¿Qué significa el liderazgo con propósito en tiempos de deshumanización?

Liderar también implica sostener la dignidad de los demás, incluso cuando es el propio sistema quien la niega. En este diálogo, Òscar Camps y Pau Vidal comparten su experiencia rescatando vidas en el Mediterráneo y trabajando en campos de refugiados.

Equipo Do Better

¿Qué hace que una persona pase de la indignación silenciosa a la acción? ¿En qué momento la vida interior se convierte en responsabilidad pública? En el marco de la Semana de la Justicia Social, Esade acogió junto a IQS un diálogo entre Òscar Camps, fundador de la ONG Open Arms, y Pau Vidal, delegado de la Compañía de Jesús en Catalunya que cuenta con amplia experiencia en campos de refugiados. A partir de sus trayectorias personales, su conversación invitó a revisar el papel del liderazgo en un mundo que ha normalizado la deshumanización del otro.  

La conversación, moderada por Mònica Casabayó, profesora de Esade y promotora del Grado en Liderazgo Transformador e Impacto Social, giró en torno a una pregunta clave para el liderazgo contemporáneo: cómo pasar de la vida interior y la conciencia moral a una acción transformadora sostenida en el tiempo. Lejos de ofrecer recetas sencillas, el encuentro articuló una reflexión profunda sobre propósito, compromiso y responsabilidad individual e institucional. 

Del confort a la toma de responsabilidad 

Òscar Camps explicó cómo el origen de Open Arms no fue fruto de una estrategia planificada, sino de una decisión personal ante una injusticia concreta. Tras ver las imágenes de personas refugiadas atrapadas en el Mediterráneo en 2015, y a pesar de la ausencia de apoyo institucional en ese momento, decidió actuar desde su experiencia como socorrista y empresario del sector. 

Su relato subrayó una idea central del liderazgo con propósito: la acción comienza cuando se interrumpe la comodidad. “Levantarse del sofá” se convirtió en una metáfora de esa inercia cotidiana que paraliza y nos convence de que nada depende de nosotros. Para Camps, el verdadero obstáculo que la mayoría de nosotros enfrentamos no es la falta de recursos, sino la resignación. “La inmensa mayoría de la sociedad es solidaria y empática, pero es discreta. No decimos nada”, ilustró. 

Luchamos contra un sistema que trata a todas esas personas como si fueran números, mercancía desechable

“Hoy han pasado diez años. Nunca me pasó por la cabeza que el hecho de levantarme del sofá al ver la foto de Aylan Kurdi” —el niño sirio cuyo cuerpo sin vida fue fotografiado en una playa de Turquía— “desembocaría en diez años de trabajo, la creación de una ONG y 73.000 vidas rescatadas del mar. Nunca me lo hubiera planteado”, relata, sin olvidar que en ese tiempo han muerto más de 30.000 personas en el Mediterráneo, más de 3.500 de ellas, niños y niñas. 

Entre lo personal y lo institucional 

Pau Vidal ofreció una mirada complementaria. Durante años trabajó con el Servicio Jesuita a Refugiados en Kenia Sudán del Sur, acompañando a personas desplazadas que viven “con la vida en pausa”, a la espera de poder regresar a su tierra. Su día a día en los campos de refugiados pasó de ser un trabajo a una forma de vida. Su misión consistía en “acompañar dolores, pero también sostener esperanzas”. 

Hoy, desde un rol más institucional, reflexiona sobre la importancia de articular el activismo sobre el terreno con las estructuras formales. “Aunque parezcan lugares muy alejados, es importante que ambos lados estén conectados y cuenten con personas trabajando por la justicia social”, afirma. En su visión, lo personal, lo comunitario y lo institucional no están opuestos, sino que se refuerzan mutuamente. 

Los derechos humanos ante la contradicción permanente 

Desde que empezó a realizar rescates en el Mediterráneo, Camps ha denunciado la inacción deliberada de la Unión Europea en materia de salvamento marítimo y la externalización de su gestión de fronteras. “Cuando nosotros llegamos a Lesbos, nos dimos cuenta de que no solamente luchábamos contra las olas del mar, también luchábamos contra un sistema que trataba a todas esas personas como si fueran números, mercancía desechable. Pero para nosotros eran padres, madres y niños con nombres y una historia”, explica.  

Los derechos humanos son como una pieza de museo

“Si se obedeciera a los convenios internacionales, el derecho marítimo y los principios fundacionales de la Unión Europea, acabarían las muertes en el Mediterráneo”, asegura Camps. “Los derechos humanos son como una pieza de museo. Europa de vez en cuando va a visitarlos. Puedes verlos, hablar de ellos, exhibirlos... pero no los toques. No se te ocurra defenderlos de verdad porque te criminalizan, te banalizan o te persiguen", expuso Camps en referencia a su experiencia al frente de Open Arms y las críticas recibidas a lo largo de los años.  

Por su parte, Vidal hizo referencia al agotamiento de la narrativa sobre los derechos humanos y la necesidad de remover conciencias más allá del argumento legal. “El discurso de los derechos humanos estaba basado en fundamentos jurídicos sobre la dignidad humana, y eso nos ha llevado muy lejos, pero se nos ha agotado. Tenemos que volver a las historias, a los símbolos, a las imágenes”. Para ello, “las tradiciones religiosas y humanistas pueden ofrecer narrativas de hospitalidad, acogida y dignidad”. 

El papel de la universidad en la formación del liderazgo 

Ambos ponentes coincidieron en que la universidad no puede limitarse a formar profesionales técnicamente competentes, sino que debe contribuir a formar personas íntegras, con sentido crítico y orientación al bien común. “Los jóvenes no son el futuro, son el presente. Si han escogido formarse y prepararse, que no sea para competir, sino para tener unos valores y una conciencia inamovible que motive cada una de sus acciones”, expresó Camps. 

“La competencia es muy importante, pero solo con ella no llegaremos lejos”, añadió Vidal. “Hay que ser competentes, conscientes, compasivos y comprometidos”, refiriéndose al modelo pedagógico de las 4Cs aplicado en Esade. Además, advirtió sobre el papel ambivalente que puede tener la espiritualidad: “Puede ser una fuente de movilización. Pero cuando es una espiritualidad autocomplaciente y autocentrada, desmoviliza y no sirve para el bien común ni para la justicia social”.  

Frustraciones con propósito 

La clausura del acto corrió a cargo del profesor Ferran Macipe, actual director académico del Grado en Liderazgo Transformador e Impacto Social, que vinculó el hilo de la conversación a la tradición humanista de Esade, enraizada en los valores jesuitas y la formación de líderes comprometidos con la construcción de una sociedad más justa e inclusiva. 

Macipe articuló una de las ideas centrales del encuentro: la secuencia que va de la vida interior al propósito y, de ahí, a la acción. No se trata de un proceso lineal ni universal. Hay distintos ritmos, trayectorias y detonantes, pero lo esencial es estar atentos a los momentos que nos despiertan y nos sacan del “sofá”.  

“La virtud de pensar en los demás implica renuncia y no nos evita la frustración, pero es una frustración que subraya y refuerza el sentido: es una frustración con propósito”, concluyó Macipe. “Porque apuntamos alto, hacia las estructuras que deshumanizan. Vale la pena hacerlo, porque es gracias a quienes apuntaron alto en el pasado que nosotros tenemos todo esto”.

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