Cómo la tecnología está transformando la inversión de impacto
En el evento 4YFN 2026, Nuno Brito y Lisa Hehenberger analizaron cómo los proyectos con impacto social y medioambiental positivo están siendo transformados por nuevas plataformas digitales —y por una nueva generación de líderes.
Cada vez más inversores quieren que su dinero genere tanto rentabilidad financiera como un cambio positivo. El mercado global de inversión de impacto superó los 1,16 billones de dólares en activos en 2024, según la Global Impact Investing Network (GIIN). Una prueba clara de que los inversores buscan abordar desafíos sociales y ambientales sin renunciar a inversiones comercialmente viables.
Hasta hace poco, el capital riesgo y la inversión de impacto estaban reservados principalmente a grandes patrimonios e instituciones. Hoy, las plataformas digitales permiten que particulares inviertan directamente en proyectos de impacto. Es en este contexto donde entra GoParity.
GoParity es una plataforma de crowdfunding tecnológico que ha abierto la inversión de impacto a personas corrientes y, al hacerlo, ha cambiado la forma en que el capital fluye hacia proyectos sostenibles. Permite a cualquier persona visualizar e invertir directamente en iniciativas alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU. Para los proyectos, la plataforma gestiona miles de pequeñas inversiones y reembolsos de manera eficiente. Hasta la fecha, GoParity ha canalizado más de 56 millones de euros en inversiones procedentes de personas de todo el mundo.
En el marco de 4YFN durante el Mobile World Congress, Nuno Brito conversó con Lisa Hehenberger, decana de Esade Business School, sobre cómo la tecnología está transformando la inversión de impacto y qué deben hacer los futuros líderes empresariales para afrontar los desafíos sociales y medioambientales globales.
“La tecnología empodera a las personas para convertirse en los nuevos bancos”, explica Brito.
En la práctica, esto significa que los particulares pueden prestar directamente a empresas que desarrollan proyectos de energías renovables, agricultura o innovación social. La plataforma gestiona la parte técnica del proceso, desde los pagos hasta la elaboración de informes. A nivel global, las plataformas de crowdfunding ya recaudan más de 17.000 millones de dólares al año, reflejando un creciente apetito por formas de financiación más democráticas.
La demanda de este tipo de inversión es especialmente fuerte entre las generaciones más jóvenes. Una encuesta de Morgan Stanley reveló que más del 97 % de los inversores millennials están interesados en la inversión sostenible, lo que demuestra el deseo de alinear rentabilidad financiera con impacto ambiental y social.
Impacto real: de la energía solar a las comunidades rurales
Un proyecto en Uganda ilustra el potencial de este nuevo modelo de inversión y cómo su impacto puede ser más amplio de lo previsto. Cooperativas locales dependían de generadores diésel como respaldo ante un suministro eléctrico inestable. GoParity consiguió financiación para instalar paneles solares, eliminando la necesidad de generadores contaminantes y ruidosos y garantizando un suministro energético continuo.
“Esto ya es un impacto muy positivo”, señala Brito, “pero además hubo un efecto que no esperábamos. Estas estaciones se convirtieron en la única fuente de luz por la noche, transformándose en puntos de encuentro para la comunidad”.
Este beneficio social inesperado muestra cómo las inversiones sostenibles pueden generar efectos multiplicadores.
El acceso fiable a la electricidad puede transformar la vida cotidiana en zonas rurales. Según el Banco Mundial y la Global Off-Grid Lighting Association, las soluciones solares fuera de red llevaron electricidad a más de 490 millones de personas en todo el mundo hasta 2021.
Medir el impacto es más complejo que medir el beneficio
Mientras que la rentabilidad financiera es relativamente sencilla de calcular, medir el impacto social y ambiental resulta más complejo.
Durante la conversación, Hehenberger preguntó cómo GoParity mide el impacto de proyectos en zonas remotas y cómo informa a los inversores. “No se trata solo de generar rentabilidad. Los inversores también quieren pruebas de que el impacto es real”, afirmó.
Cada contexto y tipo de proyecto exige distintos niveles de esfuerzo para evaluar su impacto. Brito puso como ejemplo la energía solar, relativamente fácil de medir: “Sabemos cuánta energía están generando gracias a los sistemas de monitorización integrados”.
En cambio, proyectos agrícolas en Perú presentan mayores desafíos. “Nos resulta más difícil saber cuántos empleos se están creando”, explica Brito. “Por eso trabajamos con organizaciones consolidadas sobre el terreno, previamente evaluadas. Por ejemplo, colaboramos estrechamente con Mercy Corps”.
GoParity evalúa los proyectos mediante un proceso detallado que analiza el desempeño financiero, los planes de negocio y el impacto social previsto. También realiza seguimiento de indicadores concretos como la reducción de CO₂, la creación de empleo, el empoderamiento comunitario y la presencia de mujeres en puestos de liderazgo. Brito señala que la plataforma está finalizando la certificación de su metodología de impacto con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Repensar la formación de los futuros líderes
La conversación también abordó cómo las escuelas de negocios deben preparar a la próxima generación de líderes. Brito destacó que el compromiso, la empatía y la resiliencia son cualidades clave para impulsar decisiones sostenibles, y que la educación debe ir más allá de modelos tradicionales basados en la memorización.
Además del aprendizaje teórico, los futuros líderes necesitan trabajar sobre problemas reales y desarrollar soluciones prácticas. La exposición a desafíos concretos permite comprender mejor la complejidad de cuestiones como el cambio climático, la desigualdad o el desarrollo sostenible.
En Esade, una de las iniciativas es el aprendizaje-servicio, donde los estudiantes colaboran con organizaciones para abordar retos sociales y empresariales reales. Estas experiencias permiten aplicar la teoría a la práctica y desarrollar competencias como el trabajo en equipo, la resolución de problemas y la toma de decisiones éticas.
El objetivo es que los estudiantes aprendan a utilizar la IA para reforzar sus capacidades, no para reemplazar su pensamiento crítico
El papel de la IA en la educación empresarial
La inteligencia artificial es uno de los grandes debates actuales en educación.
Hehenberger observó que muchos estudiantes ya utilizan herramientas de IA en sus trabajos académicos. El reto para las escuelas de negocios es asegurarse de que la tecnología mejore el aprendizaje en lugar de reemplazar el pensamiento crítico.
En Esade, el profesorado está experimentando con distintos escenarios de uso de la IA en el aula. El objetivo es que los estudiantes aprendan a emplear estas herramientas para fortalecer su capacidad analítica y creativa.
El perfil del líder del futuro
La conversación puso de relieve cómo tecnología, finanzas y educación están cada vez más interconectadas. Plataformas como GoParity demuestran que la innovación digital puede ampliar las oportunidades de inversión a una base más amplia de personas, al tiempo que apoya proyectos que abordan desafíos globales.
Pero los emprendedores que lideran estas iniciativas necesitan algo más que conocimientos técnicos. El compromiso, la empatía y la resiliencia siguen siendo cualidades fundamentales para quienes aspiran a construir empresas que generen tanto rentabilidad financiera como valor social.
Para las escuelas de negocios, preparar a la próxima generación implica no solo desarrollar habilidades analíticas, sino también fomentar la mentalidad necesaria para generar un impacto duradero.
En los próximos años, el éxito del liderazgo podría medirse no solo en beneficios, sino también en el valor creado para las comunidades y el entorno. El verdadero desafío para las escuelas de negocios —y para los inversores— no es simplemente financiar la próxima empresa rentable, sino formar líderes capaces de construir organizaciones que beneficien tanto a la economía como al planeta.
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