Informe Draghi: Lecciones para la descarbonización de Europa
Existe un gran desajuste entre los objetivos de transición energética de la UE y los medios con que se pretenden alcanzar. El reciente Informe Draghi arroja luz sobre los aspectos que han de mejorar.
Que la sede de la COP se ubique en Estados cuya principal fuente de ingresos son los combustibles fósiles (Emiratos Árabes Unidos en la COP28, Azerbaiyán en la COP29) o que el discurso inaugural de esta última sea ocasión para que el anfitrión ataque al presidente de Francia, país que en 2023 aportó a los países en desarrollo 7200 millones de euros en financiación climática, plantea dudas sobre la adecuación de la organización de estas conferencias a sus objetivos proclamados.
Un desajuste que también observamos entre los objetivos de la Unión Europea en muchos ámbitos y los medios articulados para alcanzarlos, según el informe sobre la competitividad de Europa presentado por el profesor Mario Draghi el pasado 9 de septiembre.
La falta de competitividad europea —traducida, por ejemplo, en que desde el año 2000 la renta per cápita disponible ha crecido casi el doble en los EEUU que en la UE— es, a juicio del ex primer ministro italiano, un reto existencial. Al punto que, si no se logra revertirla, no seremos capaces de financiar nuestro modelo social. Dar la vuelta a esta situación exige un cambio radical en tres áreas claves para reavivar el crecimiento:
- La primera, y la más importante, cerrar la brecha de innovación con EEUU y China, especialmente en las tecnologías avanzadas.
- La segunda, aplicar un plan conjunto para la descarbonización y la mejora de la competitividad.
- Y la tercera, incrementar la seguridad y reducir las dependencias, tanto de las cadenas de suministros como en materia de defensa.
La descarbonización, objetivo común de la COP29 y del segundo apartado del Informe Draghi es, en sus propias palabras, una necesidad para la humanidad y una oportunidad para Europa. Pero también advierte que, si no coordinamos nuestras políticas, puede volverse contra nuestra competitividad y crecimiento.
Un mercado energético averiado
Las reglas del mercado energético europeo, así como la fiscalidad, las actividades financieras asociadas y la estrategia industrial son las áreas en que se reclama este cambio radical. Un mercado en que el sistema de fijación de precios da un resultado entre 3 y 5 veces más caro que el de nuestros competidores en China y EEUU, puesto que se establece en función de la fuente de generación más cara. Esta fuente es normalmente el gas, que no producimos y, por tanto, no controlamos, y que además suministra sólo a una parte minoritaria de la demanda (en 2022 suministró el 23 % y casó el precio para el 67 %). Por todo ello, no parece el sistema más adecuado.
Sin embargo, en la reforma del mercado interior de la electricidad —objeto de negociación durante dos largos años y acordada por el Parlamento europeo y el Consejo en junio de este año— este sistema se mantiene como esencial. Se trata de un mercado mayorista conocido como mercado spot que se rige por el precio marginal, que es el precio más alto aceptado para acabar de satisfacer toda la demanda. Pues bien, el Informe Draghi propone su sustitución por contratos de compraventa de energía a largo plazo (PPAs) y contratos por diferencia (CFDs) en que se fija un suelo y un techo para los precios. Con el suelo se evita la canibalización de precios en momentos de muy alta producción renovable en los que llegan a situarse en cero o por debajo de cero, mientras que el techo provoca que lo que exceda del límite fijado en las subastas revierta en el conjunto de los consumidores. De este modo, el mercado mayorista quedaría relegado a una función de balance para enviar señales a los inversores, tal como había propuesto la representación española en la negociación.¹ Si la introducción de estos cambios logra reducir el precio de la energía a los niveles que maneja EEUU, el PIB europeo incrementaría en un 1 % anual, la mitad de lo que necesitamos para luchar contra el calentamiento global.
El informe aboga por una regulación del mercado energético que limite la posibilidad de conductas especulativas
Por otro lado, en cuanto a la fiscalidad sobre la energía, que proporciona cuantiosos recursos a los presupuestos de los Estados miembros (en España, por ejemplo, el IVA puede llegar al 21 % y el impuesto especial sobre la electricidad puede alcanzar el 5,11 %), planteo la siguiente pregunta: gravar un coste de producción, la energía, esencial para promover el crecimiento, ¿es inteligente? Una pregunta tajante, con un punto de ironía no disimulada, que el propio informe reproduce cuando se refiere al “trading” financiero que permiten los precios volátiles, con grandes oscilaciones a lo largo de períodos del mismo día (fruto de la intermitencia de las renovables, solar y eólica), de manera que las puntas y valles de generación y consumo pueden coincidir o no. Un trading que ha permitido que, en cinco años, los beneficios declarados por las pocas empresas que concentran la mayor parte del mercado hayan pasado de 100 a 5000 millones de euros anuales. En palabras del profesor Draghi, pronunciadas en la sede de la Agencia Internacional de la Energía (IEA): una gran concentración y ninguna supervisión, díganme ustedes, ¿qué produce? De ahí que abogue por una regulación que limite la posibilidad de conductas especulativas, planteando incluso una supervisión europea de estas actividades.
Me alegra comprobar que, siquiera modestamente, desde la Facultad de Derecho de Esade trabajamos por ofrecer formación en derecho de la energía y sector eléctrico que parte del convencimiento que el energético es un sistema complejo, en que los condicionantes tecnológicos y económicos conforman la realidad social del tiempo en que hay que aplicar las normas. Es la realidad, no los apriorismos ideológicos, la que debe presidir la interpretación del Derecho.
La crisis de la automoción
No quisiera cerrar este artículo sin dedicar un breve espacio a la automoción, sector clave en la descarbonización que ha copado el primer puesto de inversión en I+D en Europa durante décadas y ha sido estandarte de su potencia manufacturera, ahora en crisis frente a la producción de China y de EEUU. Fijar ambiciosos objetivos de sustitución del vehículo de combustión por el eléctrico, pero sin haber hecho el mismo esfuerzo en cambiar la cadena de producción, es un ejemplo paradigmático de la falta de una estrategia industrial. Estrategia que, como menciona el informe, ha de combinar múltiples políticas: las fiscales para alentar la producción interna, las comerciales para penalizar las conductas anticompetitivas, o la exterior para asegurar las cadenas de suministro.
Reimpulsar la cooperación
En conjunto, me parece que Draghi tiene muy en cuenta que la cooperación entre Estados regida por reglas internacionales y el comercio con pocas barreras, que hasta ahora han sido la mejor forma de sacar de la pobreza a una parte significativa de la humanidad y dotarnos de seguridad y estabilidad, no son hoy los instrumentos que acaparan más titulares. Frente a ello, revitalizar el proyecto europeo con mucha más coordinación en sus políticas traerá resultados positivos en términos de crecimiento y situará Europa en posición de impulsar esa aproximación a la cooperación, eliminando barreras y generando esperanza colectiva dentro y fuera de nuestras fronteras.
[1] Para profundizar: Bartlett Castellá, Enric R. (2024) El funcionamiento del mercado interior europeo de energía en una encrucijada: entre la competencia y la intervención pública. En Carpi Martín, Rebeca; Ginès i Fabrellas, Anna; Avogaro, Matteo (Eds.), Treinta años de la Unión Europea: una visión desde el derecho. Tirant Lo Blanch.
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