El papel —y los límites— de la captura de carbono en la transición energética
La captura de carbono es valiosa, pero no la solución definitiva contra el cambio climático. Los expertos destacan su potencial para industrias como el cemento y el acero, mientras que las renovables siguen siendo el núcleo de la transición energética.
¿No sería una solución fantástica si pudiéramos simplemente absorber todo el exceso de carbono del aire? Parece el atajo perfecto para lograr la transición energética. La captura de carbono tiene un atractivo casi mágico y, lo que es más importante, la tecnología ya existe.
«No es ciencia ficción: la captura de carbono es real y ya está funcionando. Pero eso no significa que sea la solución milagrosa que hemos estado esperando», explica Samantha Gross, experta en energía de la Brookings Institution e invitada a un reciente podcast de EsadeGeo. La iniciativa forma parte del Observatorio EsadeGeo-Fundación Repsol sobre Geopolítica y Transición Energética.
Aunque las tecnologías de captura de carbono, como CCS, CCU y CDR, suelen presentarse como revolucionarias, Gross y otros expertos advierten que su función es mucho más específica y limitada de lo que sugieren algunos titulares.
¿Qué es la captura de carbono?
La captura de carbono se puede realizar de diferentes maneras, cada una con sus ventajas e inconvenientes:
- CCS: captura y almacenamiento de carbono (carbon capture and storage). Captura de carbono en la fuente —utilizada en centrales eléctricas y cementeras— para su posterior inyección subterránea en depósitos geológicos.
- CCU: utilización de la captura de carbono (carbon captore and usage) En lugar de almacenar el CO₂, se reutiliza en procesos industriales, como la producción de otros combustibles o productos químicos.
- CDR/DAC: eliminación de dióxido de carbono o captura directa del aire (carbon dioxide removal/direct air capture) Extraer el carbono directamente de la atmósfera, donde solo representa el 0,04 % del aire.
Como comenta Gross: “Capturar algo que solo representa el 0,04 % del total es realmente muy difícil. Se puede hacer, pero es mucho más fácil y barato obtenerlo en el momento del proceso industrial”.
Se ha demostrado que los tres enfoques funcionan, pero el CCS es el que se encuentra en la fase más avanzada de desarrollo. Por el contrario, el DAC sigue siendo prohibitivamente caro y se encuentra en una fase muy temprana.
Un marco político favorable es esencial para que la captura de carbono sea viable
Se están haciendo progresos, aunque lentamente. En 2023, la capacidad de captura anunciada para 2030 aumentó un 35 %, mientras que la capacidad de almacenamiento se prevé en un 70 %. Pero, aun así, la capacidad global sigue estando muy por debajo de los niveles necesarios para cumplir los objetivos climáticos.
¿Cómo se utiliza y cuánto cuesta?
Hasta que la captura de carbono sea asequible de forma sistemática, seguirá siendo una tecnología periférica. No obstante, algunos casos son prometedores.
En escenarios específicos, como el tratamiento de gas natural con alto contenido de CO₂, el almacenamiento puede costar tan solo entre 15 y 20 dólares por tonelada. «Hay algunas aplicaciones en las que ahora estamos muy por debajo de los 100 dólares por tonelada... y se puede añadir el paso adicional de almacenar [CO₂] por quizás 15 o 20 dólares por tonelada», señala Gross.
La mayoría de los proyectos de CCS cuestan entre 60 y más de 100 dólares por tonelada. La DAC es más costosa porque extrae una concentración muy pequeña de CO₂, pero es un punto de referencia importante para comprender el límite máximo de los costes de reducción.
La geografía influye directamente en los costes. La costa del Golfo de Estados Unidos, por ejemplo, es ideal para la captura de carbono gracias a su combinación de industria pesada y yacimientos geológicos cercanos para el almacenamiento. Por otro lado, los yacimientos marinos de Noruega ofrecen la ventaja de una geología adecuada y experiencia en operaciones subterráneas. Pero tan pronto como el CO₂ debe transportarse a largas distancias, ya sea por tuberías o por barco, la rentabilidad desciende rápidamente.
