El error de juzgar en exceso los motivos de ciertas decisiones

Artículo basado en una investigación de Kate Barasz & Ioannis Evangelidis

Por mucho que echemos la culpa a la cultura del clickbait, a las burbujas sociales o a las evidentes desigualdades, es innegable que los políticos populistas están en auge y que el discurso social está más polarizado que nunca. A medida que nos vamos rodeando cada vez más solo de personas que consideramos que piensan como nosotros, nuestras opiniones sobre los demás tienden a radicalizarse. Y cada vez más nos aventuramos a inferir hipótesis no demostradas de por qué los demás toman las decisiones que toman.

Con el objetivo de comprender qué opinamos de los motivos que justifican las decisiones de los demás, los investigadores de Esade Kate Barasz y Ioannis Evangelidis, del Departamento de Dirección de Marketing, llevaron a cabo una investigación conjunta con Tami Kim, profesora de la Darden School of Business de la Universidad de Virginia. Las conclusiones de su estudio han sido publicadas en la revista Cognition, en un artículo titulado I know why you voted for Trump: (over)inferring motives based on choice [Ya sé por qué votó a Trump: inferir (en exceso) los motivos de ciertas decisiones].

En su investigación, los autores analizan cómo –y hasta qué punto– la forma en que las personas conciben el valor de un atributo influye en la importancia que le atribuyen en la toma de decisiones de los demás. A través de una serie de estudios experimentales y de encuestas, los investigadores revelan una nueva heurística que introduce un sesgo en nuestra forma de pensar y de juzgar los motivos de los demás: cuanto más percibimos como radical una opción –por ejemplo, un candidato político con una posición que rechazamos–, más probable será que veamos ese atributo concreto como el que motiva la elección de los que toman la decisión.

Activism
A medida que nos vamos rodeando cada vez más solo de personas que consideramos que piensan como nosotros, nuestras opiniones sobre los demás tienden a radicalizarse (Foto: Tony Andrews/Twenty20)

Comprender las decisiones de los demás en un mundo cambiante

A raíz de resultados tan inesperados como la victoria de Trump en las Presidenciales norteamericanas de 2016 o el referéndum del Brexit en el Reino Unido, se ha venido especulando sobre por qué la gente votó colectivamente de aquella manera. Supuestamente, las ideas que parecerían ser las más poderosas para tomar la elección contraria –como una posición sobre inmigración percibida como racista y xenófoba–, son también las razones más importantes en las mentes de quienes eligen dicha opción.

Según los autores, nuestra propia percepción de que una política es radical y desagradable es lo que le da más peso y configura nuestra idea de que se trata de un factor determinante. Pero, de hecho, a menudo puede que este factor no sea muy importante para la persona que vota.

Cuando observamos el comportamiento de otra persona, podemos fácilmente deducir un motivo erróneo

Los investigadores validaron esta heurística con experimentos en una gran variedad de ámbitos, como preferencias políticas, elecciones de productos e, incluso, la decisión de emigrar a una determinada ciudad. Por ejemplo, en un experimento, los encuestados se mostraron más inclinados a atribuir al clima la decisión de otras personas de mudarse a una determinada ciudad (más que a otros factores, como las oportunidades de trabajo o el coste de vida), si el clima de dicha ciudad era sumamente benigno: "Cuanto más extremo se percibía que sería el clima, más importante se consideraba como factor en el proceso de decisión".

Así pues, incluso cuando se fomenta una especulación más neutral y menos basada en valores a la hora de juzgar los motivos de los demás, seguimos utilizando nuestra propia percepción sobre el valor de los atributos para juzgar su peso en las decisiones de los demás. No importa qué información contextual tienen los encuestados sobre las opciones y las preferencias de quien decide, sino que el peso de la influencia de un factor como el clima más bien viene determinado por sus propias ideas sobre si el clima es un factor relevante o no.

Juzgar demasiado: un salto mental excesivo

En otras palabras, cuando observamos el comportamiento de otra persona, podemos fácilmente deducir un motivo erróneo y ello puede llevar a confirmar nuestra opinión sobre dicha persona. Este efecto se ha corroborado ampliamente en estudios de observación cuando se explica deliberadamente a los encuestados la decisión que ha tomado otra persona.

Walking with masks
En el día a día, tenemos que gestionar hipótesis de trabajo sobre todo tipo de cosas (Foto: Reina Smyth/Twenty20)

Naturalmente, esta forma de pensar, del tipo "Bueno, estas personas lo dirían/pensarían/harían igualmente porque ya XYZ", contribuye a ampliar la distancia entre las dos partes y reduce las probabilidades de que ambas partes debatan y analicen sus diferencias de opinión en una discusión sana y constructiva.

En el día a día, tenemos que gestionar hipótesis de trabajo sobre todo tipo de cosas. Los motivos de nuestros amigos y de desconocidos son solo una parte de los datos que intentamos analizar y recopilar a través de un proceso confuso de observaciones, expectativas, sesgos y atribuciones.

Desde las primeras observaciones de los economistas del comportamiento del siglo XX, comprendimos que estas heurísticas nos ayudan a navegar en un mundo complejo y rico de información. También sabemos que a menudo las confundimos con análisis racionales: creemos que estamos "pensando despacio" cuando, en realidad, no estamos pensando en absoluto; estamos llegando a todo tipo de conclusiones posiblemente incorrectas, basadas en datos muy insustanciales, respaldadas por nuestras propias preconcepciones.

Las suposiciones suelen llevarnos a simplificar en exceso los motivos de los demás

Los resultados de la investigación revelan los riesgos potenciales de juzgar en exceso las motivaciones y las creencias de los demás a partir de sus decisiones y acciones. También muestran que actuamos como si la información disponible sobre una determinada situación fuera específica y completa, pese a que se nos dice explícitamente que no lo es. Y utilizamos aquellas inferencias para predecir los comportamientos futuros, de formas que fácilmente pueden ser erróneas y que tienden a divergir cada vez más de los hechos. Retomando el ejemplo principal de su artículo, los investigadores señalan: "La presunción básica de que los votantes de Trump optaron por este candidato debido a –y no pese a– su política migratoria desencadena una serie totalmente distinta de conclusiones y atribuciones".

Como apuntaba Forbes en un informe sobre esta investigación: "El problema es que estas suposiciones suelen llevarnos a simplificar en exceso los motivos de los demás, ya que no sabemos reconocer que las personas toman en consideración otros muchos factores y hacen complejas valoraciones antes de tomar una decisión". He aquí la explicación a tantos errores.

Como demuestran tanto el auge del populismo en muchas democracias modernas como la buena acogida creciente de las políticas identitarias, cuanto más inferimos en exceso, damos por supuestas, generalizamos y simplificamos las decisiones de los demás, probablemente menos pensemos en ellos, aprendamos de ellos o los entendamos. Y esta es una mala noticia pensando en todas las decisiones importantes que el mundo necesita tomar ahora mismo, a todos los niveles: ya sean comunidades locales u organizaciones transnacionales.

Todo el contenido está disponible bajo la licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.