Bajo la presión del algoritmo: El trabajo en la era de la IA
La IA está transformando los lugares de trabajo, pero no siempre para mejor. Bajo la promesa de velocidad y eficiencia se esconde un coste oculto: la creciente vigilancia de los trabajadores para que rindan como máquinas.
La IA promete lugares de trabajo más rápidos, inteligentes y eficientes. Pero, ¿quién paga el precio? Una aplicación de IA que ayuda a un empleado de oficina puede leer y analizar una hoja de cálculo en segundos, o traducir textos complejos a datos sencillos en un abrir y cerrar de ojos. Si se utiliza correctamente, puede suponer un importante aumento de la eficiencia. Pero existe la otra cara: cuando los algoritmos se utilizan para gestionar a las personas, en lugar de para apoyarlas.
Uma Rani, economista sénior de la Organización Internacional del Trabajo, ha estado examinando el aspecto humano de la adopción de la IA en el trabajo. Basándose en investigaciones realizadas en los sectores de la automoción, la sanidad y la logística, ha demostrado cómo el aumento de la productividad suele conllevar costes ocultos para los trabajadores.
El impacto varía por regiones: en el Sur Global, donde son habituales las protecciones laborales más débiles y los contratos temporales, la presión sobre los trabajadores es severa. En el Norte Global, los sindicatos más fuertes y las protecciones legales pueden ayudar a reducir los riesgos para el bienestar de los empleados.
Esta cuestión se abordó durante un evento de Esade Law School sobre las promesas y peligros de la digitalización del trabajo. La sesión fue parte de un seminario del proyecto de investigación DigitalWORK, dirigido por las profesoras Anna Ginès i Fabrellas (Esade) y Raquel Serrano Olivares (Universitat de Barcelona), para explorar cómo las tecnologías digitales están transformando el trabajo y si están promoviendo condiciones laborales justas, equitativas y transparentes.
Cómo se utiliza la IA en el lugar de trabajo
El debate actual en torno a la IA se centra en cómo aumenta la velocidad y la eficiencia. Pero, como pregunta Rani, ¿qué ocurre en el día a día de los trabajadores cuando la gestión algorítmica se convierte en la norma?
Cuando los algoritmos dictan las normas del lugar de trabajo, no hay lugar para la flexibilidad humana
La supervisión, la evaluación y la toma de decisiones, que antes supervisaban managers humanos, ahora se delegan con mayor frecuencia a las máquinas. Por supuesto, la monitorización en el lugar de trabajo no es nada nuevo. Las tarjetas para fichar, los códigos de barras y las cámaras de circuito cerrado se utilizan desde hace décadas para rastrear la actividad de los trabajadores. Pero, a diferencia de estas herramientas tradicionales, la IA puede recopilar, analizar y actuar sobre los datos de forma automática, a menudo sin supervisión humana y, desde luego, sin empatía. Eso hace que la vigilancia sea mucho más intrusiva y bastante menos razonable.
“La optimización con IA puede aumentar la productividad y la eficiencia, pero puede afectar negativamente a la salud y la seguridad de los trabajadores al presionarlos para que mantengan un ritmo impuesto”, explicó Rani en su charla.
Cuando los algoritmos dictan las normas del lugar de trabajo, no hay lugar para la flexibilidad humana. Una máquina no reconoce que un trabajador pueda haber dormido mal o esté sufriendo un problema de salud. El algoritmo espera el mismo ritmo, día tras día, como si los empleados fueran robots.
Industria automovilística: trabajar como una máquina
Esta dinámica es especialmente marcada en la industria automovilística. En países como Argentina y Malasia, Rani descubrió que los contratos temporales, combinados con el rastreo algorítmico, suponían una enorme carga para los trabajadores. Se mide cada movimiento y se compara cada resultado. No seguir el ritmo conlleva el riesgo de que no se renueve el contrato.
Esto crea una mano de obra impulsada por el miedo: el miedo a rendir por debajo de lo esperado y, por lo tanto, a perder su medio de vida. El estrés a largo plazo y la carga psicológica son innegables y probablemente insostenibles. Como afirma Rani: “Los directivos te dirán que la IA aumenta la productividad y la eficiencia, pero se está presionando a los trabajadores al extremo para sacarles hasta el último céntimo, lo que les acarrea enormes consecuencias”.
Las empresas que utilizan la IA para gestionar la mano de obra deberían prestar atención a esta advertencia. La IA puede aumentar la eficiencia, pero lo consigue presionando al máximo a los trabajadores más vulnerables.
