Cuatro lecciones de liderazgo deportivo que todo directivo debería conocer

¿Qué estrategias pueden aprender los directivos de empresas de sus homólogos deportivos?

Equipo Do Better

El liderazgo deportivo lleva décadas fascinando a los expertos en gestión empresarial, y con razón, pocas disciplinas someten al líder a tanta presión, tanta visibilidad y tanta exigencia de resultados en tan poco tiempo. A lo largo de los últimos años, los logros del deporte de élite español han reavivado el debate sobre qué pueden aprender los directivos de sus homólogos deportivos.

Tres profesores de Esade afirman que las lecciones son claras y directamente aplicables al mundo de la empresa: la capacidad de decisión bajo presión, la resiliencia ante el fracaso, el respeto al equipo y la construcción de una visión compartida son las cuatro competencias que definen tanto a un gran entrenador como a un gran líder empresarial.

¿Qué es el liderazgo deportivo y por qué importa a los directivos?

El liderazgo deportivo es el conjunto de habilidades, comportamientos y dinámicas mediante las cuales un entrenador, capitán o figura referente guía a un equipo o deportista hacia el máximo rendimiento. A diferencia de otros entornos, el deporte de competición impone condiciones extremas, como por ejemplo, decisiones en fracciones de segundo, resultados públicos e inmediatos, y una presión emocional que deja poco margen al error. Precisamente estas condiciones son las que convierten el liderazgo en el deporte en un laboratorio de gestión de alto valor para cualquier directivo.

Las características de liderazgo en deporte que la investigación académica destaca de forma consistente son:

  • La toma de decisiones bajo presión
  • La comunicación clara de roles y objetivos
  • La gestión emocional del grupo
  • El servicio al equipo por encima del ego personal
  • La construcción de una visión colectiva.

Como veremos en cada una de las cuatro lecciones que siguen, estos rasgos son perfectamente transferibles al entorno corporativo.

Los principales tipos de liderazgo deportivo y su equivalente directivo

Antes de entrar en las lecciones concretas, conviene situar el marco conceptual. La literatura sobre tipos de liderazgo deportivo distingue tres estilos predominantes en el deporte de élite, todos ellos con un equivalente directo en la gestión empresarial:

  • Liderazgo transformacional: el entrenador moviliza al equipo apelando a valores y visión compartida, más allá del resultado inmediato. En la empresa, es el estilo del directivo que logra compromiso genuino, no solo cumplimiento.
  • Liderazgo transaccional: basado en el intercambio claro de expectativas y recompensas. Eficaz para definir objetivos medibles y responsabilidades individuales, tanto en el vestuario como en el comité de dirección.
  • Liderazgo servidor: el líder pone sus recursos al servicio del grupo. Es el modelo que practica el capitán de los All Blacks cuando recoge el vestuario mientras sus jugadores celebran. Y es también el modelo del directivo que antepone el desarrollo de su equipo a su propio protagonismo.

En la práctica, los líderes deportivos más eficaces combinan estos tres estilos en función del momento competitivo. Lo mismo ocurre en la empresa, no existe un único estilo correcto, sino la capacidad de leer la situación y adaptar el enfoque.

Lección 1: Decidir bajo presión y confiar en tu preparación 

“En un partido de tenis, las decisiones se toman a gran velocidad, se reacciona en décimas de segundo”, explica Mercedes Segura Amat al diario Expansión

“En el momento de dar a la bola no hay tiempo para reflexionar. En tenis sería impensable que el jugador no tomara decisiones: confía en su juego y va a por ello. Esto es trasladable a la actitud del líder empresarial”. 

Segura Amat, colaboradora académica en Esades, prosigue diciendo: "El tenis también nos enseña a asumir la responsabilidad última de nuestras decisiones. El jugador puede comentar la estrategia con el entrenador, entrenar duro y prepararse bien. Pero en la pista de tenis se está muy solo. El tenista aprende a ser responsable de sus propias decisiones. Del mismo modo, el líder empresarial puede apoyarse en su equipo, pero siempre tendrá la responsabilidad última de los resultados obtenidos”.

La conexión entre el liderazgo en la empresa y el deporte es directa: igual que el tenista entrena miles de horas para que la decisión en el momento crítico sea instintiva y certera, el directivo debe construir criterio, experiencia y marcos de análisis que le permitan actuar con seguridad cuando el tiempo apremia. La preparación previa es lo que convierte la presión en ventaja competitiva.

Lección 2: Ver los fracasos como oportunidades

Asumir la responsabilidad es un elemento fundamental del liderazgo, pero Carlos Royo defiende que ser capaz de ver los fracasos como oportunidades es igual de importante. El profesor asociado del Departamento de Dirección de Personas y Organización en Esade explica, también en el diario Expansión: “En los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, un joven nadador de Guinea Ecuatorial participó en los 100 metros libres y obtuvo el peor resultado de toda la historia de los Juegos Olímpicos”. 

“Pero solo ocho meses antes, Éric Mousambani ni siquiera sabía nadar. Se entrenaba en una piscina de hotel de doce metros de largo y unos cuantos centímetros de profundidad; cuando llegó para competir ni siquiera había visto una piscina olímpica”. 

Fue una derrota rotunda, pero el joven nadador utilizó su experiencia para mejorar y mejorar a los demás. Mousambani compitió en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y después fue nombrado entrenador del equipo nacional de natación de Guinea Ecuatorial. Su historia llevó a miles de jóvenes a nadar y su país cuenta ahora con dos piscinas olímpicas.

