España quiere participar en la gran partida de los chips

Los chips son la materia prima que está presente en casi todas las herramientas de la vida moderna. Mientras la digitalización se acelera y la demanda de chips aumenta, la UE y España hacen planes para mantenerse al día.

Equipo Do Better

Una de las consecuencias persistentes de la pandemia de Covid que posiblemente no haya calado en la conciencia colectiva es la escasez de semiconductores en todo el mundo

Los confinamientos, con el consiguiente teletrabajo y las relaciones sociales a distancia, provocaron un aumento pronunciado de la demanda de dispositivos electrónicos para mantener a la gente conectada. Pero incluso antes de que la pandemia obligase a la gente a quedarse en casa, el rápido ritmo de la digitalización ya había provocado un enorme aumento del uso de las tecnologías y, con ello, de los componentes necesarios para hacerla funcionar. 

El chip semiconductor es un elemento diminuto pero esencial que está en todos los dispositivos electrónicos, desde controles remotos hasta transbordadores espaciales.  

“En estos momentos, probablemente estés utilizando unos 150 chips en tu vida”, comenta Xavier Ferràs, decano asociado del Executive MBA de Esade. “Y el COVID-19 ha sido una especie de máquina del tiempo, ya que nos ha situado en 2031 en términos de digitalización. Lo que debería haber pasado en 10 años, ha sucedido en 10 meses. El mundo se ha hiperdigitalizado. La demanda se ha disparado de forma repentina, requerimos comunicaciones constantes para hacer videoconferencias, queremos tener banda ancha y 5G”. 

“Además, ha habido muchos sectores que se han incorporado recientemente a la transformación digital, como el del automóvil, cada vez más conectado y repleto de dispositivos electrónicos. En otros ámbitos, como la biotecnología y la medicina, también se utilizan cada vez más datos, lo que da lugar a un consumo masivo de semiconductores”. 

Escasez mundial de chips 

Sin embargo, no se ha producido un aumento de la producción para satisfacer la demanda, y esto es un problema que podría devolvernos a años oscuros, según Ferràs: “Sin semiconductores, Europa puede volver al paleolítico”, afirma. 

No es posible inventarse una fábrica de semiconductores de un día para otro”, continua. “Poner en marcha una capacidad productiva requiere una gran inversión de capital, proveedores especializados y también profesionales muy especializados. Por lo tanto, no es posible absorber las fluctuaciones de la demanda”. 

Los líderes mundiales están al tanto de este problema y lo están abordando. Actualmente, en torno al 85% de la producción de semiconductores está centralizada en Taiwán y Corea del Sur, pero tanto Estados Unidos como Europa han introducido legislación para invertir en la fabricación nacional de semiconductores. 

En Estados Unidos, la Ley de CHIPS y Ciencia de agosto de 2022 se comprometió a destinar 280 mil millones de dólares EE. UU. a la industria. Mientras que la Ley Europea de Chips, aprobada por el Parlamento Europeo y el Consejo Europeo en abril de 2023, tiene el objetivo de duplicar la producción de semiconductores hasta llegar a un 20% del mercado mundial de aquí a 2030 gracias a una inversión de 43 millones de euros de inversión público-privada. 

Entre los objetivos de la ley está la creación de centros de excelencia investigadora e instalaciones de fabricación de vanguardia que se beneficiarán de licencias más rápidas para ayudarles a acelerar el paso del laboratorio al mercado. 

El plan de España para la industria de los chips 

España ya ha hecho unos progresos considerables poniendo en marcha su propia estrategia por lo que se refiere a los chips. En mayo de 2022, El Consejo de Ministros aprobó el plan PERTE de microelectrónica y semiconductores como parte de las medidas más amplias del PERTE (Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia)

El plan español se desarrollará en torno a cuatro objetivos estratégicos: el refuerzo de la capacidad científica, la estrategia de diseño, la construcción de plantas de fabricación y la dinamización de la industria de fabricación TIC. El plan se beneficiará de 12 millones de euros de inversión pública y se creará un comisionado especial para la gobernanza del PERTE con la finalidad de asegurar la coordinación y efectividad de los ministerios que participan en el proyecto. 

España está marcando el camino, pero la tarea es demasiado ingente para recaer en un solo país, comenta Ferràs. “Ningún país puede desarrollar la cadena de valor de los semiconductores por sí solo”, afirma.  

“Se trata de un sector que tiene un valor tecnológico extremadamente alto, en el que se realizan inversiones en I+D astronómicas y que además se puede ubicar en cualquier lugar del mundo en el que haya talento y exista un marco institucional favorable. Y todo eso no puede hacerlo una sola empresa, ni siquiera un país. Hace falta todo un continente”. 

Un producto geopolíticamente sensible 

Enrique Rueda-Sabater, investigador sénior de EsadeGeo, se muestra de acuerdo. Pero advierte que limitarse a aumentar la capacidad de la producción nacional puede no ser suficiente para sofocar las posibles disputas políticas. 

“Las reservas de los elementos de tierras raras (REE) y otros componentes esenciales para fabricar los semiconductores se concentran en unos pocos países”, explica. “Se estima que el 80% de las reservas de REE se encuentra únicamente en cuatro países: China, Vietnam, Brasil y Rusia”. 

“Las implicaciones de la pandemia solapadas con los efectos colaterales de la invasión de Ucrania por parte de Rusia ilustran de forma profética cómo las tecnologías digitales pueden convertirse en un arma geopolítica. El resultado de la concentración e interdependencia de los semiconductores en las cadenas de suministro mundial es que en ellas se pueden encontrar más de 50 puntos principales en los que una sola región cuenta con el 65% o más del suministro mundial total”. 

“Nuestra demanda de productos y servicios que consideramos cada vez más esenciales para la actividad diaria aumenta, por lo que la omnipresencia de esas vulnerabilidades significa que prácticamente ninguna empresa puede eludirlas. El radar estratégico y los sistemas de alerta temprana de empresas y países deberían vigilar su evolución”. 

Y aunque el plan PERTE español, cuyo objetivo es descongestionar este cuello de botella, es un hito para la innovación, Xavier Ferràs advierte que no conviene caer en la autocomplacencia. 

“Son buenas noticias”, reconoce. “Los vientos de la política industrial están soplando. Pero no podemos dormirnos en los laureles. ¿Seguiremos manteniendo el impulso tomado cuando se acaben los fondos europeos? Necesitamos contar con un plan estratégico nacional de semiconductores hasta 2040 como mínimo, uno que disponga de prepuestos claros y esté protegido del poder político”. 

“Un acuerdo en el que participen organizaciones empresariales, sindicatos, cámaras de comercio, universidades y escuelas de negocios, como mínimo. No permitamos que nadie se desvíe del camino que se ha empezado a trazar”. 

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