Fin de la COP28: Una dosis de realidad
La COP28 llega a su fin sin establecer una fecha para el abandono de los combustibles fósiles. ¿Por cuánto tiempo podremos seguir en esta burbuja en la que nos creemos protegidos?
Hace casi cien años, James Hilton publicó el libro Horizontes perdidos, el cual se haría famoso por su adaptación cinematográfica. El libro daba nombre a Shangri-La, un lugar en medio del Himalaya donde se encontraba la sociedad perfecta, una sociedad que lograba vivir imperecederamente, en paz y armonía consigo misma. Siempre he pensado en Shangri-La como metáfora para introducir el concepto de ‘burbuja’ en el que nuestra sociedad parece vivir. Evidentemente, no nos parecemos en nada a Shangri-La, pero sí creo que tenemos en común la idea de creer como sociedad estar protegidos de casi todo. Ello, no obstante, tiene sus límites, siendo la crisis global medioambiental uno de los más claros.
Hablando de esta crisis, la Conferencia de las Partes de este año sobre el Clima, la COP28, no ha sido muy diferente de la del año anterior en Sharm el-Sheij. Y no solo por realizarse las dos en petro-Estados, sino también por sus dos focos básicos en los que se esperaban mejoras consistentes y avances en sus resultados: los fondos de compensación por daños y pérdidas a los países más vulnerables y el establecimiento de un límite temporal (abandono) del uso de los combustibles fósiles en la economía global.
El paquete financiero aprobado para el fondo por daños y pérdidas —en cualquier caso, inferior al necesario— dejó en los primeros días de la conferencia un mensaje muy positivo. Conviene no obstante recordar que aún estamos muy lejos de cumplir con otros pactos de financiación establecidos en anteriores COPs para soluciones climáticas de adaptación y mitigación, y que, además, muchos países comprometen amplios recursos financieros a los presentes conflictos bélicos, lo que imposibilita dedicar mayores fondos a otras urgencias, que aún parecen ser sólo importantes en el medio o largo plazo.
Organizaciones poderosas como la OPEP están en contra de establecer una fecha para el abandono de combustibles fósiles
El fin del uso de los combustibles fósiles se volvería a convertir en el objetivo más preciado de la COP28 (y van ya unos años hablando de lo mismo) lo que dejó en segundo plano otros puntos que también son de vital importancia: gestionar los riesgos de adaptación a algo que es ya más que predecible; acelerar la innovación tecnológica y extender su uso a terceros países; resolver la relación con la naturaleza en temas de alimentación, agricultura, y uso de la tierra y el agua; gestionar problemas relacionados con las migraciones y la justicia climática, etc.
Es evidente que sin el abandono de los combustibles fósiles no hay solución a la crisis climática. Sin embargo, algunos actores entienden que ese abandono condicionaría la economía global y que ponerle fecha sería actuar irresponsablemente. Nadie parece saber cómo hacerlo y, además, organizaciones muy poderosas como la OPEP se posicionan en contra del concepto abandono con fecha fijada de antemano, encontrándose más cómodos en la postura de una reducción progresiva. En definitiva, hay demasiada inercia en el sistema.
Algo no está funcionando
Al final, la COP28 ha mostrado avances, pero no son suficientes. “Yes, we have made progress but, we still have a lot to do”, decía el Sultan Ahmed al Jaber —presidente de la COP28, ministro de Industria de Emiratos Arabes Unidos y consejero delegado de la empresa nacional de petróleo y gas de Dubai (ADNOC)— al final de la COP28, algo que, de una u otra forma, viene siendo un clásico en estas conferencias. En relación a los combustibles fósiles, se confía y documenta que se efectuará una progresiva eliminación ("transición", como aparece reflejado en el acuerdo final) en base a las evidencias científicas que promovieron el Acuerdo de Paris, pero esto no es nuevo y el acuerdo final parece claramente insuficiente.
Además, existen indicios que demuestran que hay algo que no está funcionando, pues la eliminación progresiva de los combustibles fósiles que promueve la COP28 no se alinea con otros informes internacionales. El Departamento de Energía de Estados Unidos, en su informe global anual para la energía de este año, señalaba que las emisiones mundiales de CO2 relacionadas con la energía procedentes del consumo de combustible fósiles aumentarán en los próximos 30 años en la mayoría de los escenarios analizados, y con ello las concentraciones de gases de efecto invernadero (GHG’s).
