborales más inclusivas.
El estudio sostiene que las prácticas pueden ser especialmente eficaces porque ofrecen a las empresas una introducción estructurada y de bajo riesgo a la inclusión. Los empleadores no están solos: reciben orientación de centros educativos y organizaciones de empleo con apoyo durante toda la práctica.
Por qué la inclusión tiene que ser colaborativa
Aunque la inclusión de estudiantes con DID en el lugar de trabajo tiene un gran poder transformador, tanto para los propios estudiantes como para la empresa, requiere la colaboración de muchos actores. Es un proceso de aprendizaje compartido entre estudiantes, tutores, centros educativos, empleadores, compañeros de trabajo y especialistas en empleo con apoyo. Cuando se hace bien, los estudiantes ganan confianza y mejoran sus habilidades comunicativas, y las empresas rompen con los prejuicios sobre la discapacidad.
Folguera subraya que la inclusión real no consiste en pedir a las personas que escondan quiénes son para encajar en las normas del lugar de trabajo. “La inclusión es poder pertenecer sin renunciar a uno mismo”, afirma.
La comprensión más profunda es que la inclusión real exige cambiar las condiciones que generan la exclusión. Las prácticas con apoyo son una herramienta importante para fomentar la autonomía y la visibilidad de los estudiantes con DID, al tiempo que animan a las empresas a cuestionar los supuestos arraigados sobre la cultura laboral y lo que habitualmente se espera de las personas con discapacidad intelectual en el mercado de trabajo.
Un cambio en la dirección correcta
En 2026, las empresas europeas se enfrentan a importantes escaseces de mano de obra y a una presión creciente para mejorar la diversidad, la equidad y la inclusión. Por ello, contratar a personas con discapacidad intelectual puede representar una oportunidad desaprovechada.
In May 2026, the European Commission expanded its Estrategia sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad 2021-2030 para hacer el entorno laboral más inclusivo. La UE también publicó el Paquete de Empleo para Personas con Discapacidad y estudios conexos, diseñados para apoyar el tránsito de los trabajadores con discapacidad desde entornos de trabajo protegidos hacia el mercado laboral ordinario.
España exige específicamente que las empresas con más de 50 empleados reserven el 2 % de sus puestos de trabajo para trabajadores con discapacidad.
Ante estos cambios más amplios, las prácticas con apoyo ofrecen una vía importante para que las personas con discapacidad accedan a empleos de calidad.
Una visión diferente de la empleabilidad
Folguera sostiene que las prácticas con apoyo pueden ayudar a las organizaciones a replantearse cómo entienden el talento, la capacidad y la contribución.
La transformación más significativa descrita en el estudio puede ser, por ello, la más sencilla: pasar de una cultura centrada en las limitaciones a otra que reconoce el potencial.
- Compartir en Twitter
- Compartir en Linked in
- Compartir en Facebook
- Compartir en Whatsapp Compartir en Whatsapp
- Compartir en e-Mail
¿Quieres recibir la newsletter de Do Better?
Suscríbite para recibir nuestro contenido destacado en tu bandeja de entrada..