Cómo la medición del impacto determina lo que valoran los mercados
Una investigación sobre el mercado de la inversión de impacto en España muestra que las herramientas de medición pueden influir en los incentivos, la gobernanza y el comportamiento organizativo, con consecuencias para cómo se desarrollan los mercados.
Los inversores éticos buscan algo más que rentabilidad financiera. Hoy en día, los financieros participan cada vez más en la ‘inversión de impacto’, buscando resultados sociales o medioambientales positivos además de beneficios económicos. Esto implica dirigir capital hacia cuestiones como la desigualdad, la salud, el empleo y la sostenibilidad medioambiental. Ya no se trata de una actividad marginal: la Global Impact Investing Network (GIIN) calcula que más de 3.900 organizaciones gestionan 1,571 billones de dólares en activos de inversión de impacto en todo el mundo.
Pero, ¿cómo se puede medir con precisión si una inversión ha generado una diferencia real y significativa? No es fácil. ¿Cómo se calcula, por ejemplo, hasta qué punto ha mejorado la vida de las personas, o se determina si una inversión es directamente responsable de un resultado?
Una investigación del profesor de Esade Guillermo Casasnovas y la decana Lisa Hehenberger, junto con su coautora Kyriaki Papageorgiou, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología sugiere que la respuesta importa más allá de la simple elaboración de informes. Las herramientas utilizadas para medir el impacto pueden ayudar a determinar qué es lo que el mercado considera valioso. Su estudio, publicado en el Journal of Management Studies, examina este proceso analizando el desarrollo de la inversión de impacto en España.
El poder oculto de la medición
Los investigadores hablan de ‘inscripción del impacto’: el proceso de convertir ideas amplias y a veces ambiguas sobre el impacto social y medioambiental en medidas útiles para las organizaciones. Pero la medición no es neutral. Como explican los coautores, las herramientas de medición incorporan juicios sobre qué se considera valioso.
La investigación identifica tres formas conectadas en las que esto puede ocurrir. En primer lugar, las organizaciones deciden qué cuenta como impacto y, con la misma importancia, qué no. En segundo lugar, crean objetivos medibles basados en sus metas sociales, lo que a su vez puede influir en las decisiones financieras y los incentivos. En tercer lugar, las prioridades, responsabilidades y la gobernanza organizativa se adaptan y cambian en respuesta a estas medidas.
En otras palabras, la medición no es simplemente una forma de describir un mercado. Puede desempeñar un papel en la creación de ese mercado. Una vez que una organización define sus objetivos medibles, esas decisiones pueden influir en lo que la gente considera importante, qué metas son recompensadas y, en última instancia, cómo se comporta.
El mercado de la inversión de impacto en España
El mercado español de inversión de impacto, en rápido desarrollo, ofrece un marco útil para examinar este proceso. Un estudio de 2023 realizado por SpainNAB y el Esade Center for Social Impact mostró que la inversión de impacto directa en el país alcanzó los 1.517 millones de euros, un 26% más que el año anterior. Si se incluye la banca de impacto, el volumen total de capital de impacto alcanzó los 3.341 millones de euros.
Los investigadores siguieron este mercado emergente durante seis años, analizando cómo distintos actores desarrollaban y utilizaban prácticas de medición del impacto. Entre ellos se encontraban inversores, gestores de fondos, organismos públicos y empresas sociales. Marcos de medición como la Teoría del Cambio ayudaron a conectar las actividades con los resultados, mientras que los Contratos de Resultados Sociales vincularon los acuerdos financieros a resultados sociales específicos.
Estas herramientas permitieron a los participantes convertir objetivos abstractos en metas más concretas. También les obligaron a tomar decisiones sobre qué resultados incluir, hasta qué punto ser ambiciosos y quién debía ser responsable de alcanzarlos.
