Por qué las elecciones en Turquía son las más importantes de este 2023

Tras más de 20 años, la oposición tiene la oportunidad de recuperar el gobierno. Su compromiso de revertir la degradación democrática del país tendrá efectos importantes dentro y fuera de sus fronteras.

Manel Domingo

En el año en que se cumplen cien años de su fundación, la República de Turquía celebrará el 14 de mayo las elecciones más decisivas de su historia reciente. También las más relevantes para el resto del mundo en este 2023. Turquía, encajada entre Asia, Europa y Oriente Medio —y apenas separada de Rusia por el Mar Negro— es una potencia regional que, además, ejerce de verso libre dentro de una OTAN revitalizada. 

Más allá de la geopolítica, Turquía también ha sido un caso paradigmático de la degradación democrática a lo largo y ancho del globo. El presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, precedió a muchos de los adalides del nuevo orden iliberal (Orban en Hungria, Trump en Estados Unidos o Bolsonaro en Brasil). El resultado de estos comicios supondrá una regeneración democrática o la consolidación de un sistema cada vez más autoritario

Turquía afronta estas elecciones con la inflación desbocada y ciudades que siguen enterradas bajo los escombros del terremoto de febrero. “Erdoğan está muy desgastado, pero a pesar de ello ha ido acumulando poder e instrumentos dado el deterioro de la democracia, las instituciones y las libertades”, afirma Juan Moscoso del Prado, investigador senior de EsadeGeo.  

“Está lejos de ser el país que fue, más alineado con los valores democráticos y occidentales. Pero por primera vez en 20 años, la oposición tiene la oportunidad de revertir la situación”, afirma. Esta vez los 6 partidos de la oposición presentarán un candidato unitario, algo nunca visto. Incluso el partido de minoría kurda, tercera fuerza del país tradicionalmente repudiada por todo el espectro político, se ha abstenido de presentar candidato para favorecer al líder opositor. 

El lento abandono de la democracia

Tras 20 años en el poder y una serie de cambios institucionales que le han permitido perpetuarse, Erdoğan ya es el líder que más tiempo ha estado al frente del país. Más incluso que el venerado fundador de la República, Mustafa Kemal Atatürk, que en 1923 tomó las ruinas del Imperio Otomano para convertirlas, con mano de hierro, en un Estado inspirado en las democracias europeas y la modernidad occidental. 

El actual presidente tomó las riendas a principios de los 2000 tras un largo periodo de crisis política y capitalizando el sentimiento de abandono y agravio histórico padecido por la Turquía periférica, una sociedad más rural y vinculada al Islam relegada de la política por las élites kemalistas de Ankara y Estambul. “Utilizó la vía identitaria y la guerra cultural para movilizar a este electorado”, explica Moscoso del Prado.  

Occidente, necesitado de un islamismo político moderado y de principios democráticos tras el shock del 11S, abrazó el primer mandato de Erdoğan con gran entusiasmo. Fueron los años en que Turquía despegaba económicamente, la democracia turca gozaba de una relativa buena salud para los estándares de la región e incluso comenzó un proceso de adhesión a la Unión Europea que, a día de hoy, sigue bloqueado. 

Sin embargo, la etapa inicial de optimismo no duró muchos años. Pronto quedó patente que Erdoğan y su partido, el AKP, habían llegado para aferrarse al poder por todos los medios. Desde 2010 en adelante han tenido lugar transformaciones institucionales de mucha profundidad —entre ellas, el cambio de un sistema parlamentario a uno presidencialista— y reformas de la Constitución que han garantizado su perpetuación en el poder.  

Durante todo este proceso, Erdoğan ha contado con una base popular que se ha mantenido fiel y le ha permitido ganar elección tras elección. Ahora bien, también ha sido decisiva la persecución cada vez más acusada de sus adversarios políticos, muchos de ellos en la cárcel o inhabilitados, y su férreo control sobre los medios de comunicación, con periodistas encarcelados o cabeceras fulminadas bajo las provisiones de la ley antiterrorista.  

La trascendencia de la oportunidad 

Aunque el control de Erdoğan y el AKP sobre el aparato del Estado hacen de estos comicios una competición desigual, el sistema electoral sigue siendo lo suficientemente garantista como para dar una oportunidad a la oposición. El responsable de anunciar el ganador será la Corte Suprema Electoral, un organismo independiente compuesto por 7 jueces elegidos por la propia judicatura y cuyo dictamen es inapelable.  

Ahora bien, la historia turca apenas ofrece ejemplos de transiciones políticas pacíficas. La población está acostumbrada a que, en última instancia, sea el ejército quien se pronuncie. Así ocurrió con los golpes de Estado de 1960, 1971, 1980, 1997 y 2016, en esta última ocasión sin éxito y con matices. La diferencia es que siempre han sido golpes en favor de esa Turquía kemalista contraria al nacionalismo islámico representado por Erdoğan.

