Cómo la IA y la automatización están transformando los valores humanos
A medida que la IA se incorpora a nuevos ámbitos, empieza a desafiar los marcos espirituales, a redefinir los rasgos esenciales que valoramos en nosotros mismos y a cambiar nuestras actitudes sociales hacia temas como la inmigración.
Un guía espiritual poco habitual se instaló recientemente en una iglesia de Lucerna, Suiza: un “Jesús IA” holográfico. Situado en un confesionario tradicional, esta proyección con chatbot incorporado invita a los visitantes a mantener una conversación confidencial para recibir orientación espiritual, disponible en 100 idiomas. Algunos lo encontraron revelador, otros lo calificaron de blasfemo. Pero al margen de la respuesta pública, lo que está claro es que cada vez más gente recurre a la inteligencia artificial no solo para obtener información o mejorar su productividad, sino también para encontrar sentido a la vida y orientación existencial.
Este escenario se relaciona con una de las preguntas planteadas por el profesor Adam Waytz (Kellogg School of Management, Northwestern University) durante su conferencia en el Consumers + Technology Dialogue 2025 de Esade: ¿qué ocurre cuando las máquinas empiezan a hacer cosas que antes se consideraban exclusivamente humanas? El trabajo de Waytz sugiere que la IA no solo está cambiando nuestra forma de vivir al mejorar la eficiencia, sino también nuestra manera de vernos a nosotros mismos y a los demás, llegando incluso a afectar a nuestros sistemas de creencias.
¿Es la IA un nuevo Dios?
Uno de los efectos más sorprendentes de la IA es su conexión con el desapego de la sociedad respecto a la religión. Aunque la fe en Dios lleva décadas disminuyendo en muchas partes del mundo, una investigación coescrita por Waytz muestra cómo ese declive se acelera en las regiones y países donde más se usa la IA y la automatización.
Varios estudios lo sugieren. En un conjunto de datos global que abarca más de 2 millones de personas, los países con más robots instalados mostraron caídas más pronunciadas en la creencia religiosa, incluso al controlar por factores como riqueza o nivel educativo. Se hallaron resultados similares a nivel urbano en Estados Unidos y entre personas que trabajaban estrechamente con herramientas de IA. El seguimiento de las creencias individuales mostró que quienes entraban en profesiones relacionadas con la programación o la automatización tendían a volverse menos religiosos con el tiempo.
¿Por qué ocurre esto? La IA no está diciendo a la gente que abandone la religión. Una razón es que la automatización podría reducir la necesidad práctica de la religión. La gente busca menos la guía espiritual cuando las máquinas empiezan a proporcionar soluciones tangibles e incluso consejos con un tono trascendental. Además, conversar con una IA no siempre se siente como hablar con una máquina. Los participantes en los estudios describen la automatización como algo que permite “hacer cosas que nunca habíamos podido hacer antes”, que les otorga “habilidades sobrehumanas” e incluso la posibilidad de “romper las leyes de la naturaleza”. Como señala Waytz, esto desafía la noción del excepcionalismo humano: la creencia de que solo los humanos pueden pensar, sentir o generar sentido. Cuando las máquinas parecen rivalizar con las capacidades humanas, algunas personas empiezan a cuestionar la necesidad misma de la divinidad.
Lo que valoramos en nosotros mismos está cambiando
La automatización también está alterando nuestra percepción sobre nuestras propias habilidades. En un momento en que la IA puede programar, diseñar o redactar textos, nos vemos obligados a replantear qué habilidades siguen diferenciándonos. La investigación de Waytz demuestra que, cuando la gente se siente amenazada por la automatización, tiende a valorar más la creatividad frente a las competencias técnicas o incluso sociales.
La creatividad puede verse no solo como una habilidad, sino como una especie de firma humana en un mundo digital
Un estudio mostró que los estudiantes que se graduaban en carreras STEM y leían sobre cómo la IA estaba sustituyendo a los humanos en el trabajo eran más propensos a destacar sus capacidades creativas —como la imaginación o la innovación— en sus currículos. En la misma investigación, un experimento con diseñadores gráficos arrojó resultados similares: quienes fueron expuestos a información sobre la amenaza de la automatización se mostraron más dispuestos a inscribirse en cursos online de design thinking o de resolución creativa de problemas, en lugar de formación técnica.
