Los cambios en las dinámicas de poder son clave en la estrategia corporativa

La política de las coaliciones dominantes dentro de las organizaciones cumple un papel fundamental para determinar si se preserva la continuidad estratégica o se impulsa el cambio.

Dong Nghi Pham

Una nueva investigación de Daniel A. Levinthal (Wharton School, Universidad de Pensilvania) y Dong Nghi Pham, profesora asistente de Esade, explora cómo la dinámica de poder en las organizaciones puede tanto frenar como impulsar el cambio estratégico.

Ampliando las teorías sobre la adaptación organizativa y el poder dentro de las organizaciones, los autores han desarrollado un modelo computacional para estudiar el impacto de las estructuras de toma de decisiones y las acciones adaptativas a nivel corporativo y de subunidades dentro de las empresas.

Los hallazgos abordan un área poco desarrollada en la literatura sobre aprendizaje organizativo y amplían el trabajo fundacional de autores como James March, Jeffrey Pfeffer, Herbert Simon, Richard Cyert y, más recientemente, Giovanni Gavetti.

La investigación se ha publicado en la revista Organization Science

Desafíos de la adaptación ante conflictos de objetivos

Aunque la literatura sobre aprendizaje organizativo sugiere que las empresas actúan como sistemas políticos, ha habido una sorprendente falta de discusión sobre el impacto de la política organizativa en los procesos y la estrategia.

Levinthal y Pham han explorado la interacción entre estos procesos y sus resultados utilizando un modelo computacional que tiene en cuenta la adaptación mutua entre las estrategias de las subunidades y la estrategia corporativa, así como los procesos políticos que tienen lugar en el nivel de toma de decisiones de la empresa.

A pesar de sus connotaciones negativas, los procesos políticos pueden dar lugar a una toma de decisiones más dinámica

Los primeros pasos en la modelización de la política organizativa implican reconocer que las distintas subunidades o actores organizativos pueden no compartir los mismos objetivos. Sin conflictos de intereses, la política sería innecesaria. 

En segundo lugar, la política implica cierto grado de interdependencia entre las subunidades. Esta interdependencia surge a través de la estrategia corporativa, que influye en la asignación de recursos y en los indicadores de rendimiento de todas las subunidades dentro de la empresa. Sin esta interdependencia, la organización podría descomponerse en suborganizaciones independientes, cada una operando de forma autónoma para perseguir sus propios objetivos. 

Dado este nivel de interdependencia, las subunidades deben equilibrar la adaptación a sus nichos de mercado locales con la alineación con la estrategia corporativa general. A nivel corporativo, la empresa debe formular una estrategia que priorice los nichos más rentables, considerando al mismo tiempo las compensaciones entre todas las subunidades. 

¿Cómo evoluciona y se adapta una corporación ante este conflicto interno de objetivos y su compleja interdependencia? Mediante la modelización de diferentes escenarios con distintos niveles de cambio ambiental y conflicto interno de objetivos, los autores han identificado cuándo y cómo un proceso político —en el que las subunidades, actuando en su propio interés, compiten repetidamente para influir en la política corporativa— puede ser más eficaz para promover la adaptación que un proceso de toma de decisiones benigno liderado por un CEO que busca equilibrar los intereses de todas las subunidades. 

Modelizando el poder y la política

La organización modelada se basa en una estructura en forma de M (M-form), que permite un mayor nivel de descentralización. Las opciones de adaptación se reflejan en cambios en la estrategia corporativa y en las decisiones resultantes de las distintas subunidades. 

Las tareas organizativas incluyen cuatro elementos clave: 

  • Tamaño del nicho de la subunidad, que varía para reflejar la escala de las oportunidades disponibles. 
  • Políticas de las subunidades, que reflejan las decisiones que cada unidad debe tomar respecto a su propia estrategia. 
  • Política corporativa, que influye en la contraprestación disponible para cada subunidad. 
  • Rendimiento, que determina los indicadores clave de evaluación para cada subunidad. 

