La inmigración marca el futuro del crecimiento económico

La inmigración está reconfigurando el crecimiento económico de las economías avanzadas. El futuro de la prosperidad puede depender de cómo acojamos e integremos la mano de obra global.

Equipo Do Better

La revelación de que España es la inesperada historia de éxito económico de Europa  en 2024 ha sorprendido a muchos. A principios de este año, The Economist situó a España entre los países con mejores resultados mundiales en parámetros clave como el crecimiento del PIB, la resistencia del mercado bursátil, la baja inflación subyacente, el descenso del desempleo y unos déficits públicos manejables. 

Pero, ¿qué hay detrás de esta boyante recuperación? La flexibilidad del mercado laboral, la mejora de las exportaciones y la inversión pública sostenida desempeñan un papel importante. Pero hay una fuerza más silenciosa que pocos han reconocido plenamente: la inmigración. Como muestran cada vez más datos, los trabajadores nacidos en el extranjero son un factor impulsor de la recuperación del mercado laboral español y del crecimiento económico general. 

Las cifras no mienten

Manuel Hidalgo, Senior Fellow de EsadeGeo, afirma en El País que "un fenómeno silencioso pero transformador" está reconfigurando la población activa española. Entre 2019 y 2024, se crearon casi 1,9 millones de puestos de trabajo, de los cuales más del 71 % fueron ocupados por personas no nacidas en España. Los inmigrantes representan ahora más del 20 % del empleo total, frente al 15,9 % en 2019. 

No se trata de un juego de suma cero. Los empleados nacidos en España han avanzado hacia puestos de mayor cualificación —administración pública, educación, sanidad y TIC—, mientras que los inmigrantes están encontrando trabajo en sectores como la construcción, los servicios de alimentación y el transporte. En lugar de desplazar a los trabajadores autóctonos, los complementan, lo que permite una redistribución saludable de la mano de obra y un funcionamiento eficiente de la economía a todos los niveles. 

Esto es especialmente significativo si se tiene en cuenta el envejecimiento de la población activa en España. Todo el aumento de la población activa durante este período procedió de personas nacidas en el extranjero. Dentro de la población española, el crecimiento del empleo sólo se produjo en el grupo de edad de más de 45 años, mientras que el empleo entre las personas de 30 a 45 años en realidad disminuyó. 

El caso estructural de la migración

La inmigración es algo más que un apaño económico a corto plazo. Como mencionó Ana Sainz, Directora General de la Fundación SERES, durante un acto organizado junto a Esade, " en el complejo mundo actual, el envejecimiento de la población y la falta de talento constituyen grandes retos para las empresas y la sociedad. Las empresas deben seguir apoyando la diversidad como forma de aumentar su ventaja competitiva al tiempo que hacen más fuerte a la sociedad". 

Francisco Mesonero, Director General de la Fundación Adecco y Responsable de Sostenibilidad del Grupo Adecco, se hizo eco de este sentimiento: "Los profesionales inmigrantes cubren una necesidad estructural y son cruciales para garantizar el crecimiento económico". 

El argumento empresarial es claro. Al contratar inmigrantes, las empresas obtienen acceso a una visión más amplia de los clientes, a conjuntos de cualificaciones difíciles de cubrir y a perspectivas internacionales. Sin embargo, es importante evitar encasillar a los trabajadores extranjeros en funciones poco cualificadas y crear políticas de empleo que apoyen la integración a largo plazo. Es necesario reconocer las cualificaciones extranjeras, ofrecer programas de formación a medida y establecer vías legales claras para trabajar. 

Realidades sociales y percepción pública

A pesar de las pruebas que demuestran que los trabajadores inmigrantes contribuyen positivamente a la economía, a menudo se enfrentan a la sospecha pública y al chivo expiatorio político. Los indicadores macroeconómicos de España son positivos, pero muchos ciudadanos siguen luchando contra el aumento del coste de la vivienda, la inseguridad laboral y la desigualdad regional. En zonas con una elevada población inmigrante —como Madrid, Cataluña y las Islas Baleares— estas tensiones se atribuyen a veces erróneamente a la inmigración y no a problemas estructurales más amplios. 

