Aprovechar el potencial de los mercados de carbono: Retos y oportunidades
El comercio internacional de emisiones tiene potencial para incentivar una economía más verde. Pero para que sea realmente efectivo en la reducción de emisiones, necesita superar desafíos clave.
Los mercados de carbono surgieron como una respuesta estratégica ante las crecientes preocupaciones sobre el cambio climático y la necesidad de mecanismos eficaces para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). El concepto de comercio de carbono fue introducido por primera vez en el Protocolo de Kioto en 1997, que estableció estructuras para el comercio internacional de permisos de emisiones. Estos mecanismos sentaron las bases para los mercados de carbono modernos, permitiendo a los países comprar y vender reducciones de emisiones a través de sistemas de comercio de emisiones.
El Acuerdo de París de 2015, que reemplazó al Protocolo de Kioto, ha sido un catalizador fundamental para la expansión de los mercados de carbono a nivel global, con el objetivo de limitar el calentamiento global a 1.5 ºC. Estableciendo objetivos ambiciosos de reducción de emisiones para 2030, el Acuerdo de París ha impulsado la cooperación internacional bajo el Artículo 6, que establece marcos para el comercio transfronterizo de reducciones de emisiones. Este marco promueve la estandarización de los mercados de carbono globales, mejorando la eficiencia y escala de los esfuerzos de reducción de emisiones. Este tema es uno de los puntos clave en la COP29, actualmente en curso en Bakú.
Un mecanismo de mercado para una economía más verde
El propósito de los mercados de carbono es doble: primero, crear incentivos económicos para que las industrias reduzcan emisiones al asignar un costo financiero al carbono; segundo, atraer inversiones en tecnologías bajas en carbono y soluciones de captura de carbono. Económicamente, la fijación de precios del carbono busca internalizar las externalidades negativas de las emisiones de GEI, reflejando en el precio del carbono el costo social de las emisiones. Este enfoque apoya la transición hacia una economía más verde al promover reducciones de emisiones rentables e impulsar la innovación en alternativas sostenibles.
Algunas empresas pueden generar excedentes de reducción de emisiones que pueden vender como créditos a otras que quieran cumplir sus objetivos
Los compradores de créditos de carbono suelen ser empresas o individuos que generan emisiones de GEI y buscan compensar o “neutralizar” su impacto ambiental. Por otro lado, los vendedores son empresas o proyectos que implementan soluciones para reducir emisiones o capturar carbono, como instalaciones de energía renovable, tecnologías de captura y almacenamiento de carbono (CCS), y proyectos basados en la naturaleza, como reforestación, forestación y gestión sostenible de suelos u océanos. Por ejemplo, empresas que adoptan energía renovable o sistemas energéticamente eficientes pueden generar reducciones de emisiones excedentes y vender estos créditos a otros que buscan cumplir con sus objetivos de reducción de emisiones.
Los créditos de carbono se comercializan en mercados que se dividen en regulados y obligatorios y mercados voluntarios. Los mercados obligatorios están regulados por gobiernos y son impulsados por mandatos legales que requieren reducciones de emisiones. En cambio, los mercados voluntarios permiten a empresas e individuos compensar emisiones más allá de los requisitos reglamentarios, ofreciendo flexibilidad para quienes buscan superar estándares mínimos o abordar sectores donde las reducciones inmediatas son tecnológicamente desafiantes.
Un potencial probado
El Sistema de Comercio de Emisiones de la Unión Europea (EU ETS), el mayor mercado de cumplimiento del mundo, ha experimentado un crecimiento significativo en los últimos años. En 2023, se estimaba que el valor del mercado global de comercio de carbono superaba los 900 mil millones de dólares, con el EU ETS representando una proporción sustancial. Este mercado constituye entre el 75 % (según Bloomberg) y el 87 % (según Statista) del valor total del mercado global de carbono, destacando su papel dominante y su impacto crítico en los precios del carbono a nivel mundial.
Los mercados de carbono son un mecanismo financiero esencial que respalda políticas climáticas eficientes al establecer un precio para las emisiones de carbono, incentivando así la reducción de emisiones al menor costo posible. Al permitir que las reducciones se realicen donde sean más rentables, los mercados de carbono ofrecen a las empresas flexibilidad para elegir las soluciones más económicas para cumplir con los objetivos de emisiones. Estos mercados también abren oportunidades de crecimiento en áreas críticas, como el avance de las tecnologías de captura y almacenamiento de carbono (CCS), la ampliación de fuentes de energía renovable y la promoción de soluciones basadas en la naturaleza, como la reforestación.
La cuestión central es si los mercados de carbono facilitan reducciones reales de emisiones o solo permiten compensarlas
Además, los mercados de carbono facilitan la implementación de mecanismos de fijación de precios del carbono y fomentan la innovación a través de nuevos modelos de financiación, estándares de certificación y plataformas digitales que mejoran la transparencia y la eficiencia. Sin embargo, para aprovechar estas oportunidades es necesario abordar varios desafíos, como la eficacia en la reducción de emisiones de GEI, garantizar créditos de carbono de alta calidad, evitar la doble contabilidad, mantener la estabilidad de precios y establecer sistemas de verificación confiables, todos ellos cruciales para el éxito a largo plazo y la credibilidad de los mercados de carbono.
