El legado en la empresa familiar: Valores, identidad y propósito para la continuidad
Para que una empresa familiar prospere, su legado debe transformarse y amoldarse a las nuevas generaciones. De esta forma, este sello de identidad se convierte en una ventaja competitiva duradera.
Este artículo forma parte de la Newsletter #2 de la Chair in Family Owned Enterprises (CFOE) de Esade y Andbank. Suscríbete aquí.
Las empresas familiares ocupan un lugar central en la economía mundial: son responsables de una parte significativa del empleo, de la innovación y del desarrollo de sus comunidades. Su fortaleza reside en su vocación de permanencia. A diferencia de otro tipo de organizaciones, la empresa familiar piensa en el largo plazo, busca trascender generaciones, mantener el control en manos de la familia y transmitir no solo un negocio, sino un proyecto de vida y un conjunto de valores.
En ese marco, el legado se convierte en un eje central, tanto simbólico como emocional, de la continuidad familiar. Representa el puente entre el pasado, el presente y el futuro; el hilo que conecta la historia de los fundadores con las aspiraciones de los sucesores.
Comprenderlo y gestionarlo conscientemente es esencial para garantizar la sostenibilidad intergeneracional y el equilibrio entre tradición e innovación.
El sentido del legado en la continuidad familiar
El legado puede definirse como el conjunto de valores, historias, prácticas y decisiones que se transmiten de una generación a otra, moldeando la identidad de la familia y de su empresa. Es mucho más que una herencia material: representa la conexión entre el pasado, el presente y el futuro. Incluye el legado del fundador —la huella de su visión y carácter—, el legado familiar —valores y tradiciones compartidas—, el legado empresarial —la reputación y cultura de la organización—, y el legado emprendedor —el espíritu de innovación y riesgo que impulsa la continuidad.
El legado no se hereda de forma automática, sino que se construye y renueva constantemente
Este legado es positivo porque une y orienta, pero también puede limitar. Es fuente de identidad, confianza y cohesión, pero si se convierte en un dogma, puede obstaculizar la innovación. En ese equilibrio entre conservar y transformar reside el verdadero desafío de las familias empresarias: mantener vivo el legado sin quedar atrapadas en él.
La construcción del legado: valores, historias y virtudes
El legado no se hereda de forma automática, sino que se construye y renueva constantemente. Cada generación lo debería interpretar, ampliar o redefinir, según sus circunstancias y los retos de su tiempo. Esa transmisión ocurre por medio de prácticas familiares —educación, ejemplo, narración de historias, gobernanza— y de prácticas empresariales —mentoría, rituales, símbolos y cultura organizacional.
Entre los instrumentos más poderosos de transmisión destaca la narrativa familiar. Las historias que se cuentan dentro de la empresa y la familia —sobre el fundador, los momentos críticos o los logros compartidos— no solo preservan la memoria: construyen identidad. Son relatos que responden a la pregunta “¿quiénes somos y por qué existimos?”, y que se deben reescribir a medida que cambia el contexto. A través de ellas se da voz a diferentes generaciones y se crean consensos que sostienen la continuidad.
Pero la transmisión del legado no depende solo de estructuras o discursos, sino del ejemplo vivido. Como muestra la investigación sobre valores y virtudes en empresas familiares, la prosperidad intergeneracional se apoya en cuatro virtudes cardinales: prudencia, coraje, templanza y justicia. La prudencia orienta decisiones sabias y sostenibles; el coraje impulsa la innovación y la acción ética; la templanza modera el ego y fomenta la humildad; y la justicia asegura la equidad en la familia y en la empresa. Estas virtudes, encarnadas en el comportamiento de los líderes, son el verdadero ADN del legado.
El resultado es que el legado no es solo memoria del pasado, sino una práctica viva de valores compartidos que fortalecen la cultura organizacional y consolidan la identidad familiar en el tiempo.
El legado como brújula para el futuro: propósito y renovación
Toda familia empresaria enfrenta la paradoja del legado: aquello que le da estabilidad también puede frenar la evolución. La clave no está en romper con el pasado, sino en reinterpretarlo para hacerlo relevante. Como afirma Davis, los líderes deben distinguir entre los valores que merecen conservarse y las prácticas que deben transformarse. Así, el legado se convierte en una fuente de innovación, no de rigidez.
El propósito es la herramienta que permite resolver esa paradoja. Más allá del beneficio económico, el propósito expresa el “por qué” de la empresa: su razón de existir y de contribuir a la sociedad. Según Hollensbe y colaboradores, cuando el propósito está claramente definido y alineado con los valores familiares, actúa como brújula estratégica. Inspira a las nuevas generaciones, refuerza la confianza interna y proyecta una reputación basada en la integridad.
Cuando el propósito está claramente definido y alineado con los valores familiares, actúa como brújula estratégica
Así entendido, el legado no es una reliquia que se conserva, sino una energía que se transforma. Cuando se vive a través del propósito y las virtudes, se convierte en una ventaja competitiva duradera: un sello de identidad, confianza y sentido.
En definitiva, las familias empresarias que logran articular su pasado con una visión de futuro construyen legados vivos, capaces de adaptarse sin perder su esencia. Su mayor herencia no es lo que dejan, sino lo que inspiran: una manera de actuar, decidir y servir con propósito, generación tras generación.
Profesora titular, Departamento de Estrategia y Dirección General en Esade
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