Volver a la naturaleza para reducir el calor en la ciudad
Cumplir los objetivos de sostenibilidad y, al mismo tiempo, poder vivir y trabajar en entornos frescos en unas ciudades cada vez más calurosas supone todo un reto.
El verano pasado, cuando en Europa se registraron las segundas temperaturas más altas de su historia, la respuesta de los países del sur quemados por el sol fue limitar el uso del aire acondicionado.
España, Grecia e Italia prohibieron que el aire acondicionado de los edificios públicos estuviese por debajo de cierta temperatura mínima como parte de unas medidas temporales destinadas a reducir el consumo de energía. Francia anunció que multaría con 750 euros a las empresas que dejasen las puertas abiertas con el aire acondicionado en funcionamiento, y Hannover (Alemania) prohibió el uso del aire acondicionado por completo en todos los edificios, excepto hospitales y escuelas.
En las ciudades que sufren un aumento constante de las temperaturas, puede parecer contraproducente tomar medidas que restringen la posibilidad de refrescarse. Los trabajadores criticaron dichas medidas y alegaron que el límite de 27° definido en España era demasiado alto para trabajar con comodidad. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, anunció que las ignoraría por completo aduciendo que generaban inseguridad.
Pero, aunque cada vez resulta más difícil cumplir los objetivos climáticos (el Reino Unido ha anunciado recientemente que incumpliría sus objetivos en casi todos los aspectos), es necesario hacer sacrificios a corto plazo para lograr un beneficio a largo plazo. Y esto, para los expertos en clima de Esade, significa vivir en armonía con la naturaleza, y no luchar contra ella.
Es verano para todas las especies
“Llega el verano para todas las especies que habitan el planeta Tierra y, para que puedan sobrevivir, debemos reducir las presiones humanas que reciben”, dice Rafael Sardá, científico sénior del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y colaborador académico de Esade desde 1991.
No somos la única especie que utiliza los recursos naturales de la Tierra
“Todo esto no es trivial para el hombre, ya que los seres humanos dependemos completamente de la biodiversidad que nos rodea. El calentamiento global nos induce a cambiar las fuentes de energía que utilizamos, así como a gestionarlas mejor y, sobre todo, a aprender cómo ahorrar energía. Pero también debería hacernos reflexionar sobre cómo afecta al funcionamiento de sus sistemas naturales. No somos los únicos que utilizamos estos recursos naturales.”
Juan Pablo Casadiego, doctorando del Instituto de Innovación Social de Esade y miembro del Esade Center for Social Impact, se muestra de acuerdo con este punto. “¿Por qué no estudiamos formas de organizarnos de un modo más armonioso con las demás especies?”, se pregunta.
Hay que evitar el colapso del planeta
Casadiego, que en sus investigaciones vincula los sistemas socioecológicos con la sostenibilidad empresarial, se declara “profundamente preocupado” por el que afirma es el reto más importante de la humanidad: evitar la destrucción del planeta.
“La continua extinción masiva de especies y la degradación de los hábitats ricos en biodiversidad nos están llevando a un colapso socioecólogico mundial”, afirma. “Estos cambios no solo amenazan la existencia de la fauna y la salud de los ecosistemas, sino también la seguridad del espacio operativo de los seres humanos.”
A pesar de las desalentador previsiones, Casadiego afirma que existe un enfoque alternativo, pero que las empresas deben replantearse su definición de éxito para lograrlo.
Trabajar con la naturaleza, y no contra ella
“Deberíamos buscar formas alternativas y colaborativas de organización, con el fin de abordar holísticamente el objetivo común de mejorar la resiliencia ecológica y los índices de regeneración del planeta”, explica.
“Ello apunta a que las organizaciones empresariales deben repensar su propósito, su misión y sus indicadores de éxito. Por una parte, las epistemologías de gestión se basan en la idea de que la tecnología puede resolver los problemas medioambientales con soluciones basadas en el mercado, la eficiencia y los medios de gobernanza. En cambio, una visión crítica reivindica una comprensión más integral de las cuestiones socioecológicas.”
