Qué pueden aprender las startups de las empresas centenarias
Long-standing companies possess particularly valuable traits for new businesses that face specific challenges and temptations.
El fenómeno startup es un elemento clave del mundo empresarial de hoy. Con sus luces y sombras ha traído una saludable corriente de innovación y valor añadido en productos, servicios y métodos de gestión.
Netflix, Uber o Amazon son hoy compañías de referencia y eran startups hace sólo unos años.
Sus cualidades más típicas mejoran además a las empresas más consolidadas que son sensibles a los nuevos competidores: ambición por ser disruptivo, flexibilidad, velocidad, estructuras planas, foco en métricas y experiencia de cliente o su capacidad de pivotar (cambiar rápidamente el modelo de negocio si no funciona).
Sin embargo, se ha escrito poco sobre qué pueden aprender las startups de las empresas centenarias. Incluso parece que son mundos opuestos, que no pueden aprender unos de otros.
Estas compañías longevas tienen rasgos especialmente valiosos para cualquier organización. Y especialmente para startups, que tienen retos y “tentaciones” que las compañías más consolidadas gestionan con excelencia.
A muchas startups les cuesta gestionar bien el corto y el largo plazo. Varios factores pueden minar la calidad del servicio o su éxito: la presión por captar fondos rápido para sobrevivir en fases iniciales en pérdidas o la necesidad de crecer a toda costa para generar buenas métricas.
El mayor foco en generar plusvalías y vender la compañía a corto/medio plazo versus consolidar un buen proyecto empresarial es una estrategia legítima pero que, en más de un caso, ha perjudicado la credibilidad de este excelente mundo emprendedor entre clientes, inversores y sus propios empleados.
Mirada larga
¿Pueden las startups mejorar la gestión de estos retos aprendiendo de las empresas centenarias?
En estas compañías prima la visión a largo plazo, la fidelidad a un propósito inspirador y potente, saber evolucionar sin alterar radicalmente sus valores fundacionales, convertir a clientes en verdaderos fans. Su valor diferencial es, sin embargo, su equipo: compromiso, amor por el trabajo bien hecho, aprendizaje permanente, la generosidad con la empresa, motivación, optimismo, cohesión, prudencia en el crecimiento continuo y cercanía al cliente y resto de stakeholders de las comunidades donde opera.
Hoy hay grandes compañías tradicionales y de más de 100 años que siguen siendo dominantes en mercados clave, como por ejemplo General Electric, Coca-Cola, UPS, Danone, Banco Santander, Siemens, Sant Gobain o Nikon. Sus casos de éxito son también buenos aprendizajes para las nuevas compañías.
En Japón y a un nivel más pequeño abundan las compañías ‘shinise’, palabra japonesa para referirse a las empresas de un siglo, que han mantenido la propiedad dentro de la misma familia y continúan ejerciendo el mismo negocio durante ese tiempo. Templanza, rigor y estabilidad que no están reñidas con la innovación y adaptación a los gustos cambiantes de los clientes.
Allí existen compañías como los hoteles Nisiyama Onsen Keiunkan o Hoshi Ryokan (fundado en año 705 y 718 respectivamente). Maravillosos ejemplos de aportación de valor a clientes, generación tras generación.
¿Dos mundos separados?
¿Son estos casos buenos ejemplos para las startups? Probablemente no todos los atributos de estas empresas son aplicables a ellas, si bien su visión a largo plazo y reputación en el mercado ganada día a día son buenos aspectos para aprender y potenciar en las empresas más jóvenes. A la vez, creo que ambos tipos de compañías comparten algunas claves que les hacen estar más cerca de lo que podríamos pensar a priori.
A pesar de que cada vez hay más contacto y fusión entre empresas tradicionales y startups, hoy todavía veo demasiado alejados ambos mundos. Todavía se pierden potenciales sinergias, posibles negocios y beneficios mutuos.
Ojalá los buenos resultados de estas colaboraciones aceleren esta positiva tendencia al mestizaje empresarial. Hoy el mercado pone cada vez más rápido a cada compañía en su sitio, más allá de la última novedad tecnológica, la tradición o los éxitos pasados.
Ahora cada vez está más claro que las compañías triunfadoras de los próximos años (grandes o pequeñas, jóvenes o longevas) serán las que mejor se reinventen cada día.
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