Descubriendo la elegancia del Crecimiento Regular

La Teoría del Crecimiento Regular (TCR) propone un progreso medido y sostenible. Al priorizar la consistencia sobre la volatilidad, la TCR garantiza que las empresas no solo crezcan, sino que perduren.

Camilla Marocchino

Una cálida tarde de primavera. El rugido de los motores llena el aire mientras los coches clásicos se ponen en marcha, no en una carrera frenética hacia la meta, sino para dominar la consistencia, el control y la resistencia. A diferencia de la Fórmula 1, donde la victoria pertenece al más rápido, en un rally de regularidad triunfan los conductores constantes y estratégicos. Si aprietas demasiado, te arriesgas a una avería; si te contienes demasiado, perderás impulso. 

¿La clave? Encontrar el ritmo que te permita avanzar sin agotarte.

Este mismo principio ofrece una poderosa lección para el crecimiento empresarial. ¿Y si las empresas que persiguen el hipercrecimiento a toda costa están jugando al juego equivocado? Aunque las compañías de hipercrecimiento acaparen titulares, existen sólidos argumentos a favor de un enfoque más medido que priorice la consistencia sobre la velocidad. Esta es la esencia de la Teoría del Crecimiento Regular (TCR), una estrategia basada en un progreso medido y resiliente en lugar de la aceleración imprudente, lo que garantiza que las empresas no solo crezcan rápido, sino que también perduren. 

La elegancia del Crecimiento Regular

Cuando se considera el éxito empresarial, las tasas de crecimiento astronómicas suele cautivar a accionistas, inversores y al público en general. Aunque la idea de un crecimiento explosivo en tiempo récord se ha convertido en el máximo referente del éxito, a menudo oculta una realidad incómoda: los picos espectaculares suelen ir seguidos de caídas igual de drásticas. En cambio, el crecimiento regular aporta mucho más valor para la sostenibilidad empresarial a largo plazo

Beneficios de la regularidad

  1. Previsibilidad para empleados, clientes e inversores. Pensemos en Procter & Gamble, que ha prosperado gracias a una expansión incremental en lugar de perseguir adquisiciones agresivas, lo que le ha permitido protegerse de las crisis económicas y generar una confianza duradera entre los consumidores. 
  2. Sostenibilidad y calidad sin tomar atajos. A diferencia de los modelos de hipercrecimiento, que a menudo utilizan atajos como la externalización de riesgos o la sobreproducción, empresas como Patagonia han priorizado la obtención sostenible de materias primas y unas prácticas laborales éticas, reforzando la fidelidad del cliente y la rentabilidad. 
  3. Prudencia financiera. Las empresas de hipercrecimiento suelen sobreextender sus recursos, acumular deuda y perseguir oportunidades especulativas. Las compañías con crecimiento regular se expanden en función de una demanda real, garantizando flujos de caja sostenibles y rentabilidad a largo plazo. Berkshire Hathaway es un ejemplo de este enfoque, al dar prioridad al valor a largo plazo frente a la especulación a corto plazo. 
  4. Adaptabilidad. El crecimiento regular da margen a las empresas para absorber el feedback y perfeccionar sus operaciones. Un ejemplo destacado es la filosofía Kaizen de Toyota, que promueve mejoras incrementales y constantes en lugar de transformaciones radicales. 

Redefinir el éxito: un nuevo paradigma de crecimiento

La teoría del crecimiento regular introduce un cambio de paradigma, redefiniendo el éxito en las empresas consolidadas a través de objetivos controlados en lugar de metas absolutas. Aunque resulta atractiva para quienes piensan a largo plazo, también convence a quienes buscan resultados inmediatos, al vincular el estatus y los ascensos a la estabilidad. Así se logra que los incentivos respondan a ambas perspectivas al tiempo que se prioriza la sostenibilidad frente a la volatilidad. 

Para integrar la regularidad en las estructuras corporativas, las empresas deben pasar de los indicadores tradicionales a métricas que recompensen un crecimiento controlado y constante. Un cuadro de mando integral (Balanced Scorecard) basado en la regularidad podría incluir: 

  • Incentivos equilibrados: penalizar tanto la expansión excesiva como la falta de progreso y premiar a los directivos por mantener un crecimiento porcentual constante en lugar de picos volátiles. 
  • Márgenes de beneficio estables y orientados: priorizar la consistencia en la rentabilidad frente a subidas insostenibles de ingresos. El objetivo no es ampliar continuamente los márgenes, sino mantener niveles de rentabilidad equilibrados y previsibles. Si los márgenes caen por debajo del objetivo, deben tomarse medidas correctoras; si superan el rango óptimo, deben ajustarse para mantener el equilibrio y evitar subidas descontroladas. Esto garantiza una rentabilidad estable y controlada, alejándose de los riesgos tanto de una contracción excesiva como de una expansión insostenible. 
  • Retención y satisfacción del cliente: valorando las relaciones a largo plazo por encima de la captación rápida. 

