Reconstruyendo carreras: Profesionales que desafían la etiqueta de refugiada

Estudiantes de Esade Law School, bajo la coordinación del profesor Manolo Garbayo, colaboran con HP para ofrecer un curso formativo dirigido a profesionales refugiadas en Barcelona.

Manel Domingo

Pese a no ser su lengua nativa, Victoria se expresa en castellano con gran seguridad. Cuando cree que las palabras no bastan, las moldea hasta convertirlas en imágenes. "Es por mi profesión”, explica orgullosa. Tras años de exitosa carrera como project manager en la industria audiovisual, está acostumbrada a servirse de los recursos expresivos de la publicidad, de la televisión y del cine, su verdadera pasión. Su trabajo le ha llevado a vivir en 11 países, habla 8 idiomas y está acostumbrada a resolver los problemas más inauditos y conectar con todo tipo de personas. 

Considerando su historial, quienes conocen a Victoria nunca dudaron de que le sería fácil adaptarse a su nueva vida en Barcelona. Sin embargo, desde que llegó de Ucrania como refugiada, no encuentra empleo. “Tan solo me plantean limpiar pisos, cuidar de gente mayor...”, confiesa. “Yo me siento más cómoda integrada en una empresa, haciendo las cosas que se me dan bien”. No oculta que, en ocasiones, la falta de perspectivas laborales empieza a hacer mella en su autoestima. 

El caso de Victoria no es excepcional. Es similar al de Lina, especializada en planificación estratégica y márketing y que solía trabajar para la administración pública en su país. O al de Inna, que tras 10 años de experiencia como economista, ahora prueba suerte con la atención al cliente. Y también al de Fadile, que apenas tiene tiempo para continuar su carrera en recursos humanos porque trabaja casi 60 horas semanales como camarera y barista. 

Me siento más cómoda integrada en una empresa, haciendo las cosas que se me dan bien

Aunque vienen de distintos países, los retos a los que se enfrentan aquí son casi idénticos. Llegan con un currículum excepcional, pero tras superar la barrera del idioma y el laberinto burocrático inicial, se encuentran con que sus títulos académicos no pueden ser convalidados, que su experiencia laboral no es valorada o que carecen de cualquier red profesional. No encuentran espacios desde donde contribuir con sus auténticas fortalezas. 

Victoria, Lina, Inna y Fadile se han conocido durante en un curso de capacitación profesional y digital que intenta corregir esta realidad anómala. El curso ha sido diseñado por estudiantes de Esade en el marco de la iniciativa Building Digital Equity en la que Esade y HP colaboran para ofrecer formación a 80 mujeres refugiadas durante 2024. También contribuyen la Comisión Española de Ayuda para el Refugiado (CEAR) y la consultoría de impacto social Win-Win Connection, que han facilitado la conexión entre universidad, empresa y alumnas.  

Un encuentro en el que todos ganan 

Los contenidos del curso se dividen en 5 módulos centrados en fortalecer la confianza y autoestima, definir metas personales y profesionales, aprender técnicas de comunicación efectiva, comprender las claves para acceder al mercado laboral, y la importancia del networking para la integración social y profesional. El aprendizaje de herramientas digitales complementa la formación. 

El actor clave que lo ha hecho posible son los estudiantes de Esade Law School que han diseñado los contenidos. Para ello, han contado con el apoyo de los coaches facilitados por HP que más tarde han impartido el curso. El profesor Manolo Garbayo y Marta Vernet Yll, de Win-Win Connection son los promotores de esta iniciativa académica, que ya celebra su segunda edición. Su objetivo es que universidad, empresa y tercer sector puedan colaborar en un proyecto con un claro impacto que mejore la vida de las personas.  

Aportamos lo que podemos y aprendemos muchísimo por el camino

“En apenas 10 semanas, estos estudiantes han hecho un trabajo sensacional”, explica Garbayo, que imparte una asignatura optativa dirigida íntegramente a diseñar este curso. Una de sus alumnas, Alicia, llegó aquí buscando devolver parte de lo que estaba recibiendo durante sus estudios. “Se trata de un claro win-win, nosotros aportamos lo que podemos y aprendemos muchísimo por el camino”, explica. A Nico la experiencia le ha permitido “poner rostro a las personas que se encuentran detrás de las cifras y análisis geopolíticos”. 

Por su parte, Inés reconoce que su idea de persona refugiada no se asociaba con la realidad que ha conocido. “He quedado sorprendida con la cantidad de estudios y experiencia que tienen. Cuando llegan aquí no se les reconoce nada de su trabajo previo”, relata. Para Izan, la iniciativa le ha permitido desmitificar la responsabilidad social corporativa, a menudo despreciada como mero márketing. “He encontrado gente realmente motivada que quiere ayudar”, explica.  

Isabella Delle Donne y Victoria Urban son las project managers del proyecto por parte de HP. Su objetivo era “devolverles la fuerza y la confianza a estas mujeres, que salgan bien equipadas para mirar al futuro”. Tras finalizar el curso, no están seguras de quién ha salido más beneficiada. “Hemos aprendido mucho de su fuerza y motivación, de su capacidad de manejar una situación tan difícil”, explican. Ambas están convencidas de que, así como es esencial que el sector público se preocupe por la situación de las personas refugiadas, también es necesario que las grandes compañías se involucren, ya que cuentan con los recursos para echar una mano. 

El peso de las etiquetas 

Tras terminar una semana de curso, Inna expresa encontrarse más segura y con nuevos conocimientos. “Tengo las cosas más claras y ganas de hacer más. Me ha reamueblado la cabeza”, dice. “Antes pensaba que yo tenía muy mala suerte, pero he conectado con otras en mi misma situación; me siento menos sola, veo que mi problema no es tan particular”, explica Fadile. Para Lina, ha resultado tan agotador como gratificante: “He aprendido muchas cosas útiles, pero también he hecho nuevos contactos y he descubierto que teníamos preocupaciones muy similares”.  

Por su parte, Victoria explica que al segundo día ya estaba emocionada. Para ella, el gran logro es haber generado entre todas un espacio donde librarse de los prejuicios impuestos. “A menudo cargamos con la etiqueta de ser pobres refugiadas, se asume que somos iletradas, que no tenemos capacidades... Aquí hemos abandonado esa etiqueta durante una semana”. Una vez más, recurre a las imágenes: “Es como si te tocaran con una varita mágica que hace desaparecer todas esas inseguridades”. 

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