Por Eugenia Bieto

Mujeres trabajando en un laboratorio en 1918 (Foto: George P. Lewis)

Ellas solas es el título de un libro escrito por Virginia Nicholson, una autora inglesa conocida por sus obras sobre la historia de las mujeres en la primera mitad del siglo XX.

Sus protagonistas son algunas de los dos millones de mujeres que perdieron a sus maridos en la Primera Guerra Mundial y que vieron truncados sus sueños. Habían sido educadas con la única finalidad de convertirse en esposas, madres y amas de casa, pero, de repente, se encontraron en un mundo diferente.

Sin embargo, lograron sobrevivir, aprendieron a ser independientes y consiguieron reinventarse. Para ello, tuvieron que estudiar, trabajar, crear sus propias redes informales y poner en marcha pequeños negocios, solas o en grupo.

La historia está llena de heroínas anónimas en todo el mundo que han tomado las riendas de su futuro

Sin saberlo, aquellas mujeres estaban iniciando en Europa un nuevo camino, el de la conquista por ser dueñas de sus propias vidas.

La historia está llena de heroínas anónimas en todo el mundo que, ya sea por necesidad o por rebeldía, han tomado las riendas de su futuro y han luchado por conseguir un mundo igualitario, en el que ellas tengan los mismos derechos que ellos.

Esta ambición por lograr el equilibrio de género en el mundo, que parece lógica y de justicia, resulta aún una utopía si nos fijamos en lo que sucede en muchos lugares del mundo y radiografiamos la presencia de las mujeres en ámbitos como la economía, la ciencia y la cultura.

Por ejemplo, solo 30 de las 600 mayores empresas europeas cotizadas cumplen con el objetivo de la paridad. Además, comparando los niveles salariales de hombres y mujeres en puestos de responsabilidad similar, las mujeres en España cobran todavía un 12,2 % menos por término medio que los hombres.

Solo 30 de las 600 mayores empresas europeas cotizadas cumplen con el objetivo de la paridad

Por último, a pesar de que en las últimas décadas las mujeres han accedido mayoritariamente a la formación universitaria, solo representan el 28 % del total del personal investigador en el mundo.

Podríamos seguir aportando datos similares en distintos campos; encontraríamos la misma realidad. De hecho, se afirma que, si extrapolamos el ritmo de avance de las últimas décadas, una niña que naciera hoy tendría que vivir más de 200 años para conseguir los mismos derechos y oportunidades que un niño.

Las personas, hombres y mujeres, que estamos especialmente sensibilizados con estas cuestiones, sabemos que podemos acelerar este proceso, y que cada uno de nosotros tiene, en su esfera de responsabilidad, capacidad para convertirse en agente y acelerador del cambio.

Siempre he defendido que la educación, ya sea primaria, secundaria, profesional o universitaria, es uno de los actores sociales más importantes para que las cosas, en general, cambien.

Una niña que naciera hoy tendría que vivir más de 200 años para conseguir los mismos derechos y oportunidades que un niño

En este marco, las escuelas de negocios hemos de dar un paso al frente y asumir nuestras responsabilidades. Hace un par de años, Patricia M. Flynn, exdecana de la escuela de negocios de Bentley University, titulaba una conferencia de una manera un tanto provocadora. Se preguntaba: “¿Están las escuelas de negocios ayudando a reducir el desequilibrio de género o no? “.

Después de recordar que las escuelas de negocios somos las mejores posicionadas para ayudar a aumentar la representación femenina en puestos de liderazgo, exponía una serie de realidades: si bien más de la mitad de los alumnos de los grados en Administración de Empresas son mujeres, esta proporción baja al 35 % en los programas de MBA y es inferior en los programas dirigidos a directivos con cargos de alta responsabilidad.

Además, en 2017, solo el 20 % de los decanos eran mujeres.

Esade MBA students
El programa de MBA en Esade está comprometido con la diversidad de género (Foto: Esade)

A todas las personas que nos movemos en el mundo de la formación en management, estas cifras deberían movernos a actuar.

De entrada, deberíamos introducir, con una cierta urgencia, la perspectiva de género en todas nuestras líneas de actividad; es decir, en la formación, en la investigación y en el debate social. Algunas medidas podrían ser las siguientes:

  1. Invitar a más mujeres directivas a las aulas para que expliquen sus experiencias y puedan ser modelos de referencia para las alumnas.
  2. Aumentar la producción de casos en que la persona que toma una decisión estratégica sea una mujer; menos del 30 % de los casos que se utilizan en el aula cumplen hoy en día con esta premisa.
  3. Diseñar programas específicamente dirigidos a directivas.
  4. Establecer líneas de becas para mujeres en programas donde su presencia sea menor.
  5. Hacer investigaciones rigurosas sobre el fenómeno del desequilibrio de género, analizando sus causas, y, sobre todo, proponiendo soluciones.
  6. Ofrecer programas dirigidos a jóvenes preuniversitarias para acercarlas al mundo del liderazgo. 
  7. Proponer programas de mentoring dirigidos a las alumnas.
  8. Colaborar estrechamente con las empresas que buscan talento en las escuelas de negocios para fomentar el acceso de las mujeres a todos los puestos y en todos los sectores, especialmente en aquellos en que existen importantes barreras de entrada para ellas.
  9. Activar la red de antiguos alumnos para crear comunidades de aprendizaje y relación. 
  10. Aplicar políticas de igualdad y diversidad en la propia escuela, para aumentar el porcentaje de mujeres en los órganos de gobierno y en los distintos niveles de responsabilidad, así como promover la igualdad salarial.

Si todas las escuelas de negocios del mundo empiezan a caminar en esta dirección, seguramente lograremos acelerar el proceso hacia una igualdad real. En Esade, lo estamos intentando con dos iniciativas complementarias: la Esade Women Initiative y el Club WE Esade Alumni.

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