“Due to the lapse in federal government funding, NASA is not updating this website”
La ciencia del cambio climático ha sido clara desde hace medio siglo, pero diversos intereses han frenado la acción. Hoy, a pesar de que los registros muestran una aceleración preocupante del calentamiento global, estamos dando pasos hacia atrás.
Según la Enciclopedia Británica, ciencia puede definirse como “any system of knowledge that is concerned with the physical world and its phenomena and that entails unbiased observations and systematic experimentation. In general, a science involves a pursuit of knowledge covering general truths or the operations of fundamental laws”. Aunque siempre nos puedan decir que la ciencia puede ser revisada y que las teorías actuales pueden mejorarse, o incluso refutarse, la ciencia sienta los principios básicos para el avance humano. En principio, no hay ciencia buena o ciencia mala y todo dependerá de cómo este conocimiento sea utilizado o apropiado por alguien, o por algunos.
Llevo 35 años dando clases en Esade. Siempre he tratado de que en mis clases haya algo —o mucho— de ciencia y, por tanto, de conocimiento. Acudir a las fuentes de información correctas resulta imprescindible para ello, debe haber docenas de miles de docentes que hacen lo mismo que yo. Hace unas semanas, he de reconocer que me asusté al ver cómo en una de las páginas web de consulta obligada en mi caso, la página de la NASA (National Aeronautics and Space Administration) aparecía el siguiente mensaje de forma muy visible: “Due to the lapse in federal government funding, NASA is not updating this web page”. Unas semanas más tarde, he comprobado que se refería al cierre temporal de la administración estadounidense como consecuencia de la polarización política que allí viven y que, desgraciadamente, también vivimos en medio mundo. Aunque parece haberse arreglado, la NASA ha anunciado recortes federales muy importantes a sus programas de investigación para los próximos años, lo que también afectaría a sus programas educativos.
Las tasas de incremento de gases de efecto invernadero se han triplicado desde que empezaron las mediciones
La página en cuestión recoge datos de otra agencia estatal americana, la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration), y los pone a disposición del público y de la comunidad científica de forma gratuita con la convicción de que su amplia difusión conducirá a una mayor comprensión y a nuevos conocimientos científicos. La página en cuestión nos muestra y pone a disposición —en menos de 15 segundos si la conoces— una serie de datos medios mensuales sobre la concentración de gases de efecto invernadero en su estación de referencia, Mauna Loa (Hawaii, EEUU). La serie empieza en marzo de 1958 con 315,71 ppm (partes por millón, que responde a la cantidad de moléculas de estos gases que hay en un millón de moléculas de los componentes de la atmósfera) y termina a día de hoy, en octubre de 2025, con 428,16 ppm. Gracias a esta serie puedo saber que, desde que yo nací en octubre de 1957, el incremento de estos gases ha sido de 115 ppm. Durante casi un millón de años la Tierra apenas había pasado de 300 ppm, mientras que durante mi breve estancia en el planeta he contribuido, junto al resto de la humanidad, a aumentar esa cifra en más de una tercera parte.
Esto no es lo peor, porque las tasas de incremento de estos gases se han triplicado desde que se inició la serie, y se constata una aceleración del ritmo de aumento medio anual. Se ha pasado de un incremento de 0,8 ppm al año a inicios de los sesenta hasta los 2,7 ppm al año entre 2020 y 2025, el mayor incremento desde que comenzaron las mediciones. Cabe recordar que el objetivo del acuerdo de Paris de la UNFCCC (United Nations Framework Convention on Climate Change) es no sobrepasar 450 ppm. Si no hacemos nada por evitarlo, el ritmo de crecimiento actual implica que sumaríamos las 115 ppm acumuladas durante mi tiempo de vida en tan solo 25 años, dando lugar a una concentración de estos gases de en torno a 550 ppm. Da pánico solo el pensarlo.
Negar la evidencia
La ciencia del cambio climático no es muy compleja: cuanto más gas de efecto invernadero hay en la atmósfera, más caliente está el planeta. Quemar combustibles fósiles significa incrementar esos gases en la atmósfera y, por tanto, calentarla. Hace unos años, en estos ensayos de la plataforma Do Better, hacía referencia a una edición antigua del New York Times en la que Nathaniel Rich escribió Losing Earth: The Decade We Could Have Stopped Climate Change, una investigación donde se documenta que la ciencia del cambio climático ha sido clara desde los años setenta y cómo el obstruccionismo político y empresarial imposibilitó empezar a encontrar soluciones en aquel momento. No resulta esto muy lejano a lo que vemos en la actualidad. Es evidente que no avanzamos en el encuentro de soluciones a la misma velocidad con la que empezamos a ver las consecuencias de no hacerlo.
