¿Por qué el Sahel es tan importante para España y la UE?
Región clave entre el norte de África y el África subsahariana, el Sahel se enfrenta a desafíos profundos, pero también a oportunidades únicas.
La región del Sahel no es solo una zona de tránsito, sino también el nodo central entre el norte de África y África subsahariana, abarcando desde el Atlántico hasta el Mar Rojo. Su ubicación geográfica lo convierte en un punto clave para los flujos comerciales y migratorios, así como para laseguridad del continente. Para Europa, y en particular para España, su cercanía con el Mediterráneo lo convierte además en un importante punto de interés geopolítico.
Así lo plasma el informe El Sahel: presente y escenarios futuros para la acción exterior de España y la UE, elaborado por los investigadores de EsadeGeo Angel Saz-Carranza, Alba Marí Sánchez y Laia Serrano i Sorroca, quienes han explorado las diversas dimensiones de la región, desde su compleja situación de inestabilidad hasta las posibilidades de cooperación en sectores clave. Y también las implicaciones para la acción exterior de España y la UE.
Más allá de su estratégica ubicación, el Sahel tiene otras cualidades a menudo opacadas por la inestabilidad social y política, así como su vulnerabilidad a los efectos del cambio climático. Actualmente exporta oro, petróleo y hierro, y cuenta con un importante potencial agrícola, comercial y en energías renovables.
Un polo de interés creciente en política exterior
Tras más de cuatro décadas de relaciones en los últimos años la Unión Europea ha desplegado esfuerzos diplomáticos y de cooperación en colaboración con iniciativas como el G5 Sahel, una coalición formada por Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger, para coordinar acciones en materia de seguridad, desarrollo económico, comercio y gobernanza. La región ha contado además con la intervención de misiones europeas orientadas a combatir el terrorismo y la criminalidad organizada, y fortalecer las instituciones locales.
Sin embargo, la retirada de actores como Francia ––cuyo pasado de dominio colonial y postcolonial ha generado una fuerte reacción en contra de la población local–– y la creciente presencia de otros países en la región plantean nuevos retos.
En los últimos años, Rusia ha consolidado su posición en países como Mali o Burkina Faso, ofreciendo apoyo en materia de seguridad ––a través del Grupo Wagner, reconvertido en los Africa Corps tras la muerte en 2023 de su líder, Yevgueni Prigozhin–– a cambio de condiciones preferentes en la industria extractiva.
Por su parte, China ha sido un actor clave en la inversión en infraestructuras y sigue expandiendo su influencia mediante acuerdos comerciales y de recursos, como la construcción de un importante oleoducto en Níger.
A su vez, potencias regionales emergentes como Turquía han fortalecido sus relaciones con los países del Sahel, utilizando tanto la diplomacia religiosa y cultural como la asistencia humanitaria para ampliar su influencia, y situándose como uno de los principales exportadores de armas en la región. Países del golfo pérsico como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí también han establecido puentes con la región.
Este panorama geopolítico multipolar subraya la importancia estratégica de la región y la competencia internacional por ganar influencia en un territorio con alto potencial, pero con importantes retos por delante.
Factores de inestabilidad en el Sahel
La región se enfrenta actualmente a una serie de desafíos estructurales que alimentan su inestabilidad. El gran desequilibrio que hay entre las zonas urbanas y las zonas rurales ––donde la presencia del Estado es prácticamente inexistente y hay una falta de infraestructuras básicas y una elevada inseguridad––, es una importante causa de malestar social y de falta de cohesión interna. A ello se suma el aumento de conflictos de carácter étnico entre el norte y el sur que hunden sus raíces en el periodo colonial y las antiguas redes esclavistas. El resultado es una mayor fragilidad estatal, golpes de estado y gobiernos militares.
Esta situación ha propiciado un incremento de la presencia de grupos yihadistas en el norte de Mali y en las regiones próximas que ha multiplicado las tensiones, convirtiendo a la región en una de las más afectadas por el terrorismo a nivel mundial. Sin embargo, los autores advierten que, “en el Sahel, la frontera entre el combatiente yihadista, el bandido armado y el que toma las armas para defender a su comunidad es poco nítida”.
La creciente migración forzada debido a estos factores también plantea desafíos humanitarios urgentes que captan la atención a nivel internacional.
El rol de la UE en el Sahel
La Unión Europea lleva años desempeñando un papel relevante en el Sahel, especialmente en términos de seguridad y defensa. Sin embargo, el papel dominante de Francia dentro de la estrategia europea, unido al creciente sentimiento antifrancés de la región, puede haber limitado la efectividad de estos esfuerzos.
El reto en los próximos años pasa por encontrar un nuevo equilibrio y replantear la estrategia. Los autores del informe llaman a poner el foco no solo en la seguridad, sino también en aspectos socioeconómicos que aborden directamente sus causas. Entre ellos, la cooperación en áreas clave como la agricultura, la educación, la sanidad o el fortalecimiento de las estructuras estatales, especialmente en entornos rurales.
Una oportunidad de liderazgo para España
En este contexto de reconfiguración de la presencia internacional, España tiene la oportunidad de adoptar un rol más activo, aprovechando que cuenta con buena reputación entre los países de la región. Además de su proximidad geográfica, la participación española en otras iniciativas internacionales en África y la relación histórica con varios países de la región le otorgan cierta ventaja para establecer alianzas bilaterales, así como para liderar la iniciativa europea en la zona.
El rol de España puede ser determinante en temas prioritarios como la gestión de la migración y la seguridad y que ––en un escenario de mayor estabilidad–– también podría brindar oportunidades en otros ámbitos como las energías renovables, la inversión en infraestructuras y el comercio.
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