La asistencia sanitaria contrarreloj
La IA también es una herramienta muy utilizada en el sector sanitario. Un ejemplo es la India, donde se utilizan paneles de control (dashboards) para comparar la eficiencia de los médicos. En el lado positivo, los algoritmos pueden acelerar los diagnósticos y permitir una programación más fluida. El flujo de pacientes mejora, la coordinación es más fácil y herramientas como los grupos de WhatsApp hacen que la comunicación sea instantánea.
La asistencia sanitaria basada en algoritmos corre el riesgo de ignorar los importantes matices entre pacientes
Pero no hay que pasar por alto los riesgos. Compartir los datos de los pacientes de manera informal a través de aplicaciones puede dar lugar a la filtración de información confidencial. Y debido al gran número de pacientes, los profesionales médicos se ven sometidos a una presión constante para acelerar el tratamiento, lo que provoca estrés a médicos y enfermeros.
Lo más importante es que se pueden obviar las sutiles diferencias que existen entre pacientes. Muy a menudo, dos personas pueden presentar la misma enfermedad, pero requerir tratamientos diferentes debido a enfermedades secundarias o preferencias personales. Cuando la eficiencia es el objetivo primordial, esas diferencias corren el riesgo de pasarse por alto. En opinión de Rani, la asistencia sanitaria basada en algoritmos corre el riesgo de ignorar los matices entre pacientes individuales, lo que en la práctica conduce a un tratamiento uniforme para todos.
Almacenes gestionados por algoritmos
En logística, la gestión algorítmica se ha incorporado al lugar de trabajo de forma significativa. Los almacenes ahora se gestionan mediante paneles de control que asignan tareas, evalúan la productividad y realizan un seguimiento del tiempo dedicado a cada tarea. Los encargados pueden supervisar cada movimiento en la planta de producción de una manera que recuerda al Gran Hermano, lo que afecta al derecho a la privacidad de los trabajadores.
El problema no es solo la intensidad de la supervisión, sino el hecho de que los empleados a menudo ni siquiera son conscientes de su alcance. Esta falta de transparencia plantea serios problemas éticos. Es importante destacar que las investigaciones de Rani también han revelado que las decisiones sobre la adopción de estos sistemas de gestión basados en la IA suelen tomarse sin consultar apenas al personal ni a los sindicatos. Una vez más, la eficiencia es lo primero. El bienestar de los trabajadores ni siquiera se tiene en cuenta.
Alemania: donde los trabajadores tienen voz
Afortunadamente, no todos los países siguen el mismo camino. Las leyes vigentes en la UE crean condiciones más justas para los trabajadores. Alemania, por ejemplo, ofrece un modelo diferente de buenas prácticas a través de su sistema de cogestión, que existe desde hace mucho tiempo. Los trabajadores, a través de los comités de empresa, tienen voz oficial en las decisiones relacionadas con la adopción de tecnología. Las leyes vigentes, como el RGPD y la Ley de Constitución de Comités de Empresa, se aplican de forma activa, lo que proporciona a los empleados una cierta protección frente a la vigilancia invasiva.
El ejemplo alemán muestra cómo el aprovechamiento de la normativa vigente y la apertura al diálogo pueden crear un equilibrio entre la mejora de la eficiencia y el bienestar de los trabajadores. Cuando los empleados sienten que tienen voz, se reduce el estrés y la IA puede integrarse de forma más responsable.
Equilibrar la eficiencia con la dignidad
Rani cree que las leyes, por sí solas, no son suficientes. Sostiene que los sindicatos deben ser empoderados con respaldo normativo e institucional para proteger a los trabajadores en la era de la IA. El diálogo social no es opcional, es esencial si se quieren aprovechar los beneficios de la IA sin dejar de lado los derechos de los trabajadores.
Aquí se plantean dos retos: hacer un mejor uso de las normativas ya existentes y crear una nueva legislación que refleje las realidades de la gestión impulsada por la IA. A medida que estos sistemas se convierten en un elemento permanente de los lugares de trabajo modernos, garantizar la equidad, la privacidad y la dignidad debe formar parte del debate.
La integración de la IA en el lugar de trabajo no ha hecho más que empezar. Pero antes de aceptarla ciegamente, hay que responder a una pregunta: ¿permitimos que se convierta en una herramienta que deshumaniza a los trabajadores, o la convertimos en algo que favorece tanto la eficiencia como el bienestar humano?
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