Esto apunta hacia un cambio psicológico significativo. La creatividad se percibe no solo como valiosa, sino como resiliente: un rasgo humano único que la IA puede complementar, pero no sustituir del todo. Como destacan los investigadores: “La creatividad puede verse no solo como una habilidad, sino como una especie de firma humana en un mundo digital”.
Claro que suponer que la creatividad humana es inmune a la automatización puede ser demasiado optimista. Herramientas de IA generativa como Midjourney o ChatGPT ya han demostrado un sorprendente alcance creativo. Sin embargo, la cuestión no es lo que la IA puede hacer, sino lo que los humanos creemos que puede hacer.
¿Trabajar con IA fomenta prejuicios hacia los demás?
De forma inquietante, parece que la exposición a la IA y la automatización también afecta nuestras actitudes hacia otras personas, especialmente hacia los extranjeros. El equipo de Waytz encontró que quienes se sienten amenazados por la IA y la automatización tienden también a mostrar actitudes antiinmigración.
Los participantes con miedo a la automatización eran más proclives a culpar a los inmigrantes del deterioro cultural
No se trata solo de competir por empleos. Es una amenaza simbólica: la idea de que el cambio social impulsado por la tecnología está alterando la identidad y los valores. En varios estudios, los participantes que temían la automatización eran más proclives a apoyar políticas migratorias punitivas y a culpar a los inmigrantes del deterioro cultural. En uno de ellos, se pidió a los participantes imaginar que un robot sustituía su trabajo: fueron más propensos a opinar que los trabajadores inmigrantes deberían ser los primeros en perder el empleo.
Los autores describen esto como una mentalidad de suma cero: la creencia de que, si la tecnología o los foráneos progresan, la población local pierde. A medida que la automatización se integra en la vida cotidiana, puede llegar a alimentar involuntariamente giros políticos. En Europa Occidental, las regiones con mayor uso de IA muestran un creciente apoyo a partidos populistas y antiinmigración, una tendencia que Waytz y sus coautores vinculan a estos miedos subyacentes.
El impacto de la IA comienza en la mente humana
Una de las preguntas más sugerentes de Waytz no tiene que ver con el hardware ni con los algoritmos, sino con la percepción. ¿Y si la idea de la IA la está cambiando la sociedad más que la propia tecnología?
La evidencia sugiere que así ocurre. Como informaba The New Yorker, los sistemas políticos se han visto transformados no tanto por lo que la IA puede hacer, sino por el miedo a que pudiera manipular elecciones. La noción de “co-conformación” (mutual shaping), procedente de los estudios sociales sobre ciencia y tecnología, sostiene que los sistemas de creencias y las normas sociales humanas influyen en el impacto de la tecnología tanto como su diseño o su uso.
Por otro lado, los usuarios pueden no darse cuenta de que la IA actúa como cámara de eco. Los motores de recomendación, los algoritmos de búsqueda y los chatbots suelen amplificar lo que ya creemos, reforzando los sesgos de confirmación en lugar de cuestionarlos. A medida que consultamos y conversamos más con máquinas, nuestros valores no necesariamente evolucionan, sino que pueden estancarse y fosilizarse en torno a nuestras propias verdades percibidas.
Nuestras creencias configuran nuestra realidad
A medida que la IA evoluciona, el mayor reto para la sociedad puede no ser técnico, sino psicológico. Aunque está claro que la IA y la automatización están modificando los sistemas de creencias humanos, la gran cuestión es si estos cambios se deben a lo que la IA realmente hace o al poder que imaginamos que tiene. Si seguimos proyectando cualidades sobrehumanas en las máquinas, puede que sean nuestras percepciones —y no la tecnología en sí misma— las que acaben impulsando los cambios más profundos en la forma en que pensamos, trabajamos y nos relacionamos unos con otros.
Imagen cabecera: Shady Sharify / Who is AI Made Of / Licenced by CC-BY 4.0
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