¿Está pasada de moda la amabilidad en el liderazgo?

Ciertos políticos y empresarios hacen dudar de si el líder debe ser por defecto descortés, imponer su opinión o insultar al adversario. Al contrario, la amabilidad es un recurso que ningún líder debería ignorar.

Mercedes Segura

Los polémicos tweets de la actriz Karla Sofia Gascón le costaron el ostracismo de la industria y que la película que ha protagonizado, Emilia Pérez —favorita en todas las apuestas hasta ese momento—, se quedara fuera de la carrera de los Oscars. En la gala de 2025 en Los Ángeles, la actriz no paseó por la alfombra roja y se sentó separada del resto del equipo. La opinión pública la censuró masivamente durante semanas por sus juicios en las redes.  

Lo que ella escribió fue un error criticable, pero lo que vino después fue una tormenta que ha afectado a su carrera y a una buena película. Por eso el guiño que le dedicó el presentador de la gala, Conan O’Brien, tuvo especial relevancia. Hizo un chiste sobre Karla y las palabrotas que su publicista debió soltar al conocer sus tweets, y después ladeó la cabeza y dijo: “Karla is here tonight, yeah, yeah”, mientras la miraba y le aplaudía.  

La amabilidad no es solo cortesía superficial; es mostrar tu capacidad de empatizar con los demás

Fue un bonito gesto, como si le dijera al público: “Ella se equivocó, sí, pero ya ha pagado bastante, ¿por qué no ser un poco amables?”. Especialmente en esa noche, donde todo es glamour, sonrisas y felicidad, ¿qué cuesta mostrar cortesía, incluso un poquito de afecto por alguien que está solo?  

La amabilidad no es síntoma de debilidad

Puede parecer que la amabilidad sea un concepto anticuado o una muestra de debilidad ante los defectos ajenos. Vemos a líderes políticos y empresariales hablar con tanta arrogancia, con tan poco respeto por el otro, con tan poca gentileza e interés por lo que su adversario piensa y siente, que nos hace dudar de si el líder debe ser por defecto descortés, imponer su opinión, insultar al adversario, utilizar palabras ácidas sin pensar en el dolor que pueda causar.  

En España, en el ámbito político reciente, ocurre de manera continua. De un bando y de otro están deseando poner el dedo en la llaga, cuando todos tienen heridas abiertas. Es importante denunciar lo que el adversario hace mal, en eso consiste hacer oposición, pero ante el tono con que se hablan, los gestos que emplean, los rostros que muestran, y las palabras que escogen, es lícito preguntarse si han abandonado cualquier intento de diálogo constructivo.  

En el entorno empresarial, la amabilidad aumenta el bienestar emocional de los empleados y reduce el estrés

En la reciente entrevista que la ministra inglesa Jess Philips concedió tras los calificativos que le profirió Elon Musk —”disgraceful smear” (desprestigio vergonzoso) y “rape genocide apologist” (apologista del genocidio por violación)—, no escondió su dolor. Aunque esas palabras no fueran ciertas ni tuvieran base racional, la hirieron. Las palabras pueden lastimar. Las palabras cuentan.  

Este tipo de comportamientos envían un mensaje negativo sobre cómo debemos tratar a los demás. ¿Está de verdad pasada de moda la amabilidad? Basta con ver cómo reaccionó el auditorio del Dolby Theatre de Los Ángeles cuando el presentador O’Brien mencionó a Gascón: le devolvieron el gesto aplaudiendo también efusivamente, como si suspiraran aliviados. Ante tanta tensión agradecieron el guiño cordial.  

Beneficios de un liderazgo amable

Creo que estos incidentes de falta de amabilidad nos sirven como recordatorio de la importancia de cultivar estos valores en nuestra vida diaria. El público está deseando que los líderes muestren su cara amable, que piensen en cómo se siente el otro antes de actuar y que valoren cada palabra y la escojan con tiento. La amabilidad sigue siendo un pilar para construir relaciones saludables y sociedades más justas. No es solo cortesía superficial; es mostrar tu capacidad de empatizar con los demás.  

Pensemos en todas las personas que nos cruzamos día a día, y en cuántos gestos de amabilidad recibimos y entregamos y en cómo nos hacen sentir. La amabilidad se caracteriza por ser:  

  • Inspiradora y contagiosa. Puede tener un efecto multiplicador, ver a otros comportarse de forma amable nos admira y nos infunde ganas de serlo también. 
  • Constructiva. Es más fácil resolver un conflicto siendo amable que enfrentándose o siendo hostil. 
  • Gratuita e ilimitada. No es un recurso escaso, puede proliferar sin miedo a agotarse. 

En el entorno empresarial, y centrándonos en la eficiencia de la organización, la amabilidad puede ser de gran utilidad por cuanto aumenta el bienestar emocional de los empleados y por ende reduce el estrés. Todo ello redundará en la eficiencia y la productividad. Es por tanto un recurso estratégico que ningún líder empresarial debería ignorar. 

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