10 retos de la economía colaborativa

El crecimiento de la economía colaborativa ha revolucionado la prestación de servicios a través de plataformas digitales que se basan en la contratación bajo demanda.

Artículo basado en resultados de investigación de Anna Ginès Fabrellas

La irrupción de estas nuevas formas de prestación de servicios, que tradicionalmente eran trabajos realizados por empleados, se han sustituido por empleos de muy corta duración llevados a cabo por “autónomos”.

Estos “autónomos”, sin embargo, no están cubiertos por muchas de las garantías que el derecho laboral ofrece a los trabajadores.

En su investigación, la profesora de Esade Anna Ginès revela 10 retos de la economía colaborativa y analiza el impacto de estos modelos de negocio en el mercado laboral.

1. Delimitar el fenómeno

La economía colaborativa ha abierto las puertas a relaciones humanas globalizadas, que antes tan solo podían generarse dentro de comunidades pequeñas, como familiares, amigos, vecinos o conocidos. El consumo colaborativo permite que los usuarios puedan intercambiar, prestar o compartir bienes o servicios.

Pero plataformas como Uber, Deliveroo o Amazon Mechanical Turk, a pesar de que se consideran parte de la economía colaborativa, escapan de esta lógica mediante el desarrollo de verdaderos modelos de negocio que se basan en el ahorro de gastos laborales.

Sharing economy
Un trabajador de la economía colaborativa consultando su pedido en Coventry, Gran Bretaña (Foto: @nrqemi/iStock)

2. Delinear el actual modelo de negocio

Mediante el uso intensivo de nuevas tecnologías, estas plataformas digitales han sido capaces de desarrollar un modelo de negocio que externaliza completamente los servicios que prestan.

Las plataformas que se enmarcan dentro de la economía colaborativa afirman ser meras empresas tecnológicas

Esta externalización es posible mediante la reducción del servicio al nivel de microtareas y la tercerización masiva hasta alcanzar un número de trabajadores externos suficientemente elevado a través de un sistema de contratación bajo demanda.

3. Determinar si las plataformas digitales son empresas tecnológicas o proveedoras de servicios 

Las plataformas digitales que se enmarcan dentro de la economía colaborativa afirman ser meras empresas tecnológicas. Sin embargo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea confirmó recientemente que una de las empresas paradigmáticas (Uber) debía considerarse como una empresa de servicios.

La frontera entre los dos conceptos es difusa, de ahí la necesidad de estudiar cada caso.  

4. Actualizar la clasificación legal de la relación entre los proveedores de servicios y las plataformas digitales  

Las nuevas formas de trabajo que están surgiendo dentro del marco de la economía colaborativa difieren del perfil tradicional del trabajador. Aun así, es necesario tomar en mayor consideración las fórmulas de control indirecto del negocio en lo que respecta a asignación del trabajo, rendimiento laboral y control del mercado.

5. Tener en cuenta el control indirecto del negocio

Si bien el trabajo para plataformas digitales parece encajar mejor con el empleo por cuenta propia, existen pruebas sustanciales que evidencian la subordinación y dependencia de la empresa mediante formas indirectas de gestión del negocio como, por ejemplo, los horarios laborales, la asignación de tareas y el control del rendimiento laboral.

En las plataformas digitales, los trabajadores asumen los costes del servicio

6. Redimensionar el mercado

En las plataformas digitales, los trabajadores asumen los costes del servicio, utilizan su propia infraestructura y medios de producción, y reciben un beneficio económico basado en la cantidad de servicios prestados.

Sin embargo, estos trabajadores no cuentan con una organización autónoma del negocio que les permita determinar las condiciones del servicio que ofrecen y fijar los precios correspondientes.

7. Establecer condiciones laborales justas

Las plataformas digitales utilizan, de facto, el contrato de “cero horas”, ya que los proveedores de servicios no están sujetos a un mínimo de horas laborales. Pero este contrato no es legal dentro del sistema jurídico-laboral español y la excesiva flexibilidad que conlleva hace que aumente la inseguridad laboral.

Tratar a los trabajadores de plataformas digitales como empleados no solucionará sus problemas

8. Garantizar el derecho de acción colectiva de los trabajadores

Tratar a los trabajadores de plataformas digitales como empleados no solucionará sus problemas, ya que la dispersión geográfica en el desempeño de su trabajo, la discontinuidad de la prestación de servicios y la elevada rotación dificultan el ejercicio de sus derechos.

Para garantizar los derechos colectivos de estos trabajadores es necesario crear sistemas virtuales de participación, impulsar formas de votación electrónica en elecciones sindicales y llevar a cabo acciones virtuales como, por ejemplo, la desconexión de la plataforma.

9. Desmontar la necesidad de una tercera categoría

Dado que el trabajo en plataformas digitales, supuestamente, no se puede clasificar según la legislación vigente, una parte de la doctrina laboral española sugiere crear una nueva categoría para los trabajadores de la economía colaborativa.

Sin embargo, elaborar un nuevo reglamento ad hoc tan solo protegería los intereses comerciales de un sector que está explotando de forma despiadada la ventaja competitiva que le otorga el uso fraudulento del trabajo por cuenta propia con el fin de ahorrar en gastos laborales.

10. Ampliar los límites del derecho laboral

El derecho laboral debe ampliar sus límites (tanto legales como financieros) para incluir todos los tipos de trabajo dependiente. El concepto de empleado debe tener en cuenta el nuevo entorno digital a fin de reemplazar la dependencia legal por la dependencia financiera.

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