Argumentos a favor y en contra de la captura de carbono
La mera existencia de proyectos de captura de carbono en funcionamiento plantea una pregunta clave: si ya podemos extraer CO₂, ¿deberíamos centrarnos en este enfoque? La respuesta presenta más matices que un simple ‘sí’ o ‘no’.
El argumento a favor alude al hecho de que algunas industrias siempre emitirán CO₂, independientemente de lo limpia que sea su fuente de energía. Las industrias del cemento y del acero son ejemplos claros. Para estos sectores, la captura y almacenamiento de carbono es una de las únicas opciones reales. En el futuro, al igual que con otras tecnologías, es probable que los costes disminuyan a medida que aumenten la experiencia y la inversión, lo que hará que la CCS sea más escalable.
La captura de carbono no debe utilizarse como excusa para ignorar el cambio hacia las energías renovables
Sin embargo, no se puede ignorar la oposición a la CCS. La captura de carbono es cara y consume mucha energía. Los críticos argumentan que se corre el riesgo de desviar recursos de soluciones más baratas y probadas, como las energías renovables. También puede crear riesgos éticos: si las empresas dan por sentado que pueden capturar las emisiones más adelante, pierden la urgencia de reducirlas ahora. Esto podría dar a las industrias carta blanca para seguir produciendo carbono.
También hay escepticismo sobre sus usos: «Las tecnologías de captura de carbono se utilizan principalmente para extraer más petróleo», argumenta la ONG internacional Global Witness en una entrada de blog. El riesgo es que los miles de millones invertidos en CCS podrían contribuir a prolongar la era de los combustibles fósiles en lugar de ponerle fin.
No es la solución a todos nuestros problemas
Gross tiene claro que la CCS no es una navaja suiza que resuelva todos los problemas: “La captura y el almacenamiento de carbono es una herramienta más del conjunto”, subraya. Es especialmente valiosa para las industrias en las que es difícil reducir las emisiones, ya que el CO₂ es un subproducto del proceso industrial, pero no debe sustituir al rápido despliegue del hidrógeno y las energías renovables.
Esperar que la CCS por sí sola nos lleve por el camino de la descarbonización sería arriesgado, caro y, en última instancia, insuficiente.
El papel de los gobiernos
Un marco político favorable es esencial para que la captura de carbono sea viable. “Hemos tratado el medio ambiente como un lugar gratuito para depositar CO₂ para siempre. Y la única forma de cambiar eso es con políticas”, afirma Gross.
Las políticas públicas para la transición energética varían en todo el mundo. En Estados Unidos se utilizan subvenciones, que proporcionan incentivos financieros a las empresas que capturan y almacenan carbono. En la UE, la fijación de precios del carbono desempeña un papel fundamental. Los contaminadores pagan por sus emisiones, lo que hace que la captura sea económicamente atractiva. Aunque la fijación de precios del carbono no está exenta de inconvenientes, a veces conduce al dumping climático, en el que la producción intensiva en carbono se externaliza a países fuera de la UE.
Para desarrollar y ampliar toda nueva tecnología, es esencial contar con el apoyo inicial del gobierno, puesto que los bancos son reacios a financiar una primera o segunda planta a gran escala cuyo enfoque no ha sido suficientemente probado. Por lo tanto, el respaldo público es fundamental hasta que los costes se estabilicen y se genere confianza.
El futuro de la captura de carbono
La captura y almacenamiento de carbono no es mágica. No debe utilizarse como excusa para restar importancia o ignorar el cambio hacia las energías renovables. Sin embargo, ofrece valor si su implementación es específica, está respaldada por políticas inteligentes y se integra en estrategias de descarbonización más amplias.
Gross ofrece un último recordatorio: “Si hay algo que la gente debe recordar, es que la captura directa del aire va a ser la forma más cara de capturar carbono”.
El reto futuro será equilibrar ingeniería, economía y políticas públicas para implementar la captura de carbono de forma pragmática, sin perder de vista los objetivos más amplios de la transición energética.
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