Los desafíos de los mercados de carbono
El primer gran desafío es determinar si los mercados de carbono están reduciendo efectivamente las emisiones globales de GEI. Aunque la Unión Europea ha logrado avances significativos, representando solo el 6.7 % de las emisiones globales en 2022, las emisiones globales totales de GEI han seguido aumentando (ver Figura 2). La pregunta clave es si los mercados de carbono facilitan reducciones reales por parte de los principales emisores o simplemente permiten compensaciones. Por ejemplo, los créditos comprados para compensar emisiones tienen un impacto menor en comparación con las inversiones reales en tecnologías de reducción de emisiones. Consideremos un proyecto que evita la deforestación: aunque genera créditos por preservación, no elimina carbono adicional de la atmósfera. Por lo tanto, si las empresas adquieren estos créditos únicamente para cumplir con los requisitos regulatorios en lugar de reducir emisiones en su producción, el mercado no contribuye de manera efectiva a la reducción total de emisiones.
Otro desafío importante es la adicionalidad, es decir, determinar qué proyectos realmente contribuyen a la reducción de emisiones. Por ejemplo, si un parque eólico en los Países Bajos se hubiera construido igualmente debido a los incentivos de la UE o la demanda de energía limpia, no puede reclamar adicionalidad. Limitar el suministro de créditos únicamente a proyectos que representen una captura neta de carbono, como nuevas tecnologías de captura de carbono, reduciría el tamaño del mercado pero aumentaría su credibilidad, ya que cada crédito representaría una reducción real. Sin garantizar la adicionalidad, los mercados de carbono podrían socavar los objetivos de reducción de emisiones y diluir el impacto ambiental de las compensaciones de carbono.
La doble contabilidad también es un desafío significativo, donde tanto el país anfitrión del proyecto como el comprador de los créditos reclaman la misma reducción de emisiones. Por ejemplo, un proyecto de reforestación en Brasil que absorbe CO₂ y vende créditos de carbono internacionalmente puede contar esta reducción como parte de los objetivos nacionales de Brasil. Si una empresa en España compra estos créditos, la reducción podría contabilizarse dos veces, sobreestimando el progreso global y socavando la credibilidad de los mercados de carbono según el Acuerdo de París.
Garantizar que los créditos de carbono reflejen verdaderos beneficios ecológicos como la biodiversidad mejoraría la credibilidad del mercado
La volatilidad de los precios en los mercados de carbono complica aún más la situación, debilitando la señal de precios necesaria para las inversiones a largo plazo. Por ejemplo, tras la crisis financiera de 2008, un exceso de permisos en el EU ETS provocó una drástica caída de precios de 30 a 10 euros por tonelada de CO₂, desalentando inversiones en tecnologías sostenibles como las energías renovables y la captura de carbono. Del mismo modo, la incertidumbre económica y política reciente en Europa ha reducido los precios de 105,73 euros por tonelada en febrero de 2023 a 66 euros por tonelada en noviembre de 2024, poniendo en riesgo el papel del EU ETS como incentivo para inversiones sostenibles. Un suelo para el precio del carbono, que establezca un precio mínimo por tonelada de CO₂, podría ser necesario para estabilizar los precios y fomentar la inversión empresarial en tecnologías de reducción de emisiones.
El desarrollo de los mercados voluntarios de carbono podría añadir mayor opacidad en los precios. Para garantizar transparencia, es necesario un esfuerzo significativo para crear mecanismos de fijación de precios estandarizados y mejorar la supervisión del mercado, especialmente porque se espera un rápido crecimiento de los mercados voluntarios en los próximos años (ver Figura 3).
Además, los horizontes temporales de compradores y vendedores difieren considerablemente. Las empresas que compran créditos de carbono necesitan compensaciones inmediatas para cumplir con las regulaciones o alcanzar objetivos de sostenibilidad, mientras que los proyectos que generan estos créditos a menudo operan con plazos mucho más largos. Por ejemplo, proyectos como la reforestación o la captura de carbono en océanos pueden tardar entre 15 y 30 años en alcanzar su potencial de captura total, superando con creces los requisitos inmediatos de muchas empresas. Esta disparidad plantea dudas sobre el valor futuro de estos créditos y su alineación con los objetivos a corto plazo del Acuerdo de París.
Finalmente, la calidad y homogeneidad de los créditos son aspectos cruciales. Diferentes tipos de créditos ofrecen beneficios variados; por ejemplo, un proyecto de reforestación que utilice árboles de crecimiento rápido como eucaliptos podría capturar carbono rápidamente, pero aportar poco a la biodiversidad e incluso dañar la calidad del suelo a largo plazo. A diferencia de los bosques diversos, las plantaciones monoculturales de eucalipto contribuyen menos a la salud ecológica y pueden liberar carbono almacenado a medida que se descomponen. Garantizar que los créditos de carbono reflejen verdaderos beneficios ecológicos, como biodiversidad y salud del suelo, mejoraría la credibilidad del mercado y su efectividad en la consecución de objetivos de sostenibilidad más amplios.
El camino por recorrer
Estos desafíos destacan la necesidad de marcos regulatorios mejorados, procesos de verificación estandarizados y la integración de soluciones tecnológicas robustas. Abordar cuestiones como la adicionalidad, la doble contabilidad y la volatilidad de los precios es esencial para que los mercados de carbono funcionen eficazmente como herramientas para la reducción global de emisiones y la resiliencia climática.
A pesar de estos desafíos, los mercados de carbono ofrecen un potencial sustancial para impulsar el desarrollo sostenible y la acción climática. Al incentivar inversiones en energía renovable, esfuerzos de conservación y otras iniciativas bajas en carbono, los mercados de carbono pueden estimular el crecimiento económico mientras contribuyen a la reducción de emisiones. Con reformas estratégicas, estos mercados tienen el poder de catalizar una transición hacia una economía global más sostenible y resiliente.
Profesora titular, Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad en Esade
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