Introducir competiciones de regularidad

Inspirándose en los rallies de coches clásicos, las empresas pueden implementar competiciones internas de regularidad donde el éxito no se mide por alcanzar las cifras más altas, sino por mantener una trayectoria constante y previsible. Así como los conductores en un rally de regularidad son premiados por mantener un ritmo constante en puntos de control específicos, los líderes corporativos serían reconocidos por ofrecer un crecimiento estable y uniforme a lo largo del tiempo

Al establecer puntos de observación en intervalos regulares, se evaluaría a los participantes en función de su nivel de adhesión a unos objetivos de rendimiento predeterminados en cada etapa. Cuanto mayor sea la constancia durante un periodo determinado —igual que los pilotos que mantienen una precisión milimétrica cada cien kilómetros—, mayor será su puntuación. 

Al redefinir el éxito con métricas basadas en la regularidad, las empresas pueden dejar atrás la volatilidad del hipercrecimiento y asegurar una expansión resiliente y sostenible que beneficie tanto a las personas como a las organizaciones. 

Abordar los retos prácticos

Aunque adoptar la regularidad suena atractivo en teoría, su implementación enfrenta obstáculos significativos. La naturaleza humana suele priorizar las ganancias inmediatas. Muchos directivos y empleados prefieren recompensas a corto plazo debido a la incertidumbre del futuro. Una forma de salvar esta brecha es vincular una parte significativa de la remuneración y el desarrollo profesional al cumplimiento de hitos basados en la consistencia. Cuando la estabilidad a largo plazo se asocia directamente con la seguridad financiera y profesional, el miedo a perder estas recompensas puede superar la tentación de los logros rápidos. Estructuras de bonificación diferida vinculadas a métricas de rendimiento plurianuales o programas de acciones con periodos de consolidación prolongados no solo fomentan un crecimiento disciplinado, sino que también atraen talento que comparte los valores del progreso constante. 

Otro reto es si las empresas que priorizan la estabilidad sobre la expansión rápida pueden sobrevivir frente a competidores impulsados por el hipercrecimiento. A corto plazo, las compañías basadas en el hype pueden ganar ventaja, atraer inversores y captar cuota de mercado mediante una escalada agresiva y valoraciones infladas. Sin embargo, también son las más vulnerables a las crisis del mercado, el sobreendeudamiento y las ineficiencias operativas, lo que finalmente las lleva al colapso. En lugar de intentar competir en su mismo terreno, las empresas de crecimiento regular solo necesitan resistir más que ellas. Cuando estallan las burbujas financieras o cambian las condiciones económicas, las empresas excesivamente apalancadas sufren las consecuencias. Toyota es un ejemplo emblemático: mientras Ford y otros fabricantes se apresuraban a escalar durante los períodos de bonanza, Toyota apostó por una expansión controlada y eficiente. Cuando estalló la crisis del petróleo, sus competidores se hundieron bajo la deuda, mientras que Toyota, gracias a su crecimiento sostenible, se mantuvo firme. 

Más allá de la supervivencia, las empresas con crecimiento regular pueden convertirse en una nueva categoría de inversión, atrayendo a inversores que buscan rentabilidades estables, bajo riesgo y dividendos previsibles. Con el tiempo, los mercados reconocerán que las compañías que priorizan la regularidad frente a la expansión imprudente son las verdaderas ganadoras a largo plazo. 

Elegir la carrera adecuada

Cada carrera tiene su atractivo. Algunas personas se deleitan con la elegancia de los campeonatos de coches clásicos, donde priman la precisión y el legado. Otras prosperan en el mundo de la Fórmula 1, donde reinan la velocidad pura y la tecnología de vanguardia. 

En los negocios ocurre lo mismo. La Teoría del Crecimiento Regular no está pensada para startups que aún están luchando por hacerse un hueco, sino que se aplica a empresas consolidadas, aquellas que ya han dejado su huella y ahora buscan mantener y perfeccionar su éxito. Sectores como la distribución alimentaria o el lujo encarnan esta filosofía. Al fin y al cabo, abrir 20 restaurantes en lugar de 10 no siempre es señal de progreso; se trata de una prueba de resistencia, consistencia y visión estratégica. La Fórmula 1 siempre tendrá su lugar. En sectores como la IA y la alta tecnología, la clave no es el avance constante, sino una escalada rápida, donde la velocidad es la única moneda que cuenta. Pero en las industrias donde la longevidad es esencial, no se trata de correr hacia el siguiente hito, sino de marcar un ritmo que les permita seguir compitiendo durante décadas. 

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