Capitalismo 2.0: La era del impacto

Por Xavier Pont Martin

¿Es creíble cuando el CEO de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, nos cuenta que su objetivo principal los próximos años será humanizar las nuevas tecnologías y evitar que el big data y los algoritmos nos esclavicen? ¿Es creíble cuando el presidente de Repsol, Antonio Brufau, se compromete a ser la compañía energética más sostenible del mundo, conseguir ser carbon neutral en el 2050 y medir todos sus impactos? ¿Es creíble cuando el CEO de Caixabank, Gonzalo Gortázar, nos dice que pondrá los €390 bn de activos del banco, más los €180 bn de Bankia, a trabajar por el impacto?

¿Es creíble cuando los grandes inversores internacionales, como BlackRock o Goldman Sachs –antaño sospechosos de ser los grandes especuladores mundiales–, se comprometen con lanzar fondos e iniciativas de impacto de billones de USD y de ejercer su poder en los Consejos de Administración para dejar de invertir en empresas que no cumplan con sus compromisos con el cambio climático? ¿Nos los creemos de verdad o es una operación más de impact washing, una  nueva pincelada de cosmética de cara a la galería?

Todos estos debates se produjeron en el marco del VII S2B Impact Forum, del 9 al 13 de noviembre, el congreso de referencia en economía de impacto que impulsamos desde Ship2B. Durante toda la semana, emprendedores, empresas, inversores, sector público y ONG’s debatieron sobre el nuevo capitalismo 2.0, este nuevo sistema que ya no funciona en base a maximizar el valor al accionista sino que tiene en cuenta, al mismo nivel, a la sociedad y al planeta. Se cumplen justo treinta años cuando el referente de la sostenibilidad, John Elkington, acuñó su famoso término “triple bottom-line” y parece que, por fin, se le empieza a hacer un poco de caso. ¿O será que todo es mera apariencia, como buena parte de la RSC, palabras bonitas que se las lleva el viento?

La economía de impacto tiene muchos colores:

  1. Emprendedores sociales que se convierten en unicornios de impacto y además de conseguir una valoración de $1 billón quieren también mejorar la vida de 1 billón de personas.
  2. Gestoras tradicionales de private equity y venture capital que lanzan fondos billonarios con triple impacto.
  3. Fondos de pensiones que deciden sus inversiones en función de la solidez de los criterios ESG en las empresas.
  4. Grandes fundaciones que dejan de hacer de repartidoras de donaciones y empiezan a abrigar el venture philantropy, combinando donaciones e inversión en pocos proyectos estratégicos, y midiendo sus impactos.
  5. Empresas clásicas cuya máxima prioridad fue siempre maximizar el binomio riesgo-rentabilidad y que ahora incorporan el impacto como un tercer criterio importante.
  6. El sector público contratando solo si se obtiene "éxito probado" en los programas, e inversores que se arriesgan y buscan los mejores proveedores para conseguir este éxito.

Todo esto forma parte del nuevo capitalismo de impacto 2.0, donde todos los actores trabajan en la misma dirección y se comprometen con el bienestar de la sociedad. ¿Nos lo creemos? ¿Creéis que está sucediendo? o ¿es una mera ilusión, un efecto óptico en tiempos de crisis?

Ronald Cohen, ex-CEO de Apax Partners, al que se considera el fundador de la inversión de impacto, nos muestra en su último libro (Impact: Reshaping capitalism to drive change) una avalancha de proyectos y datos que no admiten duda alguna: el cambio ya está sucediendo. El fenómeno de la inversión de impacto es aún tierno, pero el mercado se ha doblado en volumen cada año desde el 2017. ¿Cuántos mercados se doblan cada año durante cuatro años seguidos?

En el nuevo capitalismo de impacto 2.0, todos los actores trabajan en la misma dirección y se comprometen con el bienestar de la sociedad

En el 2020 se nos han manifestado de manera abrupta el cambio climático y el covid. Ha sido un año de impacto. Si no nos lo creemos ahora, ¿cuándo lo haremos?

