Europa y Estados Unidos: Entender al rival antes de negociar
El profesor Xavier Mena desgranó en la Asamblea de Miembros de la Fundación Esade los conflictos históricos que explican las tensiones comerciales transatlánticas y los retos que tiene Europa por delante.
Europa y Estados Unidos llevan décadas acumulando fricciones comerciales. Los aranceles de la administración Trump no son la causa, sino el último episodio de una historia más larga. Esa fue la tesis central que desarrolló Xavier Mena, profesor en el Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad de Esade, durante su intervención en la Asamblea de Miembros de la Fundación Esade. Su argumento de fondo: antes de diseñar una estrategia europea, hay que ser capaces de ponerse en los zapatos del otro.
“No digo que nos autoconvenzamos, pero que veamos esta relación de otra manera”, aclaró Mena. Su tesis, apoyada en la teoría de juegos propone un ejercicio que incomoda, pero que resulta necesario: entender los intereses americanos sin, en consecuencia, suscribirlos. Solo así, sostuvo, es posible construir una estrategia real.
Para diseñar una estrategia europea frente a Trump, primero hay que ponerse en los zapatos de Estados Unidos
Una historia de agravios acumulados
Mena desgranó hasta doce conflictos históricos que han ido sedimentando el malestar americano hacia Europa. No son anécdotas, sino choques estructurales que explican la actitud actual de la Casa Blanca:
- El choque agrícola: Tras la posguerra, Europa blindó su agricultura para garantizar que nadie volviera a pasar hambre (1958, Tratado de Roma). Pero lo que aquí era una cuestión de supervivencia, en EE.UU se vivió como un portazo comercial que les expulsó del 25% del mercado.
- Soberanía vs. proteccionismo: Desde las cuotas al cine americano para proteger la cultura local hasta el rechazo a los transgénicos, EE. UU ha interpretado la regulación europea como una barrera encubierta para sus productos.
- Desafíos estratégicos: La creación del euro fue vista como un ataque a la hegemonía del dólar, mientras que el éxito de Airbus fue vivido por Boeing como competencia desleal financiada con dinero público.
- El nuevo frente digital: La diferente concepción de la privacidad ha derivado en multas millonarias a las tecnológicas americanas, profundizando la brecha.
“Europa no hizo nada de esto para fastidiar a Estados Unidos”, insistió Mena. “Lo hizo por razones legítimas: seguridad alimentaria, soberanía cultural, estabilidad fiscal. Pero el resultado percibido fue siempre el mismo: exclusión.”
Por qué los americanos votan a Trump
Una parte de la intervención se dedicó a explicar el fenómeno electoral que devolvió a Trump a la Casa Blanca. Mena señaló que el argumento que más ha calado en el electorado americano no es el de los aranceles en abstracto, sino el de la reciprocidad comercial (“si tú me vendes 100, tú me tienes que comprar 100”). Es una idea que Trump atribuye a los Padres Fundadores y que resuena con fuerza en los estados industriales del Midwest, donde la deslocalización se tradujo en cierre de fábricas, pérdida de empleo y comunidades enteras sin futuro.
Europa sabe lo que tiene que hacer. El problema es que no lo hace
“Los defensores de la globalización decían que esos trabajadores iban a acabar en Google o en Facebook”, recordó Mena. “Mientras que otros decían que iban a acabar con una lata de cerveza viendo béisbol y consumiendo fentanilo.” El segundo pronóstico fue más certero, y eso ha tenido consecuencias electorales.
La energía: la tecnología manda más que la política
Existe una paradoja entre la retórica política y la realidad del mercado: a pesar del discurso de Trump contra las renovables, la Agencia Energética Americana estima que el 93% de la nueva generación eléctrica en Estados Unidos para 2025 provendrá de energías verdes y baterías. La economía, en este caso, va más rápida que la política.
“En Texas ya hay más empleos en el sector renovable que en el petrolero”, apuntó Mena. Y añadió que la fracturación hidráulica —el fracking— que Trump defiende como emblema de la soberanía energética americana no fue un invento suyo: el propio Obama tuvo que plegarse a ella hace casi dos décadas. La conclusión es clara: son las ventajas competitivas de cada tecnología, y no los discursos políticos, las que acaban determinando la dirección del mercado.
Para Europa, sin embargo, Mena planteó una alerta adicional: la dependencia en minerales críticos y tierras raras. “Hemos asumido una vulnerabilidad muy grande”, advirtió, al no controlar la cadena de suministro de los materiales necesarios para la energía que el continente quiere producir.
El problema de Europa no es el diagnóstico
Mena no fue benévolo con Europa. “Somos expertos en hacer informes. Sabemos lo que hay que hacer. El problema es que luego no lo hacemos.” El Informe Draghi, señaló, recoge con claridad las prioridades: completar la unión bancaria, avanzar en la unión fiscal, construir mercados de capitales con masa crítica, y generar campeones industriales europeos capaces de competir con Estados Unidos y China.
Los políticos piensan en las próximas elecciones, no en las próximas generaciones
El obstáculo no es técnico, sino político. Los líderes europeos, dijo, tienden a pensar en las próximas elecciones, no en las próximas generaciones. Y la Comisión Europea negocia con Washington bajo la presión de los lobbies industriales de Alemania, Francia e Italia, mientras los intereses de países con perfiles comerciales distintos —como España, que tiene déficit comercial con Estados Unidos— quedan en un segundo plano.
“Kissinger preguntaba a quién hay que llamar cuando se quiere hablar con Europa”, recordó Mena. La respuesta sigue siendo confusa. ¿Al presidente del Consejo Europeo? ¿A la presidenta de la Comisión? ¿A Macron? Esa dispersión es una debilidad estructural en cualquier negociación con una potencia que habla con una sola voz.
Anticiparse o quedarse atrás
¿Qué debe hacer una empresa europea en este contexto? Para Mena la clave no es predecir, sino anticiparse: Construir escenarios y tomar decisiones antes de que el entorno las imponga.
Citando a Maquiavelo, el profesor recordó que la mejor manera de predecir el futuro es protagonizarlo. En un mundo que se está reorganizando rápidamente, las instituciones y empresas que saldrán mejor posicionadas serán las que hayan empezado a moverse antes de que el nuevo orden quede fijado. Las que esperen a que las reglas estén claras, llegarán tarde.
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