Empresaria y mujer: Punto y seguido

Tradicionalmente, los hombres han heredado los roles de liderazgo sin necesidad de ganárselo. Sin embargo, cada vez es más evidente que el talento no tiene género, también en puestos directivos.

Raúl Castellón

Viudas, hijas únicas, mujeres que por ausencia de hombres en las familias se han hecho cargo de las empresas familiares. Designadas por falta de alternativa, perpetuando el error inmenso que supone menospreciar el talento por razón de género. 

Y sé de qué hablo. Mi abuela se hizo cargo del negocio familiar cuando mi abuelo tuvo que exiliarse. Mi madre, hija única, heredó y lideró la empresa a continuación. Ni mi hermana ni yo seguimos con el negocio, aunque sé que mi madre pensó que yo lo haría, a pesar de ser el menor.  

Absurda herencia de muchos años de desigualdad. Hasta hoy, ya en el siglo XXI, escucho a veces la frase “ella está en la empresa, en administración, ayudando a su marido”, más veces de las que quisiera. Techos de cristal invisibles que impiden el progreso de las personas más validas. 

Como docente y consultor de estrategia y gestión de empresas familiares conozco multitud de hermanas, esposas, cuñadas y madres que juegan ese papel secundario, siempre de puertas adentro, a la sombra de sus familiares, hombres que han heredado el liderazgo de forma natural, sin tener que ganarlo y sin estar necesariamente dotados para ello.  

Por suerte, las cosas cambian. Despacio, pero lo hacen. Empiezo a cruzarme con mujeres que ocupan cargos de gerencia –o de cogerencia– y lo hacen con solvencia y con capacidades, al menos, tan notables como las de sus familiares masculinos. 

Ya lo dicen que la reclamación de las mujeres no es ser mejores sino poder permitirse ser tan mediocres como sus compañeros hombres.  

Vientos de cambio en la academia 

En el ámbito académico, el viento también anuncia cambio. El Programa para Directores Propietarios que dirijo en Esade desde hace años bien podría modificar su nombre. Por primera vez en 30 ediciones, en 2022 hubo más mujeres que hombres en el aula. Muchas de ellas, segundas o terceras generaciones que se preparaban para tomar el relevo de los padres fundadores, casi todos hombres. Mujeres preparadas, ambiciosas, conscientes de la carrera profesional que han decidido llevar adelante. Valientes. Dispuestas a defender su espacio en la empresa y en las comidas familiares (que no es fácil). 

Dicen los que lo saben que el liderazgo femenino es diferente del masculino. Que donde ellos cazan, de forma individual, concentrados en el objetivo, competitivos hasta la médula, eficaces pero solitarios; ellas integran, escuchan, dialogan y dan mucho valor al rigor y al consenso.  

Por eso los equipos mixtos son más potentes y eficaces. Igual que en la vida. Y quien no lo vea, terminará quedando rezagado.  

Ya es hora de que todos y todas aceptemos que el talento no tiene género y abordemos el cambio como una oportunidad enorme. Para crecer como empresarios y como personas. Para hacer mejores nuestras empresas y nuestro entorno.  

En este camino nos encontraremos. La dirección de una empresa familiar es compleja y son necesarias tantas armas como sea posible cargar. Conocimiento, soft skills, visión global y tantas otras están a tu disposición en el Programa para Directores Propietarios.  

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