Decía Michael Porter que el “business” mueve cinco veces más dinero que la filantropía y el Estado juntos, y parece claro que estos dos actores no están resolviendo los grandes problemas de la humanidad. Necesitamos subir al barco a otros actores como los emprendedores y las empresas.

Cohen nos dice que necesitamos movilizar $30 trillones los próximos 10 años para resolver los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, el plan que ha diseñado la humanidad para resolver sus grandes problemas pendientes. El capitalismo de impacto permite movilizar el dinero y el talento necesario para hacerles frente. De hecho, Cohen argumenta que es la única herramienta capaz de movilizar el dinero y talento suficiente. Con solamente las ONG y el Estado, no lo conseguiremos.

Children in Iceland
Contenido relacionado: 2030: Diez años para cambiar el mundo

Hoy en día la inversión de impacto representa casi $1 trillón en un mercado financiero que mueve $379 trillones, por tanto, aún queda mucho camino por recorrer. Hay que multiplicar esa cifra por treinta. Necesitamos pasar de proyectos de millones a otros de billones y trillones, y ahí es donde es tan importante conseguir la implicación de grandes actores corporativos como Caixabank, Telefónica o Repsol, o de los BlackRock o Goldman Sachs de turno. Ellos son los que mueven este volumen de recursos. 

La economía de impacto no es un asunto solamente del sector privado. La gracia precisamente son las intersecciones con otros actores como el sector público, las entidades del tercer sector o los emprendedores. Cómo diversos actores asumen diferentes riesgos para afrontar retos comunes. De ahí, están naciendo productos espectaculares como la financiación combinada (blended finance), los fondos de impacto social (social impact bonds) o los fondos por resultados (outcome funds) que permiten que estos actores se asocien en un mismo programa o producto para afrontar determinado problema social. 

La economía de impacto no entiende de colores políticos, y se combina bien con estados más liberales o más sociales

Me pregunto, ¿cuántas personas en el sector público conocen estas nuevas aproximaciones? La economía de impacto no entiende de colores políticos, y se combina bien con estados más liberales o más sociales. Ha venido a complementar, a añadir a lo que ya existe, no a sustituir a nadie. Y el rol del sector público, y su implicación activa, son determinantes para el éxito del capitalismo de impacto. Empezamos a tener casos de éxito en Reino Unido, Portugal o Canadá donde los gobiernos han apostado de manera decidida.

No existe ninguna organización que no pueda encararse hacia el impacto. Aquí no sobra nadie. Es verdad que hay organizaciones que realizan malas prácticas sociales y medioambientales, y deben ser denunciadas. Ahora bien, mi experiencia me dice que en casi todas las organizaciones hay gente buena que quiere contribuir al cambio. Y ahí incluyo a las petroleras, bancos, multinacionales de consumo, por poner algunos ejemplos. Estas grandes empresas también pueden cambiar desde dentro y hay que saberlas acompañar, sin que nos vendan humo.

Estas multinacionales, si se lo creen de verdad, pueden ser unos de los principales agentes de cambio. No podemos tolerar el impact washing que a veces practican, pero, al mismo tiempo, hay que tender la mano para que se unan al cambio. Las dos cosas a la vez. Además, no les va a quedar remedio porque las presiones que van a recibir serán fuertes por parte de inversores de impacto que se les meterán dentro de sus Consejos, consumidores que serán exigentes con su poder de compra (¿podrán las marcas competir en el siglo XXI sin ser sociales?) y el Estado que cada vez impondrá regulaciones y penalizaciones más estrictas. Por tanto, si no se lo acaban de creer, tendrán que cambiar, de todos modos, si quieren sobrevivir.

El rol del sector público, y su implicación activa, son determinantes para el éxito del capitalismo de impacto

En esta transformación tenemos que dar un salto en nuestro nivel de consciencia. Esto no va de buenos y malos. Esto no va de ideología. Esto no va de apuntar con el dedo y ponerse siempre en el lado de los míos. Esto va de remar todos juntos en la misma dirección.