El sistema electoral sigue siendo lo suficientemente garantista como para dar una oportunidad a la oposición

A este respecto, Moscoso del Prado no ve muy probable un intento de revertir por la fuerza el resultado electoral como ha ocurrido recientemente en Estados Unidos y Brasil. Kemal Kılıçdaroğlu, el candidato opositor, “está haciendo una campaña muy medida, contraria a la exaltación identitaria y eligiendo muy bien donde hacer sus mítines”. Todo en un intento de aprovechar el cansancio contra Erodgan y no exacerbar más la ya polarizada sociedad turca. 

A todo ello se añade que “las élites institucionales siguen siendo bastante heterogéneas, también en la judicatura y el ejército”. Los cuadros kemalistas presentes en los aparatos del Estado llevan años manteniendo un perfil bajo, pero siguen presentes pese a las constantes expurgaciones políticas que el gobierno ha llevado a cabo durante la última década. 

La oposición necesitará ganar tanto la presidencia como en el parlamento para consolidar las reformas

Moscoso del Prado insiste en la relevancia de que la oposición no solo gane la presidencia, sino también una mayoría en el parlamento. “Kılıçdaroğlu no hará cambios que no pueda consolidar”, incide. Si el equilibro continúa como ahora y el AKP de Erdoğan mantiene su mayoría parlamentaria con el apoyo de ultranacionalismo de extrema derecha, tal y como ha sido durante la última legislatura, será muy difícil hacer transformaciones de calado en el país. 

Unas elecciones con repercusiones globales 

“Turquía es un actor geopolítico fundamental, tanto por las circunstancias que le rodean como por las propias acciones que ha llevado a cabo”, incide Moscoso del Prado. Lo que ocurra en estos comicios tendrá efectos globales, empezando por el vecindario más inmediato: Turquía acoge a 3,6 millones de refugiados sirios. Su eventual retorno a Siria lleva tiempo discutiéndose y podría cambiar el mapa de toda la región. 

La relación que establezca el nuevo gobierno con el régimen de Bashar al-Ásad también será muy relevante, ya que Turquía es uno de los actores militares principales en zonas que siguen en disputa tras 12 años de guerra en Siria. Del mismo, también habrá que atender a la postura del nuevo gobierno en cuanto a Rusia, con quien hasta ahora ha mantenido un delicado equilibrio y una deliberada ambigüedad en torno a la invasión de Ucrania.  

Turquía es el país que más personas refugiadas acoge; entre ellas, 3,6 millones son sirias

Otro campo importante será la relación de Turquía con la OTAN, muy deteriorada desde 2016. “Turquía no ha dejado de cumplir con sus obligaciones, pero no participa con demasiada determinación en la parte política”, afirma Moscoso del Prado. Un nuevo ejecutivo cambiaría su postura, pero con matices. “Acabaría el bloqueo al ingreso de Suecia, pero cuestiones más sensibles seguirían con el mismo status quo”, afirma. Entre ellas, la longeva disputa respecto a la partición de Chipre.  

En cuanto a la Unión Europea, “habrá mucho que reconstruir y mucha confianza que recuperar”. Retomar el proceso de adhesión sigue sonando utópico, pero existiría margen para mejorar unos vínculos muy deteriorados. De hecho, el investigador de EsadeGeo cree que la UE no dudará en ofrecer el apoyo económico necesario para que la nueva Turquía pueda avanzar. Algo que el nuevo gobierno necesitará si se encuentra unas arcas públicas vacías tras años de sistemas clientelares y corrupción. 

Un nuevo gobierno turco necesitaría reconstruir el país con ayuda de la Unión Europea

“Podemos esperar una europeización del país”, afirma. Pero también dependerá de la “proactividad del lado turco”, ya que será necesario renovar acuerdos bilaterales y la participación de Turquía en ciertos programas europeos. Además, a cambio de apoyo, Moscoso del Prado cree que la UE exigiría a Turquía recuperar “una política económica equilibrada y transparente, con una estabilidad monetaria y financiera” que ha sido abandonada por el actual gobierno. 

Por ahora, todo esto queda a la espera de lo que ocurra el domingo 14 de mayo. Durante los últimos meses las encuestas indicaban un amplio margen para la oposición, pero el actual presidente ha ido recortando esta distancia hasta situarse cerca del empate técnico. Por otro lado, si ninguno de los candidatos alcanzara el 50% (desenlace posible, ya que también concurren dos independientes), la segunda vuelta se celebraría el 28 de mayo. 

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