¿Es el modelo renacentista el nuevo perfil profesional competitivo?

En un contexto de incertidumbre y cambio constante, el modelo renacentista resurge como inspiración para construir perfiles profesionales más versátiles, conectados y conscientes.

En una época de alta complejidad como la actual, las trayectorias profesionales se han vuelto menos lineales e impredecibles. Pero esta inestabilidad también esconde la oportunidad de replantear el desarrollo profesional y qué tipo de perfil necesitamos construir para liderar nuestro presente y futuro. ¿Es posible dejar de ver la incertidumbre como una amenaza para empezar a usarla como palanca? 

Como señalan Carmen González, Roque Adrada y Jordi Molina en Harvard Deusto Business Review, el Renacimiento puede ofrecernos algunas pistas: fue una época de transformación radical donde la apertura al conocimiento, la interdisciplinariedad y la visión holística marcaron el camino de pensadores, inventores, artistas y nuevos líderes. Hoy, ese mismo espíritu renacentista puede inspirarnos a redefinir nuestra trayectoria. ¿Y si el profesional más competitivo del s. XXI fuera una nueva versión del homo universalis?  

Las habilidades de los próximos 10 años 

Los desafíos del presente no son solo técnicos, también están cargados de sesgos o de modelos mentales obsoletos que siguen premiando la linealidad. Pero el contexto actual exige otra cosa: dinamismo, reaprendizaje constante, mentalidad abierta y creativa y flexibilidad para cambiar de rumbo.  

Estas habilidades ya no son un deseo aspiracional sino un horizonte ineludible. El Foro Económico Mundial prevé que el 39 % de habilidades profesionales requeridas en el mercado laboral cambiará de aquí a 2030. 

Ante este contexto, Adrada, González y Molina proponen un modelo de desarrollo profesional de inspiración renacentista con una estructura clara: unos cimientos robustos y tres pilares centrales. Un modelo que se proyecta como una aspiración útil para profesionales que buscan evolucionar, no simplemente adaptarse.  

Las claves del Renacimiento profesional 

En zonas sísmicas, los edificios más seguros no son los más rígidos, sino aquellos con cimientos sólidos y estructuras que ceden para no romperse. ¿Cómo sería un perfil profesional antisísmico?  

Localiza tu faro 

No podemos controlarlo todo, pero sí hacia dónde nos dirigimos y por qué. Todo empieza definiendo un propósito, entendido no como una simple declaración de intenciones, sino como una definición del propio rumbo desde donde orientar nuestras decisiones estratégicas.  

El propósito conecta nuestros valores con nuestras metas a largo plazo, nos permite alinear lo que somos, cómo somos y lo que hacemos. En un contexto incierto, disponer de este “faro” propio ––o “estrella polar”, como lo llaman algunos autores–– no solo ofrece una dirección, sino también un sentido: permite discernir qué decisiones están más en sintonía con uno mismo. 

Pero el propósito no se descubre de golpe. Es un proceso de ensayo y error, de autoconocimiento profundo e interacción con el mundo. Como dijo Terri Trespicio, no encontramos nuestro propósito pensándolo, sino actuando. 

De la versatilidad a la polimatía 

En el Renacimiento, la gran aspiración profesional era dominar varias disciplinas. Hoy, esa misma capacidad para moverse entre disciplinas y conectar con conocimientos diversos se vuelve una cualidad especial. La polimatía no es solo versatilidad, es la habilidad estratégica de combinar conocimiento técnico, pensamiento crítico, creatividad y sensibilidad humana.  

¿Cómo desarrollarla? El principal motor es la curiosidad y la mentalidad de principiante. Ese “querer saber más” puede convertirse en una ventaja competitiva para individuos y equipos profesionales. Aprender y desaprender con agilidad es lo que nos permite navegar escenarios cambiantes y generar valor incluso cuando las reglas cambian.  

Redes de colaboración: los facilitadores 

En una economía en red, la carrera profesional también debe serlo. La mentoría —por parte de personas a las que admiramos y en quienes confiar—, el networking estratégico y las alianzas significativas son palancas clave para el desarrollo de la trayectoria profesional. Son facilitadores capaces de aportarnos visión e indicarnos nuevas puertas o escenarios viables.  

Como señala Herminia Ibarra, no se trata de coleccionar contactos, sino de construir relaciones con intención y profundidad. Aquello que la IA no puede replicar ––como la escucha activa o la intuición humana–– será precisamente lo más valorado en un mundo interconectado. Saber colaborar, cocrear y dejarse guiar por otros es parte del nuevo arte de progresar.  

Leer y anticipar: la visión maquiavélica 

Además de tener un rumbo, también hace falta saber leer el mapa: tener visión estratégica, entendida como la capacidad de interpretar el contexto, anticipar escenarios y detectar oportunidades.  

En El Príncipe, Maquiavelo escribió que quien adapta sus acciones al “espíritu de los tiempos” es quien logra imponerse. Esa es la tarea del profesional del presente: desarrollar una conciencia geopolítica, tecnológica y social que permita discurrir en un mundo donde todo está interconectado y cambia a velocidad vertiginosa. De hecho, los eventos globales tendrán cada vez más incidencia en el mercado laboral y, por tanto, en nuestra toma de decisiones.  

Ser buenos en lo que hacemos no basta, hay que entender dónde lo hacemos, para qué y en qué momento histórico. Así, la incertidumbre deja de ser una enemiga para convertirse en un medio. Si sabemos interpretarla, se convierte en una fuente de ventaja y no de parálisis.  

El profesional universal 

Tener el control del destino que nos marcamos en un momento en el que la carrera profesional no es lineal requiere de aptitudes concretas. El buen profesional de hoy no es el más rápido ni el más técnico, sino quien se mueve en red, domina varios lenguajes, entiende el mundo y, sobre todo, entiende quién es él mismo. 

Se trata de “renacer” con otras claves. No de seguir una línea recta, sino de construir un camino con intención y coherencia, aunque con formas diversas. Como en el Renacimiento, atravesamos momento de ruptura y a la vez de oportunidad. El modelo renacentista propuesto por Adrada, González y Molina ofrece una revisión actualizada del perfil surgido en un momento histórico de profundas transformaciones y con varios puntos de contacto con el actual. Es una invitación a construir perfiles valientes, amplios, conectados y conscientes

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