Todas las organizaciones tienen contradicciones. Tomemos, por ejemplo, a Glovo, una startup que tiene tantos fans como detractores. Para mí, Óscar Pierre es uno de los emprendedores más inspiradores que existen en España, he conocido pocas personas con su visión y capacidad de ejecución. ¿Es Glovo una startup innovadora que da oportunidades a personas sin trabajo? Mucha gente no lo ve claro. Según muchos, Glovo funciona con un ejército de "falsos autónomos" y condiciones precarias. Por tanto, ¿es Glovo una startup que promueve la gig economy, la precariedad absoluta? ¿Qué pensáis? ¿Es una empresa que está generando trabajo basura y se aprovecha del sistema, o es una empresa moderna que ha generado oportunidades para personas que estaban con dificultades? Una pregunta con doble cara. ¿Glovo tiene que ser buena o mala? ¿Solo existen estas opciones?

Glovo delivery
Glovo ha doblado su apuesta social y está tejiendo grandes alianzas con todo el sector sanitario y social (Foto: A. Blokhin/Getty Images) 

Desde hace un tiempo, Glovo se ha convertido en un agente clave para distribuir medicinas y todo tipo de productos de primera necesidad en los domicilios. Están haciendo cientos de acuerdos con ONG’s para que pueda interactuar con sus beneficiarios. Glovo ya es un unicornio con una valoración superior a $1bn.

Recientemente la autoridad laboral les ha exigido extender un contrato laboral a todo su ejército de glovers. Los consumidores tenemos un servicio excelente (podemos pedir cualquier cosa o comer de nuestro restaurante preferido, y pagamos apenas unos pocos euros, ¿cómo se consigue?). Con los cambios legislativos y la presión de los inversores sobre la rentabilidad, ¿podrá Óscar Pierre sostener su empresa? En tiempos de covid, Óscar ha decidido doblar su apuesta social y está tejiendo grandes alianzas con todo el sector sanitario y social, ¿por qué lo hace?, ¿qué le mueve? También está en el camino de la sostenibilidad con infinitud de iniciativas para ser un operador logístico verde. ¿Es Glovo una buena o una mala empresa? ¿Qué pensáis? ¿Puede Glovo formar parte de la economía de impacto?

En casi todas las organizaciones hay gente buena que quiere contribuir al cambio

"Lo que no se mide no vale para nada", dijo Antoni Brufau, presidente de Fundación Repsol, en el cierre del VII S2B Impact Forum. En la medición del impacto está la clave del éxito. Y, a día de hoy, se mide poco y mal. Hay mil metodologías diferentes para valorar los impactos sociales y medioambientales, y las empresas presentan unas memorias que solo entienden ellas, y que se escriben como una mera herramienta de marketing y reputación. Esto no sirve.

Necesitamos estándares internacionales como el que se está gestando con el Impact Management Project (IMP). Necesitamos una "nueva contabilidad" que no solo tenga en cuenta los apuntes financieros, sino también los sociales y medioambientales, como la que se está elaborando en Harvard con las Impact Weighted Accounts (IWA). Necesitamos auditorías de impacto como las que hacen los Deloittes o PwC de turno para las cuentas anuales.

Necesitamos también que los incentivos a los equipos de las empresas tengan en cuenta el impacto social y medioambiental, al mismo nivel que el performance financiero. Solo entonces, cuando midamos de verdad los impactos, conseguiremos que las empresas y sus CEOs funcionen con una lógica de triple rentabilidad.

Cuenta Ronald Cohen que en el siglo XX estuvimos cincuenta años para aprender a manejar el riesgo, hasta que, por fin, lo dominamos. Hoy en día, no hay inversión que se haga en los mercados financieros que no tengan en cuenta los ratios de riesgo. Lo mismo, por tanto, tiene que suceder con el impacto. ¿Creéis que lo conseguiremos?

Todo el contenido está disponible bajo la licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.