¿Es cierto que sentimos más intensamente tras actuar?

Durante décadas, la ciencia del comportamiento ha afirmado que la acción provoca emociones más intensas que la inacción. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que este efecto es una ilusión provocada por el modo en que se plantean las preguntas.

Featured Faculty Icon Profesorado mencionado

Dos amigos pierden cada uno 1200 € en el mercado de valores. Uno cambió su cartera el día antes de la caída; el otro dejó sus inversiones intactas. El resultado es el mismo para ambos, pero ¿quién se siente peor? 

Los psicólogos han creído durante mucho tiempo que la respuesta es sencilla: la persona que actuó se siente peor. Esta idea de que las acciones provocan respuestas emocionales más intensas que la inacción ha sido un principio fundamental de la ciencia del comportamiento durante décadas. 

Hasta ahora se creía que, ante una consecuencia negativa, la gente se arrepiente más de actuar que de no hacer nada

Sin embargo, la investigación de Ioannis Evangelidis, profesor de Esade, y Manissa Gunadi (EADA) cuestiona esta suposición. Sus estudios sugieren que solo una minoría de personas cree que los demás sienten emociones más intensas cuando el mismo resultado se produce tras la acción que tras la inacción. Es posible que las investigaciones anteriores hayan sobreestimado este 'sesgo de acción' porque a los encuestados no se les dio la opción de decir que ambas personas, la que actuó y la que no hizo nada, sintieron lo mismo. 

¿La acción conduce a sentimientos más intensos?

Una teoría fundamental de la ciencia del comportamiento es que las personas se arrepienten más de actuar que de no hacer nada si la consecuencia es negativa. Además, se sienten más orgullosas cuando una decisión deliberada tiene un resultado positivo. Estas suposiciones han influido en las teorías sobre la toma de decisiones, el juicio moral e incluso el comportamiento económico. 

Esta opinión se basaba en gran medida en el trabajo de Daniel Kahneman y Amos Tversky en la década de 1980, entre otros. En su escenario de inversores, utilizado a menudo como ejemplo, los participantes en sus estudios juzgaron que alguien que perdía dinero después de modificar sus inversiones se sentiría peor que alguien que perdía la misma cantidad al mantener su inversión original. 

Sin embargo, estudios como este suelen basarse en preguntas binarias, como «¿Quién se siente peor: el que actuó o el que no lo hizo?». Este tipo de formato de pregunta no deja margen para decir que el impacto emocional fue el mismo en ambos supuestos. 

Evangelidis y Gunadi plantean una pregunta sencilla pero poderosa: ¿La gente cree realmente que la acción conduce a sentimientos más intensos, o sus respuestas están siendo inadvertidamente moldeadas por la estructura de la propia pregunta

Cómo el diseño de las preguntas cambia lo que pensamos

A lo largo de siete experimentos que utilizaban escenarios de investigaciones clásicas sobre este tema, los autores entregaron a los participantes cuestionarios en los que se les pedía que evaluaran cómo se sentirían unos personajes inventados después de experimentar los resultados derivados de la acción o la inacción. Los estudios abarcaban tanto emociones negativas (arrepentimiento) como positivas (euforia). 

Cuando a los participantes solo se les daban dos opciones, como elegir cuál de los dos personajes ficticios se sentía mejor, tendían a decir que la persona que había actuado sentía emociones más intensas. Pero cuando se les ofrecía una tercera opción, «se sienten igual», la mayoría solía elegirla. En algunos casos, los cuestionarios incluso ofrecían la opción de dar respuestas abiertas y, aun así, la mayoría juzgaba que la acción y la inacción provocaban sentimientos similares cuando se les decía que era una opción viable.

La elicitación es el método mediante el cual la psicología obtiene o revela las creencias de la gente

En el caso de los dos inversores que perdieron dinero en el mercado de valores, muchas personas dirían que ambos se sintieron igual de mal: el hecho de que uno actuara previamente cambiando su cartera antes de la pérdida y el otro no hiciera nada no tiene por qué influir en cómo percibimos lo que sienten estas personas. 

“Es posible que la gente no crea firmemente que las acciones provocan emociones más intensas que la inacción”, escriben los autores, “sino que construye esta creencia en función de cómo se formula la pregunta”. 

