Turismo en España: ¿Es posible seguir con el modelo actual?

En España, el turismo aporta el 11,6% del PIB. Pero, teniendo en cuenta que los residentes manifiestan una reacción cada vez mayor en su contra, ¿debe cambiar el modelo para poder sobrevivir?

Equipo Do Better

Durante los primeros cuatro meses de 2024, el gasto de los turistas internacionales en España aumentó un 22,6 % respecto al año anterior. Durante el mismo periodo, el número de visitantes aumentó un 14,5 % y el número de turistas que visitaron los destinos más populares de España ascendió a 23,9 millones. 

En un informe de enero de 2024 sobre el sector turístico español, el Banco de España apuntaba: “El sector turístico tiene una importancia para la economía nacional e internacional ampliamente reconocida. El turismo es el principal sector productivo del país: en 2022 aportó el 11,6 % al PIB y el 9,3 % al empleo”. 

Not welcome

No obstante, a pesar de los 31.500 millones de euros que se gastaron los turistas que visitaron España solo entre los meses de enero y abril, la noticia del aumento no está siendo bien recibida por todo el mundo

En las protestas llevadas a cabo en destinos populares, como las Islas Baleares y las Islas Canarias, ha quedado patente que los residentes pedían poner fin del turismo de masas mostrando pancartas que instaban a tener en cuenta a las personas que residen durante todo el año en los lugares de vacaciones más masificados. En ellas se podían leer mensajes como: “SOS residentes”, “Aquí vive gente”, “Mi miseria, tu paraíso” o “No queremos ver morir nuestra isla”. 

En otras protestas organizadas en ciudades como Barcelona y Málaga, las tácticas para disuadir a los visitantes incluyen la colocación de carteles falsos en playas populares (escritos en inglés) aconsejando a los visitantes que se alejen debido a peligros como el desprendimiento de rocas o la afluencia de medusas. 

Raíces transformadoras

El origen del sector turístico en España se remonta al boom desarrollista de la década de los 60, como explicaba Manuel Alejandro Hidalgo, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide e investigador de EsadeEcPol, en un artículo reciente. 

“La construcción de infraestructuras para atraer turistas y el redescubrimiento del patrimonio histórico español contribuyeron al ‘desarrollismo’ de la década”, afirma. “El turismo, fundamental para la economía española, generó ingresos clave y transformó la sociedad.” 

La dependencia del sector turístico de algunas regiones ha causado un deterioro de su PIB per cápita en las últimas décadas

Sin embargo, aunque el boom turístico aportó un crecimiento excepcional, hizo que aumentase la productividad, mejoró el nivel de vida de los españoles y permitió redescubrir el patrimonio cultural español, se ha producido un impacto global negativo en las zonas que empezaron a depender del turismo. 

Diversificar para sobrevivir

“La masificación del turismo en años recientes ha generado saturación y cierto hartazgo en las comunidades más turísticas, lo que exige de una reflexión sobre los desequilibrios que genera dicha actividad”, afirma Hidalgo. 

“Canarias y Baleares han experimentado un deterioro en su PIB per cápita en las últimas tres décadas, algo que no ha sido común a todas las regiones, y que es principalmente explicado por su dependencia en el sector turístico. En contraste, regiones con economías más diversificadas han tenido un desempeño económico más favorable”. 

Una posibilidad sería realizar un cambio en los hábitos de los turistas para que haya un mayor equilibrio en el reparto de visitantes y garantizar la estabilidad de los destinos vacacionales más populares. Seguir centrándose en los destinos costeros asentados podría convertirlos en víctimas de su propio éxito. 

Pedro Aznar, profesor asociado del Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad de Esade, indica que algunos hábitos ya están cambiando. “Tras el covid, el turismo ha experimentado un fuerte rebote al alza, pero con un claro cambio en las pautas de los consumidores, que ahora apuestan por una forma de hacer turismo más vivencial, más experiencial”, comentó a la prensa. España tiene un valor incomparable en ese sentido, pero la responsabilidad de gestionar adecuadamente la oferta turística sigue estando ahí. 

Sacrificios a corto plazo

El crecimiento de plataformas como Airbnb y similares ha ayudado a facilitar dicho cambio en los patrones de consumo, al ofrecer a los turistas unos destinos que antes solo eran concurridos por familias y trabajadores locales. 

Se ha criticado repetidamente a las plataformas de alquiler vacacional por hacer que los alquileres aumenten y haya una escasez de viviendas de larga duración, pero su extensión a zonas residenciales puede aportar beneficios. Hidalgo apunta que por cada 10 nuevas habitaciones de Airbnb, se abre un restaurante nuevo que supone la creación de una media de ocho puestos de trabajo en ese barrio. 

“Además, este efecto no se limita al entorno cercano de los apartamentos, sino que se extiende a áreas fuera del centro de la ciudad”, añade. Sin embargo, avisa de que los beneficios a corto plazo pueden verse considerablemente contrarrestados por el impacto a largo plazo en la economía. 

El turismo requiere una gran concentración de mano de obra con escasa cualificación y genera ingresos relativamente altos para los empleados

“La apertura de nuevos negocios puede desplazar a otros establecimientos que no estaban previamente orientados al turismo. El investigador Ivan Kožić ha llevado a cabo un importante estudio sobre este fenómeno por el cual el crecimiento a largo plazo de una región o país se acaba reduciendo”. 

“El turismo es un sector con una gran concentración de mano de obra que requiere escasa cualificación y genera ingresos relativamente altos para los empleados. El efecto más inmediato es que baja el nivel educativo, lo que debilita el crecimiento económico a largo plazo al desplazar a otros sectores que demandan una oferta mayor de mano de obra cualificada”, explica Hidalgo. 

Buscar soluciones sostenibles

Es comprensible que a los turistas que ven las protestas desde lejos les preocupe visitar una zona en la que se les dice de forma tan vehemente que no son bien recibidos. Y esta reacción puede parecer contraproducente para ese uno de cada diez españoles cuyos ingresos dependen de los visitantes. 

“Para muchos, resulta incomprensible que una población que vive de una actividad económica determinada pueda rebelarse contra ella”, admite Hidalgo. “Pero no es una sorpresa que cierta parte de la población de estas regiones vean a este sector como un limitante a largo plazo de su bienestar”. 

Tal y como advierten los manifestantes, los recursos de su tierra y sus islas son limitados, y el paraíso de una persona puede convertirse en la miseria de otra. Pero, para que España pueda preservar los hogares, la tierra y los recursos naturales por los que es reconocida, debe dar un paso atrás y adoptar una visión mucho más amplia en cuanto a cómo afecta el turismo a la educación, la cualificación de sus empleados y el desarrollo sostenible

“Solo mediante un análisis exhaustivo de estas cuestiones podremos encontrar soluciones efectivas para mejorar la competitividad y el desarrollo económico del país a largo plazo”, concluye Hidalgo. 

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