Elecciones Europeas 2024: Tejiendo el tapiz del futuro político de la Unión
Se abre la posibilidad de un nuevo equilibrio de poderes en la UE y un complejo escenario de alianzas para determinar la composición de la próxima Comisión Europea.
En un año repleto de elecciones presidenciales, las elecciones europeas son uno de los acontecimientos democráticos más significativos a nivel global. Estos comicios se celebrarán del 6 al 9 de junio y convocarán a más de 400 millones de ciudadanos de los 27 países de la Unión Europea para elegir a los diputados del Parlamento Europeo, que pasará de tener 705 a 720 miembros. Son una de las elecciones más grandes del planeta, solo superadas en número de electores convocados a las urnas por la India.
Lo que suceda en las urnas también tendrá un gran impacto a nivel internacional. La legislación aprobada en Bruselas y Estrasburgo es fundamental para la línea económica y regulatoria de la UE, como atestiguan iniciativas como el European Green Deal o el Digital Services Act. Por otro lado, el PIB nominal de la UE se estimó en aproximadamente 17 mil millones de dólares en 2023, representando el 16,2% del PIB mundial.
El resultado de estos comicios también marcará la configuración de la próxima Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la UE. Su actual presidenta, Ursula von der Leyen, ha anunciado su intención de buscar los apoyos necesarios para repetir en el cargo. De conseguirlo, tendrá que enfrentar los temas que marcarán la agenda política europea durante la próxima legislatura, entre ellos la transición energética, la guerra en Ucrania, la competición industrial con EEUU y China, y la cuestión migratoria.
¿Qué dicen las encuestas?
De acuerdo con las últimas encuestas, la tendencia parece indicar un claro fortalecimiento de los grupos de la ultraderecha, mientras que los partidos más tradicionales y del centro perderán apoyo. A pesar del auge de la ultraderecha en Europa, parece que los valores soberanistas de estos partidos provocan contradicciones con la naturaleza política de la Unión, lo cual está generando fracturas y enfrentamientos entre ellos.
Por ejemplo, según los sondeos recogidos por el European Council for Foreign Relations (ECFR) y Politico, se estima que los partidos tradicionales, como el European People’s Party (EPP) y el grupo Socialists & Democrats (S&D), perderán escaños, aunque conseguirán mantenerse como los dos grupos más grandes. Por el momento, parece que el EPP ganaría las elecciones con 173 escaños.
Por otro lado, las encuestas indican que el grupo centrista Renew Europe (RE), la Izquierda y los Verdes también perderán un número significativo de escaños. Pero los principales ganadores de las elecciones serán los partidos de derecha populista. El grupo que más se espera que crezca es la derecha radical de Identity and Democracy (ID). Por otra parte, el grupo de European Conservatives and Reformists (ECR) también ganará escaños. Y, si el partido Fidesz en Hungría decide unirse al ECR, podrían superar a RE e ID y convertirse en el tercer grupo más grande.
La compleja política de alianzas
Ante una clara victoria de la derecha, existen muy pocas posibilidades de que una coalición de izquierdas pueda liderar el Parlamento. Sin embargo, tampoco está claro que una coalición del centroderecha junto con la ultraderecha lo consiga. A pocas semanas de las elecciones, los grupos de derechas populistas de ID y ECR comenzaron a fracturarse rápidamente.
Por una parte, la líder más importante del ECR, la primera ministra italiana Giorgia Meloni, ya anunció que no piensa fusionar su grupo junto con el ID liderado por Marine Le Pen y el partido Law and Justice Party (PiS) de Polonia. Parece que el grupo conservador ECR quiere distanciarse de las políticas más radicales del ID sobre inmigración y de su actitud amistosa hacia Rusia con tal de convertirse en un posible socio de gobierno más aceptable para el EPP y el RE.
La división entre grupos de la ultraderecha es síntoma de las contradicciones que sufren los partidos nacionalistas en las europeas
Sin embargo, en un reciente giro de los acontecimientos, parece que el ID también se está distanciando de sus miembros más controvertidos. Hace unas pocas semanas, el ID expulsó al partido de ultraderecha Alemán, Alternative for Germany (AfD), tras una serie de polémicas relacionadas con comentarios revisionistas sobre las SS de su candidato a las elecciones, lo que se añade al caso de un miembro del AfD acusado de espionaje y de las revelaciones sobre un plan clandestino antiinmigratorio del partido.
La expulsión del AfD representa un duro golpe para el ID, que pierde a uno de sus socios más importantes, lo cual reducirá seriamente su número de escaños. En estos momentos, parece que el AfD se ha convertido en otro partido paria en la política de Bruselas, quedando huérfano de grupo político al igual que el partido Hungaro de Viktor Orban, Fidesz.
La falta de unidad y la continua división entre los partidos de la ultraderecha es un síntoma de las contradicciones que sufren los partidos nacionalistas al presentarse en las elecciones europeas. Los valores de estos partidos tienden a centrarse en la priorización de sus intereses nacionales y el euroescepticismo, haciendo muy complicado para ellos poder votar unidos en cada iniciativa. Por su naturaleza supraestatal, el Parlamento Europeo requiere que sus miembros sacrifiquen parte de sus intereses nacionales para poder avanzar proyectos que resulten positivos para el conjunto europeo, sacrificios que pocos partidos nacionalistas están dispuestos a hacer.
Un nuevo equilibrio de poderes
El Parlamento Europeo no es el único órgano legislativo en el complejo equilibrio de poderes de la UE. El Consejo Europeo también juega un rol vital en la política europea y es menos probable que acabe dominado por ideologías de derecha. El Consejo Europeo está compuesto por los 27 jefes de Estado o de Gobierno de cada país miembro, y también tiene la responsabilidad de aprobar todas las iniciativas de la Comisión Europea junto con el Parlamento.
El nuevo escenario supondrá un gran dilema para la actual presidenta de la Comisión y principal aspirante a repetir en el cargo
Por ese motivo, debido a que países grandes como España, Francia y Alemania están liderados por socialdemócratas y liberales, y a que es probable que el expresidente socialdemócrata de Portugal, Antonio Costa, consiga ser elegido presidente del Consejo, es de esperar que este órgano mantenga una inclinación más moderada. Esto significaría que el Consejo balancearía las legislaciones más radicales que lleguen desde la Eurocámara.
En la legislatura anterior, la presidenta Ursula Von der Leyen gobernó la Comisión Europea gracias a una coalición centrista con los liberales RE y los socialdemócratas de S&D. Pero frente a un posible auge de la ultraderecha, Von der Leyen se ha mostrado abierta a colaborar con el partido de Giorgia Meloni para poder gobernar, aunque sus otros socios de RE y S&D se han mostrado tajantes al afirmar que no apoyarán una coalición que incorpore partidos de ultraderecha.
En conclusión, aunque las encuestas muestran un fortalecimiento de los grupos de ultraderecha y una posible pérdida de popularidad para los partidos tradicionales, las divisiones internas entre los partidos ultraderechistas dificultan la formación de una coalición estable en el Parlamento. Asimismo, el escenario resultante supondrá un gran dilema para la actual presidenta de la Comisión y principal aspirante a repetir en el cargo, Ursula Von der Leyen. Por otro lado, el Consejo Europeo podrá suponer un contrapeso a un Parlamento con mayoría de derechas debido a la nutrida presencia de líderes socialdemócratas y liberales en países clave.
Luis Viñuales Bagaria ha colaborado en la elaboración de este artículo.
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