La presión por mitigar el riesgo de catástrofes aprieta a las aseguradoras

El 14 de octubre se celebra el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres. Después del verano más caluroso desde que hay registros, el mundo debe prepararse para un aumento de los fenómenos climáticos extremos y sus consecuencias.

Equipo Do Better

Un climatólogo describió el verano de 2023 como “alucinantemente disparatado”. Además de superarse récords de temperaturas tanto en la tierra como en el mar, este año también se han registrado precipitaciones récord que han provocado inundaciones en Europa, América del Norte y del Sur, Asia y Australia. En otros lugares, las condiciones climáticas más secas de lo normal han causado graves incendios forestales. 

Infraestructuras que se desmoronan

Las catastróficas consecuencias de hacer caso omiso a las advertencias frente a estas condiciones meteorológicas cada vez más adversas salieron a relucir cuando unas lluvias torrenciales hicieron que se derrumbasen dos presas en el puerto de Derna (Libia). Vecindarios enteros quedaron arrasados y miles de personas perdieron la vida, a pesar de que los ingenieros llevaban años advirtiendo de los riesgos

Condiciones que antes se consideraban extremas serán más comunes en el futuro

Según la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE), en Estados Unidos hay más de 2.300 presas con ‘potencial de peligro alto’ (aquellas que, en caso de fallar, podrían causar pérdida de vidas humanas o daños materiales) que no disponen de planes de acción de emergencia. 

“El cambio climático está haciendo que aumente la frecuencia y la intensidad de peligros naturales como las tormentas que amenazan las presas”, explica Hiba Baroud, profesora asociada de Ingeniería Civil y Medioambiental en la Universidad Vanderbilt de Tennessee (EE. UU). “Y estos cambios no siguen tendencias históricas. Es probable que las condiciones que hace tiempo se consideraban extremas sean más habituales en el futuro.” 

“Las presas vulnerables y el riesgo de que se produzca una rotura de presas se propagan en cascada por nuestra economía y afectan a muchos sectores. Es fundamental entender los costes directos e indirectos que supone el fallo de sistemas de infraestructuras esenciales como las presas.” 

Destrucción de medios de subsistencia

Mientras vastas zonas de todo el mundo tienen dificultades para desarrollar o mantener las infraestructuras necesarias con el fin de contener unas precipitaciones récord, otras estudian de forma urgente implantar medidas para conservar unas reservas de agua que disminuyen rápidamente. En el sur de España, el reseco pantano de La Viñuela (Málaga), está a tan solo el 8% de su capacidad. Los vecinos y turistas de toda la provincia siguen sufriendo las estrictas restricciones en el uso del agua que se han venido aplicando durante todo el verano.

Mientras algunos luchan por contener lluvias récord, otros intentan conservar reservas de agua menguantes

En Grecia se dieron condiciones similares en marzo, cuando en cinco regiones se alcanzaron unos niveles de las reservas peligrosamente bajos, para después sufrir inundaciones históricas en septiembre, cuando en algunas zonas se registraron precipitaciones de hasta 0,34 litros en solo 10 horas.  

Todos estos ejemplos afectan de forma real y duradera a las empresas a y los medios de subsistencia, desde los productores de aceite de oliva hasta los vinicultores pasando por el sector turístico.  

Costes descontrolados

En su informe, ‘Disasters in Numbers: Climate in Action (Catástrofes en cifras: el clima en acción), el Centre for Research on the Epidemiology of Disasters (CRED) describía en líneas generales el terrible coste humano de las catástrofes: en el año 2022, fueron 185 millones de personas las que se vieron afectadas, y otras 31.000 murieron. El precio económico que hubo que pagar también fue alto: el CRED calculó que supuso un coste para la economía de aproximadamente 223.800 millones de dólares ese mismo año.  

Y estos costes van a seguir aumentando. En su informe de 2022 ‘Our World At Risk’ (Nuestro mundo en peligro), la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) calculó que el número de desastres mundiales aumentará hasta alcanzar la cifra de aproximadamente 560 en 2030.  

“Ante el riesgo sistémico mundial, los sistemas de gobernanza deben evolucionar rápidamente y reconocer que ya no es posible separar los desafíos para la economía, el medio ambiente y la igualdad”, afirma el CRED en su informe. 

El sector de los seguros, que quizás sea el más vinculado al concepto de riesgo, tiene que desempeñar un papel clave para mitigar el impacto de las catástrofes naturales. Pero, para ser eficaces a la hora de gestionar unos niveles de riesgo sin precedentes, afirma el investigador sénior de EsadeGeo, Enrique Rueda-Sabater, es necesario realizar una reforma importante en el sector. 

Acontecimientos imprevisibles

“El impacto del cambio climático y otros sucesos de alto impacto que son aún menos predecibles, como la pandemia del COVID-19, han sacudido la rentabilidad de las ofertas de seguros contra catástrofes tanto para particulares como para empresas, explica. 

Los siniestros causados por catástrofes naturales han aumentado considerablemente durante los últimos años, y probablemente lo hayan hecho a un ritmo más rápido de lo que se esperaba. Los datos de Swiss Re sobre siniestros por riesgos asegurados derivados de tormentas, inundaciones e incendios (que seguramente sean representativos de la evolución mundial de los siniestros por catástrofes naturales) muestran aumentos especialmente fuertes a partir de 2005.” 

Los retos para la economía, el medio ambiente y la igualdad ya no pueden separarse

Y aunque es poco probable que los balances de las compañías aseguradoras despierten mucha empatía en la psique colectiva a la hora de considerar el impacto de las catástrofes, no se puede negar que afectan a la sociedad. 

“Cuando no es posible acceder al seguro de propiedad o este resulta demasiado caro, algunos propietarios eligen no contratar uno” afirma Alice C. Hill, del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos. “Eso significa que deben asumir todas de las pérdidas en caso de catástrofe, a menos que aparezca la ayuda gubernamental o filantrópica.” 

“Si debido a los daños, las familias no pueden vivir en su hogar, se van para buscar una vivienda en otro sitio. La partida de las familias de determinados lugares puede causar el cierre de escuelas y empresas, haciendo que la economía caiga en picado y privando a los gobiernos locales de los ingresos fiscales necesarios.” 

Los retos estratégicos

Según el CERD, los sistemas de gobernanza han de evolucionar para hacer frente al creciente riesgo de catástrofes, y Rueda-Sabater se muestra de acuerdo con este punto.  

“Cómo evolucione la cobertura del riesgo de catástrofes dependerá, en parte, de la disponibilidad de una ‘cascada’ de reaseguros con fondos comunes patrocinados por el gobierno, compromisos de limitación de pérdidas y otras garantías”, afirma.  

“Y en los países en los que el gobierno complementa el reaseguro privado, esta opción puede ser más atractiva para algunos tipos de empresas respecto a aquellos países en los que no lo hace. 

“Definir cómo encaja el cálculo coste/beneficio de la cobertura de seguros en el programa general de gestión de riesgos de la empresa y cómo gestionar la relación con las aseguradoras pasarán a ser retos estratégicos cada vez más importantes.” 

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