Poder, orgullo y peligro: La gestión de los narcisistas en el entorno laboral

En tiempos de incertidumbre, los líderes seguros de sí mismos ascienden rápidamente, a menudo a costa de la cohesión y la ética del equipo. ¿Cómo gestionar su energía sin alimentar su ego?

Equipo Do Better

"Solo yo puedo arreglarlo". Con estas palabras, Donald Trump, al aceptar la nominación republicana en 2016, se posicionó no simplemente como candidato, sino como la solución única a los desafíos de Estados Unidos. Esta declaración personifica un estilo de liderazgo caracterizado por una confianza suprema en uno mismo y una férrea creencia en la infalibilidad personal. Estos rasgos son emblemáticos de los líderes narcisistas que, en tiempos de incertidumbre, suelen ascender a puestos de poder.  

Figuras como Trump y el ex primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, que dijo célebremente: "No hay nadie en la escena mundial que pueda competir conmigo", ejemplifican este fenómeno, en el que la asertividad y el carisma pueden eclipsar la colaboración y la humildad.  

Este patrón no se limita a la política; en los entornos empresariales, las personas que muestran rasgos similares ascienden con frecuencia a puestos de liderazgo, especialmente cuando las organizaciones buscan una orientación decisiva en medio del caos.  

Parece que atravesamos una época hecha a la medida del narcisista. Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí y, lo que es más importante, cómo gestionamos las consecuencias? 

Cuando el carisma se une al caos

Los líderes narcisistas tienden a prosperar en tiempos de incertidumbre. Según un estudio de Yuqi Liu, Laura Guillén y François Collet, de Esade, las personas buscan de forma natural un liderazgo fuerte y decisivo en periodos de inestabilidad. Los narcisistas, que proyectan confianza y dominio, son más atractivos en estas circunstancias. La literatura académica muestra que los narcisistas presentan rasgos como la asertividad, la ambición y la intrepidez, cualidades que suelen asociarse a los modelos de liderazgo tradicionales. 

Los narcisistas suelen encarnar lo que la psicología organizativa denomina "agencia": parecen motivados, poderosos y seguros de sí mismos. Esto les ayuda a ascender rápidamente. Pero existe un enigma: los mismos rasgos que ayudan a los narcisistas a ganar poder a menudo socavan a los propios equipos que se supone que deben liderar. La arrogancia, la hostilidad y el desprecio de un líder narcisista suelen provocar la frustración de sus subordinados y un rendimiento inferior del equipo. 

La tríada oscura y una tormenta perfecta

El narcisismo forma parte de la denominada "tríada oscura" de los rasgos de la personalidad, junto con el maquiavelismo y la psicopatía. Juntos, estos rasgos describen a individuos manipuladores, despiadados y carentes de empatía. Y, sin embargo, las sociedades y organizaciones sometidas a presión pueden recompensar sin darse cuenta exactamente estas características. 

Según la investigación de Laura Guillén, las crisis -ya sean económicas, políticas o culturales- pueden allanar el camino a líderes más inmersos en su propio estatus que preocupados por el bien colectivo. Estos líderes prosperan en la incertidumbre, explotando la desestabilización para ayudarles a conseguir sus propios objetivos. 

A nivel social, los líderes políticos narcisistas pueden incluso desafiar normas éticas más amplias. Guillén escribe que los ataques políticos a las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) pueden legitimar comportamientos interesados en las organizaciones. En estos entornos, las personalidades más agresivas ascienden, la toma de decisiones éticas se erosiona y solo las voces más fuertes se imponen a las demás. En este sentido, se ha visto ya cómo el retroceso en DEI  de la administración Trump iniciativas ha provocado que empresas incluso tan poderosas como Amazon renieguen de sus promesas sobre DEI a la hora de contratar.  

En el mundo empresarial, empresas como Enron y Lehman Brothers fracasaron, en parte, debido a una cultura corporativa tóxica compuesta por individuos poderosos, agresivos y egoístas. Los jefes de empresa que emulan a los líderes políticos narcisistas aceptando un estilo dominante acaban por extinguir la toma de decisiones ética, la responsabilidad y, en última instancia, la estabilidad a largo plazo de su organización. 

Cuando el jefe es un volcán

Para los que están sobre el terreno, trabajar bajo las órdenes de un líder narcisista suele ser como vivir cerca de un volcán activo. "Su presencia es imponente, genera movimiento e irradia energía", afirma Marga Martí Ripoll, profesora titular de Esade. "Pero si no se contienen sus límites, pueden entrar en erupción y devastar su entorno". 

Un jefe narcisista suele buscar la admiración constante, domina las conversaciones y se resiste a las críticas. Pueden dominar al equipo, llevarse toda la gloria por las ideas de los demás y tratar el desacuerdo como un ataque personal. Cuanto más les desafían los demás, más agresivos se vuelven. Y, sin embargo, bajo la bravuconería suele esconderse un ego frágil, impulsado por la inseguridad y el miedo al rechazo. 

¿Qué pueden hacer los trabajadores y las organizaciones? 

Cómo tratar a un líder narcisista

Aunque los pacifistas quieran evitar a sus jefes volcánicos y los activistas prefieran enfrentarse directamente a ellos, los estudios sugieren un enfoque más estratégico. La clave está en canalizar sus rasgos de forma productiva, protegiendo al mismo tiempo el bienestar mental del equipo. 

Martí Ripoll recomienda tres tácticas importantes: 

  • Establece límites claros: Los narcisistas ponen a prueba los límites. Define pronto los papeles y las expectativas, mantén la comunicación centrada en los hechos y evita los desencadenantes emocionales. "Si un límite se negocia", dice, "deja de ser un límite".
  • Canalizar la ambición a través del trabajo en equipo: Ofrece a los líderes narcisistas oportunidades de brillar de modo que beneficien al grupo. Deja que dirijan las presentaciones, pero implica a todo el equipo en la preparación para compartir el éxito.
  • Proteger la moral del equipo: Cuando los líderes narcisistas menosprecian a los demás, la moral cae en picado. Los líderes y los profesionales de RRHH deben intervenir para reconocer los esfuerzos colectivos y prevenir las dinámicas tóxicas. "Tolerar un volcán desbordado no es prudencia", advierte Martí Ripoll. "Es negligencia". 

Antonio Núñez, socio principal de Parangon Partners y especialista en liderazgo y gobierno corporativo, añade: "Un líder inteligente sabe que incluso los rasgos más complejos pueden canalizarse positivamente. Si a los narcisistas se les plantean retos en los que puedan brillar sin perjudicar al equipo, su energía se convierte en un activo en lugar de una fuente de conflictos." 

El liderazgo bajo una nueva luz

En un mundo cada vez más atraído por personalidades audaces y sin complejos, puede que el liderazgo narcisista no sea sólo una moda pasajera, sino que refleje cambios más profundos en la forma en que definimos el poder, el éxito y la influencia. 

Las organizaciones deben permanecer vigilantes. Si bien un líder narcisista puede impulsar beneficios a corto plazo y generar entusiasmo con su pompa y gloria, el impacto a largo plazo en la cultura, la ética y la cohesión del equipo puede ser profundamente perjudicial. Quienes son guiados por un narcisista harían bien en recordar que su creencia de "solo yo puedo arreglarlo" es errónea.  

El liderazgo auténtico no es sólo cuestión de confianza en uno mismo, visibilidad y carisma, sino de equilibrio entre agencia y comunión, ambición y empatía. Y al final, quizá sean los que pueden navegar por ambos lados de esa ecuación los que liderarán no solo con eficacia, sino de forma sostenible. 

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