“En este sentido, una acción efectiva debería tomar en consideración (re)aprender de los conocimientos indígenas y de los ritmos y las leyes naturales. Existe la oportunidad de abordar las cuestiones medioambientales a través de colaboraciones interdisciplinarias, para salvar las prácticas regenerativas ancestrales, ecológicas y de las ciencias sociales.”
Centrarse en la biodiversidad
Para Àngel Castiñeira, director de la Cátedra LiderazgoS y Sostenibilidad y profesor titular del Departamento de Sociedad, Política y Sostenibilidad de Esade, esto significa centrar la atención en los objetivos de la biodiversidad.
“La crisis climática y la crisis de la biodiversidad están intrínsecamente vinculadas, y hemos de dar una respuesta conjunta y eficaz a ambas”, afirma. “Del mismo modo que la emergencia climática ha activado los objetivos fundamentales de mitigación, adaptación y resiliencia, la emergencia ambiental que se manifiesta en la pérdida acelerada de biodiversidad en todo el mundo también debería activar objetivos, en este caso, relacionados con la protección, la conservación y la restauración.”
“Estos objetivos de biodiversidad no suelen ser especialmente importantes para algunos sectores como el empresarial, pero deberían serlo. No conviene olvidar que el 55% del PIB mundial, con todo lo que implica para la economía, depende de la biodiversidad.”
Medidas prácticas
Las advertencias son serias. Pero, ¿qué significan para las empresas que deben abordar el aumento de las temperaturas y garantizar la seguridad de sus trabajadores en el aquí y ahora?
Según Juan Pablo Casadiego, todo el mundo debería tomar medidas. “Es importante que asumamos la responsabilidad individual por la emergencia climática, reducir las emisiones en la medida de lo posible y, por supuesto, pasar a adoptar una dieta basada en alimentos de origen vegetal” asegura.
Las empresas deben plantearse su definición de éxito para evitar el colapso global
“Hacerse vegano, por ejemplo, no es solo una forma de reorientar la relación mutuamente beneficiosa que mantenemos con los animales y los sistemas ecológicos, sino también una opción de consumo que tiene un gran efecto en la reducción de nuestra huella ecológica.”
A mayor escala, es posible extraer lecciones de la planificación innovadora que está permitiendo que zonas urbanas de “islas de calor” (fenómeno que se produce cuando las temperaturas son más altas en las ciudades que en las zonas rurales debido al exceso de hormigón, vidrio y transporte, así como al ingente uso de energía), se conviertan en ciudades esponja.
Respetemos el medio ambiente
“La forma más evidente de combatir el efecto de las islas de calor en las ciudades es volver a introducir la vegetación en ellas: aumentar la cubierta vegetal, plantar árboles en las calles, instalar tejados y azoteas verdes, etc.”, recomienda el Foro Económico Mundial.
Algunas de las ciudades que están marcando el camino en la lucha contra el calor extremo en las zonas urbanas son Singapur, que ha introducido 86 estrategias, como el uso abundante de infraestructuras verdes (tejados, paredes, fachadas, parques y espacios abiertos) y elementos con agua (fuentes, estanques, etc.) que actúan como disipadores de frío; Medellín, donde se ha puesto en marcha un programa de diseño urbanístico de 16,3 millones de dólares EE. UU. para plantar 8800 árboles y palmeras en 30 corredores verdes de toda la ciudad; y Zhuhai, una de las 30 “ciudades esponja” de China en las que se han sustituido los materiales de algunas superficies duras, como el asfalto de carreteras y aceras, por otros porosos, tejados y arcenes verdes, zonas de amortiguación mediante franjas de vegetación y humedales de aguas pluviales.
Y en Madrid está previsto crear un “jardín eólico” de 14,5 hectáreas con el fin de reducir hasta 4 grados las temperaturas en la ciudad.
Convertir las junglas de hormigón en refugios verdes permite reducir el calor y las consecuencias de las inundaciones, y también ofrecer un hábitat esencial a las otras especies.
Como observa Rafael Sardá: “Para que el mundo sea un lugar más equitativo y solidario, debemos ser tanto neutros en carbono como positivos en biodiversidad.”
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