Debemos combatir el planteamiento de que la ciencia está manipulada y no es creíble
Aunque la ciencia es clara, sí que son debatibles las soluciones a esta realidad. Muchos abogan por reducir o eliminar la emisión de estos gases a la atmósfera por las actividades humanas lo antes posible, y ello pasa inexorablemente por cambiar modelos de negocio y alguna que otra ecuación de la geopolítica actual. Para otros, la solución estaría en invertir en adaptación, a la espera de poder realizar dentro de unas décadas la transición a otras fuentes de energía que quizás aún están por desarrollar. Existe un tercer grupo que cree que todo esto no va con ellos y opina que no se pueden permitir un cambio que, por supuesto, no ven necesario. La conferencia sobre el cambio climático de estos días, la COP 30, muestra una tendencia hacia estas dos últimas posiciones, algo muy peligroso.
A pesar de todo, lo bueno que tiene una conferencia sobre el clima como la realizada en Belém (Brasil) es que, en principio, se creó para precisamente debatir todas esas opciones y encontrar soluciones entre todos. Quizás debamos reformar algo estas conferencias, pero nunca abandonarlas. Lo realmente frustrante es que algunos renuncien de entrada a ese debate y minimicen el problema, que además sean los más poderosos y que, detrás de ese posicionamiento, se intente alimentar la idea de que la ciencia está manipulada y que, por tanto, no es en absoluto creíble.
Cuando saber más no implica actuar más
Estamos viviendo —y ojalá no sea solo el inicio de algo peor— una época paradójica. Precisamente cuando la ciencia es más clara, se están dando pasos hacia atrás sobre las soluciones a la mitigación de la crisis climática, lo que recuerda al obstruccionismo político y empresarial de hace 40 años. No quiero tampoco dejar de comentar que debemos observar la crisis climática dentro de un conjunto más grande, pues en realidad atravesamos un momento de crisis medioambiental sin paragón, tanto en temas de conservación como de contaminación del planeta en el que todos vivimos.
Desde hace 18 años realizamos una asignatura sobre políticas de cambio climático en el CEMS Master in International Management de Esade. Un curso que se da en paralelo con otras once escuelas europeas de negocios de la Global Alliance in Management Education (CEMS). En enero, la London School of Economics se unirá al grupo y tendré el honor de ayudarles. Antes de empezar, los 62 estudiantes leerán este ensayo y les introduciré a las páginas web de la NASA y la NOAA. A partir de aquí, y conociendo la ciencia que hay detrás, intentaremos comentar y debatir esas necesarias soluciones. Más tarde, doscientos estudiantes y veinte profesores nos veremos en mayo en St. Gallen (Suiza) para replicar la conferencia de cambio climático del próximo año (COP 31) en Antalya (Turquía) y, con mentalidad positiva, buscaremos las soluciones para el futuro, para su futuro.
La ciencia se ha dotado de una serie de medidas de control para que el conocimiento que genera sea real y creíble. El papel de la ciencia es el de ayudarnos a comprender nuestra realidad, a encontrar los porqués y las soluciones a los problemas a los que nos enfrentamos como sociedad. Los que tenemos ahora son demasiado complejos e importantes como para no prestarles atención; contribuir a difundir el conocimiento en el que debiera basarse la respuesta ha de ser una prioridad de la humanidad. Gracias, NASA; gracias, NOAA, por poner a nuestra disposición desde hace tanto tiempo y de manera gratuita el conocimiento que debiera guiar nuestra toma de decisiones en políticas sobre la crisis climática.
Socio-ecólogo y científico senior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (CSIC)
Ver perfil- Compartir en Twitter
- Compartir en Linked in
- Compartir en Facebook
- Compartir en Whatsapp Compartir en Whatsapp
- Compartir en e-Mail
¿Quieres recibir la newsletter de Do Better?
Suscríbite para recibir nuestro contenido destacado en tu bandeja de entrada..