El poder de jugar en la vida de las organizaciones

¿La dinámica de jugar y el cambio organizacional van de la mano? Jugar por diversión ofrece una perspectiva muy valiosa para el cambio en entornos dinámicos e inciertos, en que las organizaciones buscan prepararse para el futuro.

Por Jaap Boonstra & Francisco Loscos

El juego y la cultura

Jugar forma parte de nuestra cultura. Trata de dinámicas de interacción humana que desarrollamos sobre aspectos que consideramos que tienen valor. En todas las culturas vemos a los niños jugar. Aunque no son conscientes de ello, son dinámicas de aprendizaje experiencial sobre el liderazgo, el trabajo en equipo, el valor de la libertad y la diversión, que experimentan cuando todavía no están sujetos a las normas de la cultura en que están creciendo.

A medida que nos vamos haciendo mayores nuestros valores culturales empiezan a influir en nuestra forma de jugar. Tememos que los demás nos consideren inmaduros, locos, o que estamos perdiendo el tiempo. El hecho de asociar la idea de jugar a algo infantil forma parte de nuestra cultura, de nuestra manera de interpretar el hecho de jugar.

El arte es una forma especial de jugar. Durante un largo período de la historia, las personas dedicaron mucho tiempo y muchas energías cultivando todo tipo de artes. Las formas más primitivas de arte desempeñaron un rol esencial en la vida social de nuestros ancestros y en su supervivencia. Jugando y experimentando de forma creativa con todo tipo de materiales disponibles, nuestros antepasados hicieron todo tipo de descubrimientos, como el fuego, el arco y la flecha, y la rueda.

Jugando y experimentando de forma creativa con todo tipo de materiales disponibles, nuestros antepasados hicieron todo tipo de descubrimientos, como el fuego, el arco y la flecha, y la rueda

El juego revela la cohesión y fomenta la creatividad y la inventiva, al tiempo que nos proporciona nuevas ideas y soluciones. Y ello contribuye a nuestra supervivencia y a nuestra conciencia colectiva.

El hecho de jugar y los juegos

Los niños disfrutan jugando porque van creando el juego todos juntos, van fijando las reglas de juego, se van desafiando unos a otros, y se lo pasan bien. No juegan solo para ganar o perder. La distinción entre el hecho de jugar (play) y el juego (game) es relevante aquí [1]. El propósito de un juego normalmente es claro. En cambio, jugar es una actividad más abierta e indefinida.

La mayoría de los juegos tienen unas reglas estrictas y un árbitro que controla que se desarrolle conforme a dichas reglas. Con frecuencia, el juego acaba siendo algo muy serio, porque hay mucho dinero y el prestigio en juego.

En cambio, en el hecho de jugar hay menos competencia. Jugar consiste en colaborar, no en oponerse; aquí no intervienen los juegos políticos, que intentan reforzar la posición de un candidato a expensas de los demás. Y, aunque también haya algunas reglas, se aplican de forma lúdica y se modifican con facilidad si con ello se consigue que la actividad sea más divertida y atractiva.

The power of play
La mayoría de los juegos tienen unas reglas estrictas (Foto: @mylove4art)

En un partido, el reglamento es estricto e infringirlo es objeto de una sanción. En el "jugar" (play) no hay agresiones, pero en cambio son frecuentes en el "juego" (game). Si alguien se comporta con una agresividad excesiva al jugar, los demás fácilmente le corrigen porque la dinámica la están creando entre todos mientras juegan [2]. El constructo semántico de la palabra "fairplay" pone de manifiesto la diferencia entre la visión del "play" y del "game".

Prepararse para el futuro

Jugar y aprender son dos actividades estrechamente relacionadas. Cuando jugamos, aprendemos a entender y a gestionar mejor la realidad. Aprendemos de nuestros errores y nos sentimos invitados a modificar nuestro comportamiento. Es precisamente cuando hay límites de espacio, de tiempo o de materiales, que jugar nos aporta nuevas ideas y soluciones. El hecho de jugar nos ayuda a prepararnos para el futuro y a abordar los retos a que nos enfrentamos en nuestra vida. Aprendemos a enfrentarnos a lo desconocido intentando algo nuevo.

Todos los mamíferos inteligentes juegan cuando son jóvenes. Sienten la necesidad biológica de hacerlo. Aquellas crías que son incapaces de jugar presentan un comportamiento social muy desviado y mueren antes que sus congéneres que sí saben jugar. El hecho de jugar prepara a las crías para el comportamiento que deberán adoptar cuando sean adultas.