Dentro de esta estructura, las subunidades se adaptan a los cambios en la estrategia corporativa y a los requisitos de sus nichos locales, lo que a su vez influye en la estrategia corporativa futura. Las subunidades participan en un proceso político en el que ganan poder a través de la adaptación y compiten para impulsar una estrategia corporativa que se alinee con sus propios intereses, a menudo en detrimento de otras subunidades con intereses en conflicto. 

Política e inercia

En un entorno estable, la política, combinada con la adaptación mutua entre la estrategia corporativa y la de las subunidades, se convierte en una fuente de inercia. Primero, una estrategia corporativa alineada con los intereses de la coalición dominante tiende a reforzar su poder, creando un efecto de afianzamiento. A medida que esta coalición dominante se fortalece, se vuelve más capaz de mantener la estrategia corporativa que le beneficia, consolidando aún más la dirección estratégica existente a expensas de subunidades con objetivos en conflicto. 

En segundo lugar, incluso las unidades organizativas que inicialmente no formaban parte de la coalición dominante terminan adaptando sus políticas para alinearse con la estrategia corporativa y, como consecuencia, pueden llegar a apoyar el statu quo. Cuando subunidades y coaliciones con menos poder se adaptan a la estrategia corporativa, aunque no sea en su propio interés, se genera una trampa de competencia en la organización. Cuanto más tiempo operan estas subunidades bajo las reglas establecidas por la estrategia corporativa, más competentes se vuelven en seguirlas, haciendo que los cambios estratégicos parezcan menos necesarios. Como resultado, la necesidad de cambio organizacional se disfraza, ya que las subunidades terminan percibiendo la estrategia existente como más favorable. 

Política y cambios estratégicos

Sin embargo, el entorno y la rentabilidad subyacente de los nichos de mercado pueden cambiar, lo que hace necesario un reajuste estratégico a nivel corporativo. Un proceso político —donde la estrategia corporativa se determina a través de la competencia entre subunidades con intereses propios— puede impulsar el cambio estratégico con mayor rapidez, ya que no está limitado por la racionalidad acotada de un CEO benevolente que intente equilibrar el interés colectivo. Los cambios en el entorno reconfiguran gradualmente la estructura de poder, ya que algunas subunidades ganan influencia al operar en mercados más rentables y, con el tiempo, adquieren suficiente poder para formar una nueva coalición dominante.  

Este cambio gradual de poder culmina en lo que parece ser una transformación estratégica repentina, un equilibrio puntuado, donde la nueva coalición dominante, ahora en control, redefine la estrategia corporativa. En casos de conflicto interno bajo o moderado, solo se necesita un ligero cambio en el equilibrio de poder para desencadenar una reorientación organizativa significativa. Sin embargo, si el conflicto interno es demasiado alto, el efecto de arraigo del poder puede ser tan fuerte que ni siquiera la competencia política logre impulsar la adaptación. 

El lado positivo de la política

Los resultados generales de los distintos ajustes, detallados en la investigación publicada, ofrecen dos ideas principales sobre la doble naturaleza de la política. 

Por un lado, en un entorno estable, la política sirve para afianzar la estructura de poder existente y contribuye a la inercia de la estrategia corporativa. Cuanto mayor es el conflicto de objetivos, mayor es el “poder del poder” y más disfuncional se vuelve la política. 

Por otro lado, en un entorno dinámico y con un conflicto de objetivos moderado, la política ayuda a romper la alineación entre la estrategia corporativa y los intereses de las subunidades, creando oportunidades para que emerja una nueva coalición dominante y conduzca a una reorientación estratégica sustancial. Sorpresivamente, esta competencia política basada en el interés propio puede ser una fuerza adaptativa más fuerte que un proceso de toma de decisiones que busque abordar los intereses colectivos de todas las subunidades. 

A pesar de sus connotaciones negativas, los procesos políticos pueden dar lugar a una toma de decisiones más dinámica, fomentando la ventaja competitiva y promoviendo la flexibilidad en entornos cambiantes. 

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