Para el directivo, la lección es inequívoca, una de las transiciones más importantes a las que se enfrenta cualquier líder es aprender a relacionarse con el fracaso. ¿Cómo construimos organizaciones capaces de transformar los reveses en conocimiento? ¿Cómo vinculamos el éxito sostenido con un propósito que vaya más allá del resultado trimestral? El liderazgo deportivo demuestra que la respuesta no está en evitar el error, sino en crear la cultura que lo convierte en aprendizaje.

Carlos Royo comenta que una de las transiciones más importantes a las que se debe enfrentar un directivo es el fracaso: “¿Cómo nos relacionamos con él? ¿De qué manera construimos organizaciones con propósito que sean capaces de hacer frente a las dificultades? ¿Cómo acabamos relacionando el éxito con el propósito?” 

Lección 3: Respetar al equipo

Incluso los deportes solitarios, como la natación o el tenis, necesitan contar con un gran equipo de expertos para obtener los mejores resultados. Nutricionistas, fisioterapeutas, analistas, terapeutas: un director deportivo sabe que es fundamental crear un equipo de expertos, y que cada uno tenga un nivel de conocimiento único de cada aspecto del rendimiento. 

Y, como comenta Norbert Monfort, colaborador académico del Departamento de Dirección de Personas y Organización en Esade, en la revista Business People, es esencial respetar al equipo y sus habilidades únicas si quieres que sean los mejores. 

“En el vestuario de los All Blacks, el capitán del equipo y el entrenador se quedan recogiendo el vestuario mientras el resto de jugadores se van a disfrutar de la merecida cerveza con el equipo rival. ¿Por qué? Muy sencillo, puesto que, en la filosofía All Blacks, para el entrenador y el capitán es un honor y un orgullo servir a sus jugadores”. 

“En las empresas, demasiados directivos prefieren ser servidos a servir. Necesitan recordar que en los negocios, como en el rugby, un capitán no es nada sin su equipo. El papel que desempeña cada miembro es esencial para el óptimo desempeño y para la consecución de los resultados”.

El paralelismo con la empresa es directo, el directivo que acapara el protagonismo, que no delega o que ignora la especialización de su equipo, actúa exactamente como el entrenador que abandona el vestuario antes que sus jugadores. El liderazgo en el deporte nos recuerda que el servicio al equipo no es una debilidad del líder, sino la manifestación más clara de su autoridad real.

Lección 4: Crear una visión común en la que todos crean

Royo está de acuerdo: “Cuando un nadador está en el agua y la atención se centra en él, parece que solo él tiene el poder de ganar. Pero no es así. Sus posibilidades de ganar empezaron con una visión compartida, transparente, transmitida a todos los miembros del equipo y para la que se trabaja como si fueran uno solo”. 

Y tanto si el objetivo es conseguir una medalla olímpica, conquistar un título de Grand Slam de tenis o encabezar la clasificación de ventas de una empresa, todos los que participan han de creer que es posible conseguirlo

“Tenemos que creer en algo para poner nuestra intención y compromiso en los cambios”, afirma Royo. “En las organizaciones actuales, sometidas a cambios sin precedentes, estamos continuamente sometidos a nuevas realidades, muchas de ellas difíciles de gestionar. La capacidad que cada directivo tenga para afrontar los cambios de forma positiva y sacar lo mejor de sus equipos será, sin duda, un factor predictivo de la supervivencia de su organización”.

Aquí es donde el liderazgo deportivo ofrece quizá su lección más profunda: en el deporte de élite, la creencia colectiva no es un elemento secundario ni motivacional, sino el punto de partida estratégico de cualquier gran resultado.

El directivo que logra trasladar esa certeza a su organización, que convierte el objetivo en algo en lo que todos quieren participar, no solo cumplir, ha aprendido lo más importante que el deporte puede enseñarle sobre liderazgo.

4 dinámicas de liderazgo deportivo que los directivos pueden aplicar hoy

Las cuatro lecciones anteriores no son principios abstractos, se concretan en dinámicas de liderazgo deportivo que pueden incorporarse al día a día de cualquier organización. Las más transferibles al entorno directivo son:

  • Feedback inmediato y basado en datos: en el deporte de élite, el rendimiento se analiza en tiempo real. El directivo que sustituye la evaluación anual por conversaciones frecuentes y concretas replica esta dinámica y acelera el desarrollo de su equipo.
  • Análisis del error sin culpabilización: la revisión post-partido en deportes colectivos separa el resultado del proceso. Aplicado a la empresa, permite extraer aprendizaje sin generar culturas del miedo.
  • Preparación mental ante situaciones de alta exigencia: los deportistas de élite ensayan mentalmente los escenarios difíciles antes de que ocurran. El directivo puede hacer lo mismo, es decir, anticipar las conversaciones complejas, las decisiones bajo presión o las crisis de equipo.
  • Celebración colectiva de logros intermedios: en el deporte, celebrar los hitos del proceso, no solo el resultado final, mantiene la motivación del grupo durante las fases largas de preparación. Es una dinámica directamente aplicable a los proyectos empresariales de medio plazo.

Incorporar estas prácticas no requiere convertir la empresa en un equipo deportivo, sino reconocer que el liderazgo en las empresas y en el deporte comparten los mismos fundamentos, visión, confianza, feedback y propósito colectivo.

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