Mesonero advierte del peligro de que los inmigrantes queden atrapados en la economía sumergida, expuestos a la explotación sin ninguna salvaguarda. "Solo una perspectiva integradora y libre de prejuicios puede mejorar la interacción social y evitar cualquier tipo de discriminación", afirmó. Para alinear las necesidades económicas con el sentimiento público, el discurso político debe reflejar la realidad en lugar de reforzar el miedo". 

Expatriados, inmigrantes económicos y refugiados

Es importante distinguir entre los distintos tipos de migrantes —económicos, expatriados y refugiados—, cada uno de los cuales plantea retos y oportunidades diferentes. A menudo se les percibe y trata de forma diferente, lo que refleja prejuicios profundamente arraigados en el discurso público y político. 

Los refugiados, especialmente, encuentran mayores barreras legales y sistémicas para su inclusión. Ana Olmedo, de EsadeGeo, informa de que, desde 2014, más de 30.000 personas han muerto o desaparecido al intentar cruzar el Mediterráneo para entrar en Europa. Muchos de los que sobreviven se enfrentan a complicados procedimientos de asilo, trámites burocráticos, acceso limitado al trabajo y restricciones sobre dónde pueden establecerse, incluso si hablan el idioma de un determinado país de la UE. 

En cambio, la respuesta de la UE a la guerra de Ucrania fue rápida y generosa, adaptando las normas de asilo y abriendo las fronteras. Como señala la abogada de derechos humanos Marta Llonch, la diferencia de trato es difícil de ignorar. "Los ucranianos, como los sudaneses y los malienses, huyen de países en guerra. Todos tienen derecho a protección internacional, pero reciben un trato completamente distinto".  

David Sakvarelidze, ex fiscal jefe adjunto de Ucrania, causó indignación generalizada durante una entrevista en la BBC cuando dijo que le conmovía especialmente la guerra de Ucrania porque veía "cómo mataban a europeos de ojos azules y pelo rubio". El comentario fue muy criticado por reflejar prejuicios raciales en la forma de percibir y tratar a los refugiados de distintas regiones. 

El rompecabezas político de la UE

La UE aún no ha formado una estrategia migratoria cohesionada. El recientemente aprobado Pacto de la UE sobre Migración y Asilo sigue siendo objeto de intensas disputas. Aún no hay consenso entre los Estados de la UE sobre cómo gestionar la migración. Más de 160 organizaciones de la sociedad civil han condenado el nuevo pacto, alegando que socava el derecho de asilo y crea barreras a la justicia. 

La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 sigue siendo una piedra angular del derecho internacional, arraigada en la idea de que los Estados tienen el deber de proteger a quienes huyen de la persecución, independientemente de su origen racial, cultural o país de nacimiento. Sin embargo, el marco actual de la UE a menudo se muestra insuficiente, ya que ofrece protección fácilmente accesible a algunos, mientras que otros se enfrentan a obstáculos abrumadores. 

Dadas las pruebas que apoyan la integración de los trabajadores inmigrantes, esta incoherencia socava tanto los derechos humanos como los intereses económicos de Europa a largo plazo. Si los inmigrantes son cruciales para sostener los mercados laborales, los sistemas de bienestar y la innovación, una política excluyente es, en última instancia, perjudicial para los propios objetivos de la UE. 

Una prueba de valores, no solo de economía

El actual crecimiento económico de España ofrece un potente contraargumento a la retórica antimigración. Los datos demuestran que la inmigración fortalece las economías, en lugar de debilitarlas. Los inmigrantes no son un estorbo; son una parte vital de la solución a los retos demográficos y laborales de Europa. 

No basta con evaluar el valor de los inmigrantes únicamente en términos económicos. La forma en que tratamos a los inmigrantes —ya sean trabajadores económicos, refugiados o expatriados— es también un indicador de nuestros valores sociales. El futuro depende no sólo de si acogemos la inmigración, sino también de cómo la gestionamos. Esto significa adaptar la política a la realidad, invertir en integración y garantizar la equidad en todos los ámbitos. 

Aunque la inmigración, si se gestiona correctamente, puede mejorar la fuerza de trabajo disponible y la sostenibilidad macroeconómica, el aumento del PIB no debería ser la única razón para acoger a las personas migrantes. 

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