El difícil equilibrio: ambición frente a viabilidad
Los investigadores identificaron una dificultad central en la medición del impacto. Comprender el impacto de forma sistémica tiene una ventaja evidente: permite considerar tanto los efectos positivos como los negativos, las consecuencias no deseadas y los resultados previstos en ausencia de la intervención. Un enfoque metódico puede fomentar una inversión genuinamente transformadora. Sin embargo, el posible inconveniente es que la medición se vuelve tan compleja y exigente que los proyectos resultan difíciles de financiar, o incluso de poner en marcha.
Para hacer frente a estos problemas, los inversores pueden optar por un enfoque más centrado: por ejemplo, concentrarse en una población o un resultado concretos y elegir objetivos más fáciles de medir y alcanzar. De este modo, la inversión de impacto resulta más manejable, aunque también puede traducirse en cambios más pequeños que dejan prácticamente intactas las prácticas financieras existentes.
El estudio describe tres dimensiones de este dilema: el alcance puede ser sistémico o focalizado; los incentivos pueden ser ambiciosos o alcanzables; y los roles organizativos pueden ser novedosos o conocidos. Las combinaciones importan. Los objetivos sistémicos, los incentivos ambiciosos y los roles nuevos pueden generar el potencial de un cambio significativo, aunque resulten más difíciles de aplicar. Los objetivos focalizados, los incentivos alcanzables y los roles conocidos son más fáciles de poner en práctica, pero pueden dar lugar a un cambio lento e incremental, o al ‘lavado de impacto’, que presenta una inversión como transformadora cuando sus prácticas subyacentes en realidad no han cambiado.
¿Qué ocurre cuando las cifras empiezan a cambiar el comportamiento?
Una vez que el impacto se integra en los sistemas de medición, puede influir en el funcionamiento de las organizaciones. Los investigadores hallaron ejemplos de objetivos de impacto incorporados en los incentivos de gestores de fondos y empresas participadas, mientras empezaban a surgir nuevas estructuras de gobernanza, entre ellas comités de impacto.
Con estos cambios, los inversores pueden llegar a ser más responsables del impacto de sus inversiones, mientras que las organizaciones sociales pueden asumir una mayor responsabilidad a la hora de demostrar resultados significativos. La medición puede tener el poder de trasladar los objetivos sociales y medioambientales de las intenciones de una organización a sus procesos formales de toma de decisiones.
Sin embargo, el proceso es recursivo. Las nuevas medidas dan lugar a nuevos incentivos y roles, que a su vez pueden alterar la forma en que las organizaciones entienden qué es el impacto. Las prácticas resultantes pueden influir en la siguiente generación de medición.
La lección para todos los mercados
La inversión de impacto no es el único ámbito en el que resulta relevante la medición de objetivos sociales, éticos y medioambientales. Los investigadores sostienen que todos los mercados eligen qué impactos van a medir y cuáles no. La medición cobra especial importancia cuando la actividad económica genera efectos sociales o medioambientales difíciles de cuantificar.
Por ejemplo, una tecnología verde puede tener beneficios medioambientales y, al mismo tiempo, generar impactos desfavorables en otras partes de su cadena de valor. De forma similar, un producto financiero destinado a apoyar a personas vulnerables puede tener efectos positivos y, a la vez, generar otros riesgos. La medición puede hacer más visibles estas disyuntivas, pero solo si se formulan las preguntas adecuadas.
En definitiva, las organizaciones deben ir más allá de preguntarse si miden el impacto. Deben averiguar qué dejan fuera sus sistemas de medición, a qué intereses responden y qué comportamientos incentivan.
¿Qué significa realmente ‘bueno’?
A medida que se espera cada vez más que los mercados ayuden a abordar problemas sociales y medioambientales, la medición desempeñará un papel cada vez mayor a la hora de definir qué es el éxito. Pero medir el impacto no convierte automáticamente a un mercado en algo más responsable o transformador.
Como concluyen los investigadores, encontrar configuraciones de mercado eficaces es un proceso de "ensayo, error y aprendizaje colectivo." El reto consiste en garantizar que aquello que a los mercados les resulta más fácil medir no acabe sustituyendo a lo que realmente importa.
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