Incluso cuando se pidió a los participantes que calificaran las emociones de forma independiente, en lugar de compararlas, la mayoría siguieron indicando una intensidad emocional similar, independientemente de si el resultado se produjo tras la acción o la inacción. Esto sugiere que el llamado ‘sesgo de acción’ puede no ser una creencia genuina, sino más bien una consecuencia de cómo se estructura la pregunta. Tan solo un pequeño grupo de participantes calificó sistemáticamente la acción como causante de más emoción, pero fueron una minoría en seis de los siete estudios. 

Estos hallazgos no deben confundirse con el concepto de ‘encuadre’ (framing), en el que las percepciones de la gente se ven influidas por la forma en que se presenta la información. Hay una diferencia sutil pero fundamental. Lo que examinó el estudio no fue el tono emocional ni el carácter sugestivo en que se presentaba la información, sino la forma en que se recogieron los datos. A esto se le conoce como un efecto de ‘elicitación’ (elicitation): el método mediante el cual la psicología obtiene o revela las creencias de la gente. En este caso, el hecho de que los participantes estén obligados a elegir entre dos opciones o se les permita expresar neutralidad resulta fundamental a la hora de determinar los resultados. 

Qué significa esto en la vida real

Para los científicos del comportamiento, esto podría cambiarlo todo. Si las creencias comúnmente aceptadas sobre las emociones se basan en cómo se estructuran las preguntas, tal vez sea el momento de reevaluar las teorías establecidas desde hace tiempo

Pero los hallazgos van más allá del ámbito académico y se extienden a la vida cotidiana. Pensemos en una evaluación del rendimiento en el trabajo, en la que se le pide a un manager que elija qué empleado mostró peor criterio: el que aplicó algún cambió y fracasó o el que no hizo nada y también fracasó. Si el manager se ve obligado a elegir entre uno de los dos como ‘el peor’ y no hay opción de decir que ambos tuvieron un rendimiento similar, las consecuencias para ese ‘peor’ empleado podrían ser graves.  

Nuestros juicios sobre las emociones del resto influyen en cómo empatizamos, damos consejos o anticipamos decisiones

Otros artículos académicos ya han demostrado cómo el encuadre (framing) puede influir en todo, desde las decisiones sanitarias hasta el comportamiento financiero durante una crisis. Esta investigación añade otra capa a tener en cuenta: incluso un cambio sutil en el formato de respuesta puede alterar lo que creemos que la gente piensa o siente. 

“Nuestros hallazgos sugieren que algunas demostraciones clásicas del efecto de una acción pueden no reflejar las creencias reveladas”, escriben Evangelidis y Gunadi, “sino más bien respuestas construidas al momento en función de cómo se elicita la afectividad”. En psicología, la afectividad refiere al conjunto de sentimientos, emociones y estados de ánimo de una persona, que influyen en su percepción del mundo, su conducta y sus relaciones. 

Es importante destacar que el estudio pidió a los participantes que evaluaran cómo se sentían los demás, no cómo se sentirían ellos mismos en una situación determinada. Aun así, sigue siendo importante. Como señalan los autores, nuestros juicios sobre las emociones de los demás influyen en cómo empatizamos, cómo damos consejos y cómo anticipamos las decisiones. Nuestras suposiciones sobre las emociones de los demás pueden incluso moldear cómo pensamos sobre nuestras propias decisiones. 

Todo está en la pregunta

Esta investigación cuestiona los hallazgos anteriores de que las personas creen que las reacciones emocionales son más intensas cuando los resultados siguen a la acción que a la inacción. En cambio, revela que esos juicios a menudo se construyen sobre la marcha, moldeados por cómo se formulan las preguntas y cómo se suscitan las creencias en los estudios psicológicos.

Es una idea sutil pero importante. Si la forma en que hacemos las preguntas puede cambiar lo que la gente dice que sienten los demás, también puede influir en cómo diseñamos las políticas, comunicamos los riesgos e incluso interactuamos entre nosotros

Y si nuestros sentimientos dependen de cómo se nos incita, ¿cuántas de nuestras ‘verdades’ personales son más frágiles de lo que parecen?

Todo el contenido está disponible bajo la licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.