Young lion
El hecho de jugar prepara a las crías para el comportamiento que deberán adoptar cuando sean adultas (Foto: @south_nostalghia)

Los cachorros de león saltan unos encima de otros y así empiezan a practicar para cuando vayan a cazar gacelas. Los jóvenes chimpancés ponen en práctica la conducta social que les va a permitir funcionar en grupo. Los osos pardos que se pasan casi toda su juventud jugando tienen muchas más posibilidades de supervivencia [3].

Las personas también necesitan jugar para aprender y para socializarse. Durante el tiempo en que los niños juegan van desarrollando el córtex frontal del cerebro. Esta parte del cerebro es relevante para las habilidades cognitivas, como distinguir entre la información relevante e irrelevante, observar patrones, reconocer los propios sentimientos y emociones, y tener la capacidad de vislumbrar el futuro.

A diferencia de los animales, las personas tenemos una infancia sumamente larga. Cuanto más larga es nuestra infancia, más podemos aprender. Cuanto más aprendemos, mejor nos desarrollamos en lo que somos. Aunque jugar no tiene un objetivo directo, ejercitarse jugando ayuda a hacer frente a los desafíos [4]. Las personas que juegan aprenden mejor a enfrentarse al mundo que les rodea y responden mejor ante hechos inesperados.

El hecho de jugar nos ayuda a prepararnos para el futuro y a abordar los retos a que nos enfrentamos en nuestra vida

Aprender a jugar juntos

Los niños que juegan juntos desarrollan unas habilidades sociales que necesitarán más adelante en su vida y son más capaces de entablar relaciones sociales. Aprenden a respetar las necesidades de los demás y desarrollan la confianza en sí mismos y en los demás. Una sana colaboración implica tener en cuenta a los demás, se fundamenta en la apertura y la sinceridad con los demás, y genera diversión y entusiasmo entre todos.

Las personas pueden satisfacer sus ambiciones jugando con los demás y seguir desarrollándose como tales. El juego colaborativo surge del diálogo entre personas de diferentes procedencias, que trabajan juntas y se desafían mutuamente. Crean así nuevas oportunidades en un proceso continuo. La diversión que supone jugar juntos aumenta cuando los participantes saben cómo crear espacios juntos y son capaces de influir en sus respectivas vidas y en su bienestar. Jugar de forma colaborativa puede resultar la forma más adecuada de abordar la ambigüedad y la incertidumbre en el mundo que nos rodea [5].

The power of play
Jugar de forma colaborativa puede resultar la forma más adecuada de abordar la ambigüedad (Foto: Anton Eremin)

El cambio como juego colaborativo

El juego colaborativo proporciona satisfacción cuando sus participantes crean un nuevo futuro juntos y pueden aprender de los demás. Imaginemos que podemos ver las organizaciones cambiantes como una forma de jugar que nos lleva a sentirnos libres y permite divertirnos.

El juego da cabida a intentar nuevos comportamientos y a desarrollar nuevas ideas

El juego da cabida a intentar nuevos comportamientos y a desarrollar nuevas ideas, lo que posibilita que nos liberemos de los modelos mentales y patrones de actuación más arraigados, y puede contribuir a impulsar los cambios en las organizaciones y en nuestra cultura.

El cambio organizativo, entendido como una forma de juego colaborativo, no consiste en una competición con ganadores y perdedores, sino en unos "jugadores" que trabajan juntos en un futuro y llevan a cabo cambios transformadores, en un mundo dinámico y ambiguo [6].


Sobre los autores

Jaap Boonstra es profesor visitante en Esade. Su investigación de centra en el liderazgo transformador, las barreras que impiden el cambio y la innovación en las organizaciones, las dinámicas de poder en el cambio organizativo, y el desarrollo sostenible de las organizaciones.

Francisco Loscos es profesor asociado en Esade. Loscos es coautor, junto al profesor Jaap Boonstra, del libro El cambio como un juego de interacción estratégica, así como de diferentes artículos relacionados con la gestión estratégica del cambio.

Referencias

  1. Kohn, A. (1992) No contest. The case against competition. New York: Houghton Mifflin
  2. Bateson, P. & P. Martin (2013) Play, Playfulness, creativity and innovation. Cambridge: Cambridge University Press
  3. Bekoff, M .& J.A. Byers (1998) Animal play: evolutionary, comparative and ecological perspectives. Cambridge: Cambridge University Press
  4. Brown, S. (2009). Play: how it shapes the brain, opens imagination and invigorates the soul. New York: Penguin Group
  5. Lobman, C. & B.E. O’Neill (2011) Play and performance. (Eds.) Play and culture studies, 11. Lanham, Maryland: Rowman & Littlefield
  6. Boonstra, J. J. y Loscos, F. (2019): El cambio como un juego de interacción estratégica. Una vision positive sobre el cambio y la transformación en las organizaciones. Barcelona. Editorial Profit
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