El acuerdo final de la COP28 parece claramente insuficiente
Con lo mostrado en este informe, descargando los datos de la NASA sobre concentraciones de GHG’s y temperatura —datos que son públicos y trasparentes— y una simple hoja de cálculo, la gráfica que se obtiene nos lleva a un escenario en el que cruzamos el límite aceptable (450 partes de GHG’s de volumen del aire por cada millón de unidades de dicho volumen) alrededor del 2035. Hacia el 2040, incluso antes, estaríamos cruzando los 1.5º de incremento de la temperatura global respecto a los niveles preindustriales del que tanto hemos hablado, lo que condicionaría (y mucho) que podamos traspasar los 2ºC tan sólo cinco años después. Toda una dosis de realidad.
Más allá de las desafortunadas declaraciones del presidente de la COP28 en los meses anteriores a esta sobre la falta de evidencia científica en la relación entre el uso de combustibles fósiles y la concentración de GHG’s en la atmósfera (¡menudo disparate!), no hay duda alguna que acelerar la descabornización de la economía es la base para la transición energética. Se habla de triplicar la energía de fuentes renovables para el 2030 y aumentar el máximo posible la eficiencia energética: objetivos que se consideran realistas y necesarios, aunque aún haya que implementar una buena dosis de nuevas políticas y convencer de la necesidad de que ‘todos’ seamos conscientes y trabajemos en ello.
Salir de la burbuja
Es ese ‘todos’ —porque siempre existirán negacionistas del clima, así como hay personas que aún creen que la Tierra es plana— de lo que deseo escribir al final. De nuevo podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío, pero, sobre todo, debemos aceptar nuestra dosis de realidad. Primero, en la crisis climática y segundo, en algo incluso mayor: la crisis global socioambiental del planeta que puede hacer reventar nuestra famosa ‘burbuja’. Abandonar esa falsa idea de protección, desarrollando comportamientos visibles que puedan generar soluciones al problema en la búsqueda de una nueva economía global, también debiera formar parte de esa nueva dosis de realidad.
La crisis global socioambiental puede hacer que reviente la burbuja en la que vivimos
Escribíamos hace un tiempo que la naturaleza y su funcionamiento no es un supermercado al que ir a buscar nuestros recursos existenciales o a donde ir a disfrutar cuando nos apetece (“Human and Nature”), sino que debemos entender que nosotros somos parte de esa naturaleza y debemos vivir en ella de una forma geoética y racional (“Human in Nature”). La única solución posible es que, aquellos que hemos contribuido a crear esa crisis global seamos capaces de reaccionar, entender que lo que hacemos es la causa del cambio climático, y solucionarlo, cada cual dentro de sus posibilidades.
Da igual que usted sea de izquierdas o de derechas, creyente o no creyente, del Barça o del Madrid… o que no le guste el futbol. Da igual, esto nos afecta a todos. Todos debemos contribuir a solucionar el problema. Primero, reduciendo nuestro consumo energético, muchas veces desorbitado. Segundo, cambiando el sistema energético de nuestras casas y empresas —su electricidad puede salirle mucho más barata de lo que piensa produciendo su propia energía, y en muchas ocasiones, sin coste alguno—. Además, no podemos permitirnos tener tantos tejados de empresas y comercios despejados, sin placas fotovoltaicas, siendo que después tendremos que planificar donde colocar de forma efectiva las nuevas centrales renovables que necesitamos. Tercero, evitando substituir un problema por otro, pues muchas soluciones en energías renovables están degradando o van a degradar aún más la biodiversidad, algo que también es inaceptable. Y cuarto, abandonando de una vez nuestra ‘burbuja’, nuestro particular lugar en medio del Himalaya. La solución que nosotros adoptemos debe contribuir a generar una espiral de cambio hacia un mañana sin emisiones, al menos en lo que se refieren a las que proceden del consumo energético y la movilidad. Y otro día ya hablaremos de la protección de la biodiversidad.
Abandonando nuestra ‘burbuja’, muchos debemos convertirnos en embajadores globales para propulsar un cambio de comportamiento en nuestra sociedad. Esperemos entonces a la COP29 para tener mejores noticias. Mientras tanto, actuemos, pues el mañana es incierto y la realidad, extremadamente dura.
Socio-ecólogo y científico senior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (CSIC)
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